Latidos del asfalto

martes, 23 de julio de 2013

Yo, Pedro - Pedro Suárez-Vértiz




A mi tío Roger, admirador de Pedrito desde aquellos años noventa.

Quiero suponer que las personas que nacimos en 1983, o alrededor de ese año, hemos disfrutado de nuestra adolescencia con más de una canción de Pedro Suárez-Vértiz. Escuchar algunos de sus éxitos nos transportan a esa época de transformaciones y descubrimientos.

Ese fue un motivo suficiente para comprar Yo, Pedro y leerlo prontamente. Pero hay algo más detrás de las canciones que nos hacen evocar tiempos que creemos felices; está el cantante, el artista. Y Pedro Suárez-Vértiz es un artista singular, con ideas, con una personalidad franca, abierta, inquisitiva. Sobre todo, un artista que posee un espíritu sencillo y empático, que le ha permitido ganarse la amistad incondicional de miles de peruanos, peruanos quienes, justamente por las razones antedichas u otras de diversa índole, agotaron el tiraje de su libro en la reciente feria.

Yo, Pedro es desenfadado, es diverso, es religioso, discurre y gana tangentes para luego regresar al cauce original. Está escrito por alguien que ha alcanzado esa etapa serena de la vida, luego de mucho experimentar, fracasar, vivir, y que te escribe desde allí, sin pretender ser un sabio infalible. Es decir, te aconseja como lo haría tu pata. Pedrito expone sus ideas de una manera muy cool. Cuando habla sobre la ansiedad en las relaciones interpersonales, en la página 138, dice: «Si no eres ansioso, eres de los que recibirán propuestas. Los gringos le llaman a eso ser cool. Lamentablemente, no hay traducción exacta en español para esa palabra que explica tan bien el perfil de quien es estable emocionalmente.» Líneas después, como en este caso, nos dice verdades que, quienes nos hemos enamorado, o simplemente vivido con intensidad, ya sabemos o intuimos: «Quien te sepa jugar al vacío te hará extrañarlo. Y esa es la gente no ansiosa. No se debilitan como tú con su propio carácter. No se desesperan». Y, definitivamente, Pedrito se hace querer.

Si solo compraste el libro para saciar tu morbo sobre el problema que Pedro afronta actualmente, él te lo explica en las primeras páginas. Pero si lo compraste para conocer un poco más al artista que nos ha regalado un sinnúmero de canciones indelebles, puedes leer esta mezcla de anécdotas y máximas de vida en las páginas posteriores.

Pedro habla de todo, pero principalmente del amor. Uno puede discrepar de sus opiniones, pero no podrá negar que se trata de la sabiduría que te ofrece alguien muy recorrido y ducho en ese tema, alguien que posee la peculiaridad de ver la aguja en el pajar. Como nos sucede a todos luego de que hemos sufrido algún importante revés en nuestras vidas, analizamos con calma lo que hemos hecho hasta el punto actual. Sacamos conclusiones. La veta filosófica de Pedrito se muestra ahora, lúcida y serena, cool, cuando atraviesa uno de los momentos más «inesperados», según él, por su rara disartria. Al respecto dice, en la página 24: «Yo estaba preparado para todo, menos para un problema muscular que se manifestaba en el habla; jamás lo imaginé. Tomé seguros para todo, accidentes, infecciones, muerte, pero no para esto». Pero Pedro es un ganador nato, no se desanima, la vida le ha enseñado a ser cool: «No estaba preparado, pero asumí el reto y tomé la decisión de no darle ni media vuelta más. Nunca me dio lástima, nunca derramé una sola lágrima. Simplemente me lo eché al hombro y me dispuse a que nada inmutara mi felicidad de tantos años».

Son imperdibles los encuentros de Pedrito con personajes tan disímiles como Hernando de Soto, Roque Benavides y Luisa María Cuculiza. O aquel cuando conoció a Emilio Estefan, gracias a un amistoso gesto de Jaime Bayly.

Pedro es agradecido. Característica tan notable en estos tiempos de atropellos y desvergüenzas.

Pedro es un gran conversador. Los grandes conversadores son aquellos que se interesan por lo que el otro tiene que decir. Aquellos que muestran empatía. No son grandes conversadores esos que pretenden imponer sus ideas. Así transcurrió la conversación entre él y Hernando de Soto en un avión. Pedro, humilde, como un alumno, buscó la sabiduría que aquel baquiano y experimentado caballero podía darle. Así, recibió varias y útiles lecciones: «Tú habrás visto los miles de congresos y convenciones que se hacen en Estados Unidos. Bueno, resulta que muchas veces las cosas que se exponen ahí o las conferencias que se hacen no son el principal motivo por el que la gente va. Hay momentos importantísimos en esos eventos que poco o nada tienen que ver con las materias que los expositores ofrecen. Son los momentos del coffee break, las esperas en grupo del ascensor, las búsquedas del baño, los caminos de ida o de vuelta al hotel. Porque ahí interactúas socialmente con otras personas que, como tú, también han asistido a estas convenciones y generas contactos muy importantes para el desarrollo de lo que estés haciendo. […] Todos quienes van a estas convenciones son unos tontos si solo lo hacen para regresar con un certificado para colgarlo en la pared». Más adelante, De Soto remata: «Porque en este mundo hay algo tan o más importante que el know-how, y ese es el know-who».

Pedro es un tipo genuino que no estudió en la universidad para conseguir un trabajo, sino por un mero «escozor intelectual», como llama el autor a ese afán desinteresado por descubrir aquello que captura tu atención.

A ver, a continuación, y con el permiso de Pedro, extraeré de su libro algunos de las frases que me dejaron pensando. Yo, Pedro contiene muchas ideas. Puedes estar a favor de ellas o no, pero, sin duda, este libro te invita a reflexionar. Y eso se agradece. Leamos, pues, algunos fragmentos del Bob Dylan peruano, tal como lo bautizó Jaime Bayly (autor del prólogo de Yo, Pedro) en alguno de sus programas.

«Lamentablemente, el estrés siempre busca salidas rápidas, y eso solo está en los placeres: comer, dormir, sexo, shopping, cash, trago. Pero los placeres satisfacen solo por momentos. No proyectan nada. Tendrás nuevamente sueño, ganas de sexo, de comprar, etcétera. […] No hay que buscar la felicidad a través de la satisfacción, de los placeres. Hay que hacerlo a través de algo más durable: el gozo».

«Con una mujer solo funciona el diálogo, jamás la discusión. Si ella está alterada, no debe haber discusión en lo absoluto, sino solo estarías apagando fuego con gasolina. Dialogar es querer oír al otro, discutir es solo querer ser escuchado».

«Y no es que no exista la felicidad, sino que la felicidad es muy simple y elemental. Si la piensas mucho, se escurre. Una mente amplia no la ve. Siempre la deja ir. La inteligencia y el conocimiento solo te complican. “El árbol de la ciencia –le decía Dios a Adán y Eva-. Aléjense de él”.»

«Háganme caso: un taxista viejo puede saber más de la vida que un doctor en Filosofía. Pero el mundo no lo ve así y por eso está de cabeza».

«Porque, según él (Hernando de Soto), el destino tiene mucho para uno, pero hay que dejar que éste te arrastre con confianza».

«El matrimonio debe ir de menos a más, no de más a menos. Sexo y dinero se cuidan, se ahorran. La meta no son ustedes, mirarse a los ojos y tortolear, porque eso acaba en divorcio. La meta es construir, emprender, planear, amoblar la casa, soñar, sufrir por falta de plata. Eso es bello y los une intrínsecamente. Crezcan, tengan hijos, llévenlos al cole, preparen loncheras, vean tele juntos, planeen cositas nuevas para la casa, escojan de a dos.»

«Todo satura. Tanto las relaciones como la soltería. […] Pasar de una pareja a otra sin hacer espacios es un error, es sucio, es traicionero y, lo peor, no deja que uno se conozca, no deja que estés contigo a solas. Postergas el conocerte todo el tiempo, el saber quién eres, y no llegas a ningún lugar».

jueves, 18 de julio de 2013

Vergüenza Nacional: Anticuchazos y Repartijas en el Congreso

El Congreso de la República no vela por los intereses de los ciudadanos comunes y corrientes sino por los de aquellos que, parapetados tras un muro alto y grueso de dinero, pretenden controlar el poder político del país para reforzar sus antedichos muros.

Es así: la gente de dinero, aquella que está enceguecida por los fajos de billetes que cubren sus ojos, coloca en el poder a personajes fácilmente manipulables y desechables, que se venden por un plato de lentejas y les facilitan la consecución de más dinero para sus arcas. Pasa aquí y pasa en todos lados. ¿Acaso no fue William McKinley, vigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, electo en tal cargo gracias a las influencias de los grupos económicos de aquella época (fines del siglo XIX) representados por J. P. Morgan, A. Carnegie y Rockefeller?

En el Perú, una denominada “alianza partidaria”, conformada por representantes de Gana Perú, Perú Posible, Fuerza Popular y Alianza por el Gran Cambio, eligieron a personajes con oprobiosos presentes y pasados para cargos en instituciones que son sinónimas de independencia y transparencia como el Tribunal Constitucional (TC) y la Defensoría del Pueblo.

Pero estos congresistas (en general, porque cuando llueve todos se mojan. Aunque hubo excepciones honrosas, como la de la congresista Tait que, más que abstenerse de votar, declaró abiertamente y sin temor su posición en torno a la repartija que se iba a llevar a cabo), ¿a quiénes eligieron para tutelar las antedichas instituciones?

Veamos:

Los seis nuevos miembros del TC son:

Rolando Sousa

• Ex congresista fujimorista

• Buscó la anulación de la condena de Alberto Fujimori por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta.

• Fue defensor de conspicuos fujimontesinistas, como Nicolás Hermoza, César Saucedo y Julio Salazar, condenados por delitos de corrupción y contra los derechos humanos.

• Buscó bloquear las investigaciones de la Dirandro sobre las acusaciones de lavado de dinero del grupo mafioso Sánchez Paredes.

• Defensor del sinvergüenza, ex alcalde de Pucallpa, Luis Valdez, a quien se le procesó por lavado de activos.

Ernesto Blume

• Defensor del corrupto alcalde de San Juan de Lurigancho, Carlos Burgos, quien fue acusado de estafador, prepotente y un largo etcétera.

• Se ha comprobado que el estudio jurídico de Blume le brinda asesoría al municipio que malhadadamente dirige el sinvergüenza de Burgos nada más y nada menos que por medio millón de soles.

Víctor Mayorga

• El popular “Chaparrón”.

• Ex congresista: En estos tiempos, haber sido congresista, o serlo, es ya un delito, creo yo.

• Su asistente, Isidro Villa, lo acusó de irrogarse parte de su sueldo.

• Se dice que en Cusco tiene abierta una investigación por falsificación de documentos.

Cayo Galindo

• Fue asesor del actual presidente del Congreso, Víctor Isla. Eso ya es sospechoso. ¿No hubiera sido lo correcto no presentarse como candidato al TC mientras su ex asesorado fuese presidente del organismo que lo elegiría? Pero no les pidamos alguna cuota de rectitud a estos personajillos.

José Luis Sardón

• Es integrante del directorio de Reflexión Democrática, ONG que dirige Roque Benavides. A ver, ¿cómo se puede elegir a alguien que guarda relación con una parte involucrada en el sector que más problemas genera entre el Estado y la población, es decir, la minería? Se podría sospechar, y con razón, de la existencia de parcialidad en los fallos que emita este magistrado electo, en un caso minero por ejemplo, a causa de su estrecha relación con uno de los más conspicuos representantes de dicho sector. Yo no digo que no trabaje para Roque Benavides. Puede hacerlo. Está en su derecho. Pero, en tal caso, no debió postularse para un cargo que requiere de su más absoluta independencia. Yo trabajo para una empresa fundada por los Benavides y ese solo hecho me convierte, ante los ojos de la ciudadanía, en sospechoso de favorecer cualquier tipo de movimiento, legal o ilegal, que el grupo minero encabezado por dicha familia ejecute si se me eligiera como tribuno del TC. Un tipo en mis zapatos, que guarde cierto respeto por el país, no se presentaría, pues, para candidatear una plaza en el TC.

Francisco Eguiguren

• Se mostró a favor de la postulación de Nadine Heredia a la Presidencia del Perú.



Por otro lado, la nueva defensora del pueblo es Pilar Freitas, quien hasta hace poquito nomás era dirigente de Perú Posible, el partido del mitómano enfebrecido de Alejandro Toledo.

Nos mueve a la risa oír que se desligó ayer de Perú Posible para garantizar la “independencia” de su gestión como defensora del pueblo. Sí, claro.

No quiero ser moralista, porque no lo soy, y sé que nadie en este mundo es un santo, pero, estimados animales del Congreso, ¿no pudieron elegir a personas menos manchadas para ocupar los nobles sitiales del TC y la Defensoría del Pueblo?

No, no pudieron, justamente porque los flamantes elegidos resolverán en favor de sus patrones y no en favor del pueblo de mierda.

Ayer ha quedado demostrado que los faunos del Congreso, del Gobierno, Humala, y demás lacras, simplemente se cagan en nosotros, el pueblo oprimido de mierda que les da de comer.

Estos candidatos ya estaban elegidos desde hacía mucho, tal como lo demostraron los audios de la vergüenza. Bien lo dice hoy el Diario 16 (cuya lectura recomiendo para conocer más detalles sobre lo acaecido ayer): «El debate previo solo fue un ‘show’ para la televisión y la radio porque por más que los expositores se quejaron de lo que se venía, los votos ya estaban asegurados».

miércoles, 17 de julio de 2013

Hemingway - Kurt Singer



Si solo se me permitiera usar una palabra para describir a Ernest Hemingway (21/07/1899 – 02/07/1961), usaría «intrepidez». ¿Por qué?

A ver, ¿cómo se ha definido oficialmente la palabra intrepidez? De acuerdo con la vigésima segunda edición del diccionario de la lengua española, intrepidez posee dos acepciones. La primera dice que intrepidez significa: «arrojo, valor en los peligros»; la segunda, «osadía o falta de reflexión». Ambas acepciones vivieron dentro de este gigante amante de la «Fiesta Brava» y de «la mar».  

Porque hay que ser intrépido para asistir, por voluntad propia, a la Primera y Segunda Guerra Mundial, y a la Guerra Civil Española además; hay que ser intrépido para casarse más de una vez; hay que ser intrépido para haber escapado de la muerte innumerables veces; hay que ser intrépido para coger la escopeta favorita, aplicársela en la boca y apretar el gatillo, adelantando una muerte que llegaría de todos modos, pero de una manera alambicadamente dolorosa, pues padecía de cáncer a la piel.

Se lo dijo el mismo Hemingway a Singer unos meses antes de eliminarse: «Todavía estoy muy fuerte. Condenadamente fuerte. Al menos, así lo creo. Me gusta vivir ahora más que nunca. Pero si alguna vez me sintiese mortalmente enfermo, deseo acabar pronto. Mi padre se suicidó. Cuando joven pensé que era una cobardía, pero desde entonces he aprendido a enfrentarme con la muerte. Hay en ella cierta belleza, reposo, una transfiguración que no me asusta. No solo he visto la muerte, sino que soy una de las pocas personas que han leído su propia esquela de defunción. Esto me ocurrió después de mi accidente de aviación en África. Es como pescar merlines. Los merlines nacen para ser pescados. Un hombre nace para morir. Pero, mientras vive, debe hacerse lo mejor que se pueda. Vivir significa hacerlo plenamente».

Kurt Singer, en su libro Hemingway: The life and death of a giant, ofrece el retrato de un hombre que vivió para experimentar grandes pasiones. El autor iba a publicar este libro mientras el hagiografiado aún vivía. Sin embargo, la muerte de este grande de la literatura, no solo sorprendió a Singer, sino a medio mundo.

Hemingway fue un tipo sincero con su naturaleza; por tanto, su literatura debía ser tan franca y llana como él. Muy joven, huyó de casa para trabajar como periodista en el Kansas City Star, diario de Kansas City, ciudad que en 1918 era, según Singer, «una ciudad de corrupción y pecado, con más prostíbulos que Honolulú durante sus peores días. Era un ciudad donde pululaba el crimen, henchida de corrupción, y a la sazón se agitaba a causa del reclutamiento de soldados para la guerra».

En el Kansas City Star, Hemingway aprendió dos reglas básicas que emplearía en sus escritos «usar frases cortas» y «emplear un estilo brillante». Además, se debía huir del uso de adjetivos literarios como quien huye de una enfermedad. Así, «adjetivos como espléndido, maravilloso, grande, bellísimo, eran tachados con lápiz rojo». Aprendió que debía usar verbos. «Usen verbos: hay que dar acción; no adjetivos. No hay que criticar, sino ser positivos. ¿Por qué diablos hay que despistar a los lectores?».

Papá, como se le conocía también, fue galardonado con el premio Pulitzer y el Nobel.
Singer cuenta que el Nobel William Faulkner declaró acerbamente en contra de la literatura de su compatriota: «El mundo de Hemingway es limitado. No tiene valor; nunca ha dejado de arrastrarse por los suelos. Nunca ha usado una palabra que obligue al lector a echar mano del diccionario para comprobar si el término está bien empleado». Sin embargo, a Ernest le tuvo sin cuidado la opinión de Faulkner pues había escrito sus libros sin compromisos y con el estilo sencillo que siempre buscó.

Rescato el siguiente pasaje del libro, en el cual Hemingway dirige un consejo a aquellos autores noveles: «El joven autor, a causa de las enormes dificultades que halla para escribir bien, debe ahorcarse. Luego debe cortar la cuerda de un solo golpe y esforzarse en escribir lo mejor que pueda por el resto de sus días. Al menos, para empezar, ya tendrá la historia de su ahorcamiento».


Hemingway: The life and death of a giant es una obra escrita con objetividad y detalle, que nos familiariza con el legendario escritor de «El viejo y el mar» y «Por quién doblan las campanas». Singer anota: «No, el mundo no ha terminado con la leyenda de Hemingway. Continuará aumentando. Hemingway no se aventuró al matarse. Empleó una escopeta de cañón doble, con incrustaciones de plata, su favorita, especialmente fabricada para él».

viernes, 5 de julio de 2013

La lluvia del tiempo - Jaime Bayly



Cuando el lector seguidor de Bayly abre las páginas de uno de sus nuevos libros, va predispuesto a hallar personajes mediáticos tomados de la realidad, personajes que, estamos seguros, Bayly desnudará minuciosamente para ofrecernos aquel lado arcano que, por pudor o hipocresía, ellos no nos muestran. En la mayoría de los casos, parece que Bayly únicamente les cambiara el nombre a sus víctimas literarias; aunque conserva, algunas veces, las iniciales de sus nombres.

Un tanto de esto ocurre en su nueva novela La lluvia del tiempo. Podemos reconocer a los personajes que le sirvieron al autor para crear las personalidades de Alcides Tudela (Alejandro Toledo), Lourdes Osorio (Lucrecia Orozco), Elsa Kohl (Eliane Karp), Juan Balaguer (Jaime Bayly), Soraya Osorio (Zaraí Orozco), Gustavo Parker (Genaro Delgado Parker), Enrico Botto Ugarteche (Enrique Chirino Soto), personaje que rescata de su mejor novela Los últimos días de la prensa, Lola Figari (Lourdes Flores), entre otros. Los mencionados son los personajes principales de una historia que muestra que el dinero no solo compra objetos sino también conciencias, voluntades e ideologías. Todo se puede comprar con el dinero, esa es la cruda realidad.

Al leer el listado de personajes que intervienen en la historia, es innecesario especificar que ésta novelará aquel caso en el cual un candidato a la presidencia del Perú negó en todas las formas posibles la paternidad de una niña que engendró con una mujer que no era su esposa, una paternidad que venía siendo reclamada por 14 años ante los tribunales y que se hacía pública en esos momentos de agitación política.

No espere el lector hallar un relato fiel de la realidad. Bayly, si bien, como dije, emplea a personajes cuyas vidas, más o menos, nos son familiares; Bayly, decía, exacerba las personalidades del candidato mitómano compulsivo, del dueño de un canal de televisión amante del dinero y el poder, del periodista cobarde y egoísta. El autor le inventa una vida a cada uno de estos personajes, una vida que por lo disparatada parece poco creíble, pero quién puede juzgar qué es creíble o no en este mundo en el cual ocurren hechos que día a día nos sorprenden, para bien o para mal.   

Sin embargo, las últimas trescientas páginas del libro resultan falsas. ¿Por qué? Porque Jaime emplea el alter ego de personajes que son conocidos. Así el autor les haya cambiado los nombres, les haya creado otras vidas –vidas que tienen puntos de intersección con las vidas reales de sus pares de carne y hueso-, el lector no podrá quitarse de la cabeza que los caracteres que intervienen en el relato –relato basado en un hecho que sucedió hace poco, en el 2000, y que aún pervive en nuestras memorias- son reales y, por tanto, cuando repasa junto a Bayly las vidas exageradas que éste les atribuye, las encontramos falsas. Si este escritor peruano hubiese empleado personajes totalmente distintos, anónimos, otro escenario menos conocido, quizás aquellas rocambolescas vidas que les endilga a sus criaturas pudieran haber engañado a sus lectores, haciéndoles creer que aquello que cuenta es real o lo fue. 


Las primeras cien páginas son más mesuradas y, por ello, el lector cree ver en esta novela la superación de aquella que es, actualmente, la mejor novela de Bayly, Los últimos días de la prensa. Jaime no ha logrado escribir su mejor historia con esta última entrega; sin embargo, a causa de que modifica lo que realmente ocurrió en el caso de Zaraí Toledo, el lector desea llegar a la página 403, la última, para conocer qué final le da Bayly a su, por otro lado, divertido recuento.