jueves, 14 de mayo de 2026

Vicioso del óxido nitroso - "AUSSIE FLASH STORIES" Libro de Cuentos de Daniel Gutiérrez Híjar - 12

 

La primera conquista del nang fueron mis brazos. Lo descubrí en el momento en que intenté coger un pedazo de papel higiénico. No solo no pude efectuar tan simple y rutinario movimiento, sino que me asaltó un dolor horrendo en los músculos. 

Quise gritar, pero me contuve. No era la única persona en el baño; podía escuchar, a través de la puerta del cubículo, la presencia de por lo menos un par de oficinistas más.

***

Los llaman nang y contienen gas de la risa, que, en realidad, es óxido nitroso. Si lo inhalas, sentirás que las barreras que limitan tu mente se derrumban. Serás capaz de expresarte libremente y de reírte de la seriedad del mundo.

Y si te enganchas a esa sensación, tan libre de prejuicios y tan sensorialmente liviana, tu cuerpo acabará atrapado justo en las mismas barreras que creíste haber derribado. Los músculos se volverán estorbos blandengues y quejumbrosos, y el cerebro vagará entre mareos arremolinados que lo empujarán hacia una liviandad extrema hasta fijarse en un adormecimiento absoluto.

Esto último, sin embargo, no te lo voy a decir porque no lo sé. Yo solo soy un vendedor. Mi vitrina rebosa de productos y no tengo el tiempo -ni la intención- de conocerlos a todos en detalle. Mi tarea no es advertir; es vender. Así que eso último no lo oirás de mi boca. Yo solo te ofrezco el producto.

Los nangs se consiguen en algunas tiendas australianas como esta. Y, por un módico precio, puedo venderte los nangs con unos cigarrillos y unas mentas para que tu viaje sea más placentero. ¿Te animas?

***

La segunda conquista del nang fueron mis piernas. Cuando intenté levantarme de la taza, sentí un hormigueo calcinante en ellas.

Tras desistir del intento por el intenso dolor, me hundí en la taza. El trasero me quedó parcialmente sumergido en el agua sucia. No pude hacer nada para salir del atoro. Cualquier movimiento muscular, por mínimo que fuese, desencadenaba un dolor criminal.

En ese momento, atorado en la taza del water, sintiendo los bordes del agujero comprimir mis piernas y espalda, me hundía lenta e inexorablemente. Tuve todo el trasero hundido en el estercolero. Desconocía qué o quién me había dejado en tal estado de indefensión muscular. Un mareo enajenante fue la cereza del pastel.

El causante de este cuadro es el nang que has estado inhalando sin parar, me informó el doctor que me atendió y procuró los primeros auxilios en el hospital, luego de que me sacaron del atolladero.

¿Quiénes me sacaron? Los oficinistas del baño y los curiosos que se acercaron luego de que, con mis últimas fuerzas, pedí auxilio y deseé, al mismo tiempo, que toda mi vida se fuese por el drenaje de esa taza, desapareciendo para siempre.

***

La última conquista del nang fueron mis ganas de vivir.


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