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viernes, 25 de julio de 2025

Novela Peruana "Brutalidad" de Daniel Gutiérrez Híjar - Cap 26: Filetean al serrano Drácula en Italia

 


A Esteban, cuyo nombre de dibujito era Pan Con Frejol, le encantaba disparar cholos; especialmente a los que malvivían en Italia, erosionando la reputación de los peruanos en el extranjero.

Habría que aclarar que Pan Con Frejol jamás le había disparado a un cholo desde que hubo arribado a Milán hacía ya un par de años, pero sí que le fascinaba la idea de posar su rifle en el alféizar de su ventana, apuntar a la piscina municipal, y, ¡poc!, ir reventando las cabecitas de esos peruchos subversivos que solían colarse en ese pedazo de propiedad pública a elevadas horas de la noche, no dejándole descansar como se merecía un ciudadano probo como él.

Mientras veía su programa favorito en YouTube, Cuchillos Largos, conducido por el explosivo Groover Miura, tomaba desayuno y contemplaba de tanto en tanto, con fe, el rifle Remington 700 que le había comprado al Cholo Puno, orondo dueño del Mini Market El Serrano, de la via d’Agrate.

Luego de haber visto más de estas lamentables imágenes de estos peruanos zarrapastrosos, descamisados, lumpen proletariado, irrumpiendo en esta piscina municipal de Milán, a las once de la noche, con música de delincuentes a todo volumen, no puedo más que pedirle a algún patriota de bien, que también esté radicando en Italia, que nos haga el favor -y aquí me pongo como vocero de todo el Perú decente y trabajador- de eliminar a estos indeseables. Yo les aseguro, queridos cuchilleros largos, que cuando un vago, un delincuente es borrado de la faz de la tierra, el PBI del Perú sube a razón de 0.1% por descamisado eliminado. Eso es así, ah, sano estalinismo, dialéctica pura. ¡A menos delincuentes, más PBI, más inversión, más trenes de Porky, chuchesumare!

Pan Con Frejol asentía. Remojaba sus galletas integrales en la taza de café todavía humeante. No te preocupes, Viejo, yo me voy a encargar de eso.

Se fijó la hora en el celular, faltaba poco para las ocho de la mañana. Esteban nunca se perdía la misa dominical, siempre en el primer horario. Él afirmaba que Dios premiaba el sacrificio que hacía uno al despertarse temprano para ir a la misa. Esteban se consideraba la prueba viviente de ello. Siempre le iba muy bien en todo lo que se proponía hacer.

A cuatro cuadras de tranquila caminata, se hallaba la Parrocchia Sacra Famiglia, lugar al que acudía disciplinadamente todos los domingos, incluso si estaba supremamente enfermo. Si tú no hacías el esfuerzo de visitar al Padre Celestial a primera hora del domingo, aun estando enfermo, ¿cómo querías luego que Dios hiciera algo por ti? Pensaba Estaban que decía Dios para sus adentros: Estebancito fue a mi casa con los mocos chorreándole por la cara, la fiebre quemándole la frente, el cuerpo tronado por mil y un espasmos. Claramente se merece toda mi bendición.

Entonces, vio a Drácula. Lo acompañaban una collera de peruanos, todos varones. Estaban hechos mierda por la borrachera de un sábado desenfrenado. Brindaban haciendo chocar botellas de cerveza en lo alto de sus cabezas. Reían malévolamente. Soltaban escupitajos en las veredas mientras avanzaban en zigzag por la acera opuesta a la de Esteban y en dirección contraria a la de él. Iban vestidos en calzoncillos largos, como de abuelo, húmedos, chorreando lascivia y descontrol, completamente ignorantes del mínimo respeto al sagrado domingo de oración. Habían estado bebiendo y chapaleando en la piscina municipal toda la madrugada.  

Esteban no se detuvo a mirarlos. Se persignó e imaginó a su Remington tartamudeándoles sus efectivos perdigones mortales en la chimba. Uno por uno, Viejo Groover. Se lo prometo. 

***

Drácula era un serrano que vivía en el barrio milanés de Corvetto, en Italia. No chupaba sangre, pero sí chela, trago o cualquier bebida que tuviera más de cinco por ciento de alcohol. Sin embargo, su stokeriano mote no nacía de esa cualidad etílica suya tan característica, sino de la dentadura que ostentaba, compuesta por unos dientes aserruchados, amarillentos, y un par de colmillos que sobresalían y asustaban la primera vez que se los veía.   

El poco tiempo que llevaba viviendo en Italia le fue suficiente para llegar a sentirse a sus anchas, tal y como si estuviese aún jaraneándose en la esquina de su barrio en Huancayo, ciudad peruana ubicada por encima de los tres mil metros sobre el nivel del rico mar de Grau.

Llegó a Italia huyendo de la justicia peruana y de una manada de gente indignada y dispuesta a pararlo de cabeza para después rompérsela. Dicha gente había sido estafada por Drácula con el manido, pero infalible cuento de la pirámide. Ustedes me depositan mil dólares y, al cabo de dos meses, tendrán ingresos mensuales por el doble de esa cantidad, siempre y cuando jalen a más personas que también me depositen sus mil dolarillos y así nos hagamos todos ricos en poco tiempo. Las primeras doscientas personas que me depositen a mi cuenta ahorita, al toque, sus mil dolaritos, entrarán, no solo a ser parte de mi organización, sino también al sorteo de un pasaje a Dubái, con los gastos del hotel incluidos y un tour por las pirámides y momias de esa tierra linda, dijo Drácula, haciendo un sancochado entre Egipto y los Emiratos Árabes, vestido con el terno que le había pelado a un tío suyo, y encaramado en un estrado levantado en el centro de una losa de fulbito. 

   En Italia, halló la complicidad que un delincuente como él requería en varios paisanos suyos dedicados al oficio de ganar dinero de modos bastante directos, aunque no exentos de cierta violencia.

Pero él ya no estaba para seguir robando, mucho menos cogoteando o amenazando transeúntes con un pistolón. Él ya había juntado lo suficiente con su estafa piramidal para permitirse una vida descansada en Milán. Así que, si bien era considerado parte de las bandas criminales de sus compañeros, y conocía al dedillo los detalles de sus próximos golpes, solo se les unía para la parte final del plan: la celebración desenfrenada.

Muy fácil hubiese sido comprarse un gran departamento e invitar a su collera a juerguear interminablemente. Sin embargo, ello lo hubiese convertido en el blanco de las envidias de sus amigos cacos y en la próxima víctima de sus golpes. Por ello, prefería mantener un perfil casi subterráneo. Ante la curiosidad de sus coterráneos sobre el motivo por el cual no se les unía en las operaciones, él les decía que ya había cumplido sus buenos años en las cárceles del Perú, y no quería repetir ese agrio sabor en Italia. Y si vivía sin trabajar, era porque, gracias a Dios, hermanos, me compré un departamentito en mi tierra y vivo de alquilarlo. Ahorren lo que roben. No se lo tiren todo, les aconsejaba en medio de las espectaculares borracheras que se permitían luego de finalizar un atraco exitoso.

 El calor en Milán, en esa época, les ponía a sudar los huevos de manera tal que se sentían meados, la entrepierna húmeda, babosa, pegajosa. El robo de un banco, las cabezas cubiertas por gruesas máscaras de látex que representaban a los presidentes peruanos más rateros del presente siglo, Castillo, Toledo, García, Fujimori, los dejaba, al concluir el golpe, al borde de un desmayo. Urgía zambullirse en una piscina de frescas aguas en donde pudieran deshacerse de aquel sudor que los remontaba a sus épocas de pobreza en varios arenales del Perú, tierra añorada, cuando apenas si soportaban las miserables y emotivas vidas que Dios les asignó.  

Si te ganabas la vida violando las leyes, apropiándote de lo ajeno, era consecuente disfrutarla bajo ese mismo concepto, por eso, a Drácula se le ocurrió la genial idea de adueñarse brevemente de la piscina municipal Solari del barrio de Sant’Agostino. Así, empezaron a irrumpir en aquel lugar, entre las once y las doce de la noche, trepando por las rejas enmohecidas con la misma facilidad con la que les arranchaban las carteras a las japonesas que llegaban a turistear con la boca abierta.

En las aguas de esa alberca, se permitían, sin que ninguno lo confesara abierta ni veladamente, soltar largos y calientes meados que le daban al líquido que los albergaba con sus juguetonas masas una temperatura no tan fría que les arrugara el escroto. Y es que, en medio de tan sabrosa juerga, en donde tanto las botellas de cerveza por consumir cuanto las que ya habían sido completamente absorbidas flotaban en el agua y eran parte del vaivén liberador de las ondas, ¿quién chucha iba a tener el tiempo, mucho menos las ganas, de salir de esa ricura de piscina y caminar, con el consecuente peligro de resbalarse en las mayólicas y reventarse la cabeza, hasta el baño para orinar o cagar?

Había que ser muy cojudo para hacer eso. Y ninguno de los amigos de Drácula, ni él mismo, por supuesto, tenía nada de imbécil. Solo tipos audaces, vivísimos, escurridizos y paradores como ellos podían mantener a Milán sojuzgada con la solidez y desfachatez de sus criminales golpes.

Afortunadamente, la piscina Solari era inmensa. Drácula le calculaba el área de un campo de futbol. Entonces, la solución del asunto higiénico se tornaba simple. Si deseabas mear, sin dejar de hablar o bailar o chupar, ahí, en tu mismo sitio, pishhhh, te chorreabas. Las aguas amarillentas que afloraban desde abajo eran difíciles de detectar en plena madrugada milanesa. Y si lo que querías era soltar un buen mojón, esperabas a que todos estuvieran lo suficientemente borrachos y drogados para bucear hasta la esquina más alejada de la piscina y una vez ahí, bajarte el short, y hacer lo tuyo. Al terminar, con la misma mano te restregabas el ano y ya el agua se encargaba de limpiarte la mano y el culo. Qué delicia era la piscina Solari. Lo mejor era que la piscina siempre estaba lista para ser disfrutada tan limpia como cuando la asaltaban cada fin de semana. Los señores de mantenimiento -qué esforzados y puntillosos caballeros- solían hacer un trabajo fenomenal.

Pero les faltaba mujeres.

Los amigos de Drácula no se juntaban con peruanas. Si estaban en Italia, ¿cómo diablos se iban a cachar cholas? No hay forma, decían, repitiendo la cojuda tendencia apitucada para negar la ocurrencia de algo. O se tiraban europeas o nada. Mientras tanto, seguían organizando y disfrutando las juergas entre ellos mismos.

Mas esa madrugada de aquel sábado, Drácula y sus compañeros hallaron en la piscina a unas cinco rubias, delgadas, de senos pequeños, cónicos, pero de pezones gruesos como gomitas de ositos, la espalda huesuda y algo de pulpa en los muslos; el prototipo cadavérico de la belleza europea.

Al verlas, Drácula se puso fierro. Sin tratar de disimular la enhiesta pichula que apuntaba hacia arriba por debajo del short, se acercó a las mujeres y, en su mejor italiano, les propuso compartirles sus bebidas. Las muchachas aceptaron de buena gana, aunque sin demostrar ningún tipo de angurria. Drácula supo que esa noche no solo excretaría las consabidas dosis de pichi y caca, sino que también dejaría en la piscina generosas porciones de semen.

Lo que Drácula no se imaginaba ni remotamente era que un tipo, quien en las redes sociales se hacía llamar Pan Con Frejol, apuntaba el colérico ojo de su Remington 700 hacia sus amigos, indeciso sobre a quien darle primero, como diría Rubén Blades.

***

Más que el hecho de descubrir a su novia italiana copulando fieramente con un congolés, lo sorprendió la longitud y el grosor portentosos del arma del moreno.

El africano, que se llamaba Claude, volvió a meterle la pinga a la mujer luego de ver que el marido de esta no representaba amenaza alguna para nadie. La mujer, muy confiada en la autoridad que imponía el moreno, reanudo la cabalgata con más fruición con la que había iniciado sus movimientos pélvicos hacía menos de una hora.

De una ligera patada, el congolés cerró la puerta del cuarto en las narices del traicionado, quien era peruano, de nombre Alan, y apelativo Robotín, con el cual participaba ocasionalmente en el programa Cuchillos Largos, transmitido en simultaneo por Kick y YouTube, y dirigido muy atinadamente por el veterano y desaforado streamer Don Groover.

 ¿Y la perdonaste, huevón?, se indignó Groover, mientras se rascaba los testículos. La penosa enfermedad que le iba descontando los días se había ensañado con sus colgajos de una manera ponzoñosa. Desde hacía un tiempo ya no podía vivir sin rascuñarse las bolas. Por ese motivo, lo despidieron de su trabajo en una cafetería de Newark, en los Estados Unidos. Fue sorprendido preparando un triple con la mano con la que acababa de apretarse un grano de pus en el huevo derecho. Afortunadamente, las ganancias que le reportaban sus picantes transmisiones le permitían vivir dedicado al noble oficio del streaming.

Claro, Viejo, dijo Robotín, quien había huido a Italia hacía un par de años, desmarcándose de una constelación de iracundos acreedores en el Perú. Es rubia, pes. ¿Cuándo chucha un peruano feo como yo ha estado con una rubia? Y no es cualquier rubia, Viejo. Es europea, flaquita, misma modelo de Victoria’s Secret; rubia firme, pe, Viejo.

Pero te había hecho cachudo, pues, huevón. Te agarró de Torito de Pucará. Esas deslealtades nunca se perdonan, tío, vengan de donde vengan. ¿Te estás dando cuenta de las baboserías que estás hablando?, enfatizó Groover, chupando furibundamente su cigarrillo electrónico de cannabis. La fumadera de esa hierba le aplacaba contundentemente la picazón testicular.

Me llega al pincho, Viejo. Además, me sacó la vuelta con un extranjero. Y eso se lo puedo perdonar. Por último, no es que haya tantos congoleses en Italia. Por eso, sé que no volverá a pasar. Ya se dio el gusto. Solo me queda trabajar el doble de turnos en la fábrica para tenerla contenta comprándole sus vestidos, mandándola a la manicura y a la pedicura o manteniéndola a la moda con los peinados que son tendencia en TikTok.

Sí, para que se la cache otro negro después, carboneó Groover.

Mira lo que hablas, Viejo. ¿Ya ves?

Claro, pe, huevón. Yo solo estoy sumando dos más dos. El que monta, manda. Oye, y ¿qué pasaría si a tu mujer no se la cacha un extranjero sino un peruano? ¿Qué harías si la encuentras cachando, digamos, con… Drácula, el honorable huancaíno que está dejando el nombre de nuestro Perú por todo lo alto allá en Milán, chupando en los parques, rompiendo botellas en las cabezas de quienes como él han ido a robar a Europa, meando y defecando en las familiares piscinas públicas italianas?

No, pues, Viejo, no te pases. Cómo vas a decir esa huevada.

Pero estás enterado de que a ese señor le encanta mear y cagar en las piscinas mientras chupa con su collera de descamisados, ¿no? Acá, en el canal, hemos pasado un par de videos del señor convirtiendo una piscina municipal en su mingitorio particular. Puta, tío, esas imágenes se podían oler.

Sí, sí he visto, Viejo. Qué asco, la verdad. No, pues, mi hembrita jamás se fijaría en ese serrano motoso.

Puta, pero ponte en el escenario de que te los encuentras cachando. Sígueme el juego, pe, chuchetumare. Tienes que darnos chow. ¿Qué chucha harías si sorprendes al serrano de Drácula clavándole su olluquito a tu gringa?

En ese caso, Viejo, te juro que yo lo macheteo al serrano ese. En casa, tengo un machete que compré como medida de protección, ya que hay mucho peruano que te entra a robar en cualquier momento de la madrugada. Puta, yo agarro mi machete y lo fileteo a Drácula en una; sin pensarlo. Lo dejo como carpaccio de charqui.

Entonces, voy a rezar para que te lo encuentres cachándose a tu mujer, Robotín, porque nada me agradaría más que saber que ese serrano inmundo ha abandonado este plano terrenal. Esa sería una noticia formidable.

Días después de esa premonitoria transmisión, Alan, o Robotín para las redes sociales, encontraría a su mujer sentada a horcajadas sobre el olluco más o menos cumplidor de Drácula, ambos balanceándose como las aguas de la piscina que tenían al lado, enceguecidos por una paleozoica pasión fogoneada por el irrestricto consumo de alcohol.

Mientras Robotín corría a casa en busca de su machete, su mente solo podía concentrarse en el momento en que le encajaría el primer machetazo a Drácula. ¿Dónde darle primero? ¿En la cabeza, en la espalda, en un brazo, en una pierna? Corría y corría y no veía las horas de estar de regreso en la escena del engaño, con el machete empuñado, presto a hacerse respetar, tal cual lo hicieron los cubanos en la batalla de Tienda de Pino de Baire, en 1868, contra una columna española compuesta por más de setecientos hombres dispuestos a aguarles el sentimiento independentista y de rebelión. Los cubanos lograrían la victoria gracias al diestro uso de sus machetes. A esa batalla también se la llegaría a conocer como La Primera Carga al Machete.

***

El primer machetazo prácticamente rebotó en su espalda, una espalda forrada con una piel dura, piel de indio, de indio peruano del Perú en Italia, perdonen la tristeza.

El segundo le hizo un surco largo y espeluznante que rápidamente se tiñó de un rojo oscuro y brillante, un rojo que salía de las profundidades de esa piel que más parecía la frazada de un preso.

El tercero se alojó, con la presencia contundente de un galán de telenovela peruana, en la mitad de su espalda, sin haberle pedido el permiso respectivo a la columna vertebral, partiéndola más bien, drenándole todo el zumo vital.

La mujer reconoció en los ojos del marido el furor de una venganza ancestral y Drácula no tuvo más opción que desfallecer lentamente, cayendo al suelo con los ojos abiertos por la desesperación y la curiosidad de saber quién chucha lo acababa de madrugar de esa manera y por qué, por qué a él, que solo vivía para gozar sin hacerle daño a nadie.

El furibundo cachudo de Robotín todavía quería continuar dándole al machete. No se había tomado en broma aquello de filetear a la escoria de Drácula, con mayor razón al comprobar que era efectivamente él quien le había inoculado el virus del amor a su italiana. Y muy bien le hubiera partido el cráneo con su arma montaraz de no haber sido por el indubitable y elegante proyectil que le entró por uno de los parietales y le salió por el otro. 

La figura desconcertada y ya ida de Robotín cayó pesadamente en la piscina, que lo recibió con todos sus orines y heces peruvianos, en tanto que el cuerpo tasajeado de su rival, Drácula, se deshacía, sobre el borde de la alberca, en malcriados hilos de sangre que iban a parar a las aguas en las que hasta hace pocos minutos había estado orinando, cagando y copulando, en ese orden.

Entonces, llovió en Milán. Llovió bala. Desde la ventana desconocida de un edificio inubicable, decenas de proyectiles viajaron veloz y desesperadamente hacia alguna de las cabecitas peruvianas que corrían en círculos, despavoridas, o que se lanzaban a las aguas mierdosas de la piscina para no ser encontrados jamás.

Las europeas no tuvieron problema alguno en abandonar aquella sacramental escena, ya que las balas tenían una altísima consideración por su alba estirpe.

***

Fuera de bromas, dijo Groover en una emisión de su canal Cuchillos Largos, en su sintonizadísimo programa Peruanos Notables en el Mundo, espero que no le pase nada al serrano de Drácula. Hace unos días, lo reconozco, me extralimité deseándole una muerte lenta, dolorosa y llena de mucha sangre, pero, luego de haber parlamentado con mi musa, la cincuentona arrecha de Penélope Mamaranta, y luego de haber cantado con ella huaynos huancaínos en el programa de su canal de YouTube, Desafinando con la Maridona, reflexioné y recojo ahora mis pasos verbales, camaradas.

Groover le pegó una deliciosa inhalada a su cigarrillo de marihuana y continuó elaborando grandilocuentemente sus disculpas.

Serrano, te mando hasta Italia mis más sinceras disculpas. Y, como para no contradecirme del todo, te deseo una buena muerte, pero no ahorita, serrano, no te preocupes, porque como decía el buen Vallejo: siempre nos gustará vivir para siempre, así sea de barriga, ¡tanta vida y tantos años! Es cuanto.  


viernes, 4 de abril de 2025

NOVELA PERUANA "BRUTALIDAD" de Daniel Gutiérrez Híjar - Cap 11: Soldando caderas; defecando en vivo

 


Ya me enteré que encerraste a tu señora madre en un asilo, chico. ¿Qué procede?

¿Que procede de qué?, se defendió Groover. Lo que yo haga con mi madre no es asunto tuyo. Tu asunto es pagarme mes a mes el alquiler. Es más, continuó, echándole una mirada a su reloj, ya estamos a dos días de fin de mes. Ve preparando mi plata.

Justo de eso te venía a hablar, chico, dijo Eleodoro, el cubano, inquilino de uno de los dos cuartos que Groover arrendaba y con los que se proveía unos cuantos centavos muy necesarios. No te voy a poder pagar la renta este mes, chico.

Groover zanjó el tema rápidamente: Bueno, ya tú habrás leído el documento que yo mismo les entrego a todos los inquilinos que he tenido. En ese documento claramente está escrito que, si no se puede pagar una renta, se paga al siguiente mes la renta actual más la atrasada con el treinta por ciento de interés. Así que el próximo mes me cancelas lo de ese mes más este mes que no vas a poder pagarme y el treinta por ciento adicional. Así de simple, dijo Groover y se dispuso a cerrar la puerta de su departamento.

No, chico, replicó el cubano metiendo la mano en el menguante resquicio de la puerta para evitar que se cerrara. No me has entendido, chico. Tan fácil no es la cosa.

Yo la veo muy fácil, dijo Groover, tajante, volviendo a extender la puerta para plantarse firmemente ante el cubano.

No, pues, chico, es que no me entiendes. No te voy a poder pagar ni este mes ni el otro ni el próximo. Al menos, me tendrás que esperar unos cinco meses, calculo yo. Lo que pasa es que luego de ese tiempo puede que me salga un negocito, y entonces ahí te pago tus intereses y todos esos costos tramposos de tu contrato.

Groover no podía creer la desfachatez del tipo.

Oe, compare, dijo Groover, ya furioso, yo no te voy a estar esperando tu gana o tus negocios. Si no me pagas en dos meses y con los intereses estipulados en el contrato que firmaste, te voy a echar a la migra y ahí te quiero ver. Tú haz lo que quieras. Si no me pagas, ni te molestes en tocarme la puerta. Ya las autoridades se encargarán de hacer su chamba. Groover retomó la acción de cerrar la puerta, pero el pie del cubano, clavado en el umbral, se lo impidió.

No, hermano, eso no va a ser así. Si no te acomodas a mis tiempos, entonces ahora mismo te denuncio por haberte adueñado de las propiedades de tu madre y por haberla mandado a un asilo en contra de su voluntad, amenazó tranquilamente el inquilino.

Groover si rio en su cara. Anda nomás, hijito. Aquí voy a estar esperándote, a ti y a la policía.

El tipo aprovechó un descuido de Groover, quien había creído que con su sola impertérrita actuación había hecho recular al demandante, para ingresar a la fuerza en el departamento. Con su manazo de negro balsero, amortajó la boca de Groover y de un certero rodillazo en el estómago lo dobló. Tras ver a su arrendatario disminuido e indefenso, el cubano se bajó los pantalones. Ahora vas a saber lo que es bueno, acotó.

Si no juegas según mis reglas, añadió mientras le despojaba los calzoncillos a un apenas consciente Groover, te voy a hacer esto muy seguido, chico. Así, sin ningún prólogo amoroso o tierno, Eleodoro hizo que Groover empezase a gemir, tal cual lo hacía en las trasnochadas de su programa “Cuchillos Largos”.  

Al cabo de una media hora de gemidos y palmadas en las nalgas, la tortura que, en ciertos momentos, Groover no podía mentirse a sí mismo, fue más bien placer culminó. Groover quedó tendido en el suelo de la salita de su departamento. Apenas podía oír el rumor de los bocinazos en las afueras.

Ya lo sabes, chico. Si me he enterado que me has denunciado por no pagarte la renta o por haberte dado un poquito de mi amor, te lo voy advirtiendo desde ahora, volveré a partirte el culo.

Tras decir eso, se marchó.

Varias horas después, con las fuerzas algo recuperadas, Groover intentó moverse, pero el dolor que partió su alma y provino de sus caderas lo detuvo. ¡Carajo!, pensó, angustiado: me quebraron las caderas. Tras acopiar varios kilos de energía, se arrastró hasta alcanzar su celular que, en los forcejeos perpetrados por el cubano, había salido disparado hacia otro punto de la sala. Llamó al 911. Pidió ayuda. Me rompieron las caderas. Ayúdenme, por favor, dijo y exhaló el último hálito de consciencia.  

***

Marly es un tipo que necesita atención, dijo Cambrito.

¿Sí?, dijo Román, su tío peluquero, quien, situado detrás de él, se la embocaba.

O sea, no es un tema que tenga que ver con el dinero, porque su hermana se lo provee a manos llenas. Él mismo lo ha dicho en todas sus intervenciones, dijo Cambrito. Es un tema, me atrevería a barruntar, de identidad. Es decir, el tipo no sabe qué hacer con su vida.

¿Pero no era cocinero? ¿No se dedicaba a la cocina? ¿No era un gran chef?, preguntó Román, que enfocaba la mayor parte de su atención en empujarle los intestinos a su sobrino.

Sí, pero es inconstante. Está un rato cocinando, luego se aburre y dice que quiere recorrer Australia. Se compra o le regalan o no sé una combi y nunca la usa, y ahora se le ha dado por aprender a soldar. Pero siempre está pregonando todo lo que hace en sus intervenciones en el canal de Montes o en el que se ha abierto recientemente. O sea, hace las cosas para que los otros nos hagamos una idea de él, la idea de un tipo exitoso. Pero, en realidad, es un pobre huevón. Da pena. Da asco, a veces. Es tan pobre que lo único que tiene es dinero, sentenció Cambrito.  

Dices unas cosas muy elevadas, sobrino. Por eso te tengo aquí, aquí, dijo Román y procuró que su sobrino sintiese la cabeza de gato. ¿Y cómo es eso de que ahora está aprendiendo a soldar? Porque yo he sido soldador, sobrino. Me gané la vida soldando varios años antes de descubrir que mis manos tenían el prodigio de arreglar cabezas, de cambiar vidas.

Sí, se ha metido a soldar. Como te digo, estimado tío, ese Pelao Cabeza de Gampi no sabe qué hacer con su vida. Se siente inferior y por eso necesita mostrar las cosas que hace o logra con dinero ajeno para llenar el vacío de su discurrir vital. Si no muestra, no existe. Y ese es su calvario. Busca atención porque, en realidad, no es nada ni nadie en la vida, a diferencia tuya o mía.

El tío le imprimió más saliva al miembro para que este siguiese resbalando con suavidad en las profundidades de su dilecto sobrino.

¿Y tú que eres sobrino? No te subas al coche de las que hemos logrado ser alguienes en esta vida. Porque yo sí soy una coiffure que se respeta y muy decente. ¿Y tú?

Yo, yo,…, tartamudeó Cambrito. Bueno, yo no soy nada al igual que el Pelao. Solo que no tengo plata para hacer las huevadas que él hace. Si tuviera a alguien que me diese plata, créeme que la invertiría muy bien. No haría huevadas y desaparecería del mundo de la Brutalidad. Pero debo reconocer que también me gusta llamar la atención. Me gusta que la gente hable de mí y que se me nombre. Por eso siempre le pido link al Viejo para parlamentar con él en su canal, en su programa “Cuchillos Largos”. A pesar de que me ridiculiza y me minimiza, es el único modo que tengo de ser visto y escuchado, de que la gente sepa que al menos leo y expongo mis ideas con un vocabulario excelso.

Eres una cagada, sobrino. Tu vida es una basura. Si no fuera porque me procuras ciertos placeres, no te clavaria ni el perro. Pero te concedo que tienes madera de sociólogo. Estoy muy orgulloso de ti.

Mira, ya va a empezar el programa del Viejo. ¿Con qué locura nos saldrá ahora el Viejito Lindo? De repente, me deja entrar. Le voy a pedir link a ese enfermo psicopático, dijo Cambrito.

Oye, ¿pero tú no dices que ese viejo está loco y que es un caso clínico grave? Ahorita mismo lo acabas de confirmar. ¿Por qué entonces te gusta verlo y por qué entras en su programa y por qué cuando te bota como perro quieres volver a entrar? No te entiendo, sobrino, dijo Román, empujándosela esta vez con furia. Cambrito, sin embargo, no gemía. Era estoico como el Profe Puty.

Porque, ya te lo expliqué, querido tío. Ya te hice una exégesis. Porque necesito que la gente vea que soy un tipo culto. Si no hay camarita encendida, entonces ¿cómo se entera la gente de mi verbo florido? ¿Y cómo lleno este vacío existencial mío?

Yo te lo voy llenando con mi morcillón; no te preocupes, dijo Román y, ¡plaj!, le hizo sentir su humanidad entera como nunca antes.

***

Viejo, dijo Eva. Voy al baño un rato. Me estoy cagando. Llevaba más de dos botellas de vino encima. Ese era el limite de su cabeza para el trago. Por ello, su vocabulario, de común sosegado, estaba ahora salpicado de lisuras aquí y allá.  

Groover era pragmático: le pagaba a Eva para que se emborrachase en vivo.  

Ya, pero no te demores. Sin ti, se me caen las vistas, dijo Groover, quien, en el decurso de su show televisivo, solía conversar con Eva sin guardarle un mínimo respeto. Era común que la llamase bruta, puta, desgraciada, maldita entre otros oprobios de similar jaez. Eva, a cambio del dinero que recibía de él por participar en el programa, aceptaba con resignación su rol. Ella vivía en un cuartito muy humilde y muy estrecho. Sus ideas comunistas la habían llevado a la catástrofe económica.

La cámara de la computadora enfocaba directamente al bañito donde hacia sus necesidades. Los televidentes podían ver cómo Eva se despojaba de sus prendas y se sentaba a cagar.

Groover, excitado, hizo zoom y empezó a tocarse. Sí, Evita, sí, gemía, así, bótalo todo, eso, eso. Y cuando se oyó el sonido del tronco cayendo al agua del wáter, Groover pegó un brinco en su asiento y eyaculó. Así, así, bótame más caca, Eva, vamos, tú puedes, hazlo por tu Groover, por tu Viejito Lindo.

Los comentarios de sus seguidores se mostraban horrorizados. Le indicaron a Groover con urgencia que expectorase a Eva de la transmisión. Viejo cojudo, sácala del vivo. La idiota no se ha dado cuenta de que su cámara da al baño. Algo de indulgencia y buenas costumbres quedaba, a modo de fino sedimento, en las almas de los consumidores de la Brutalidad.

Sin embargo, Groover, inmerso en la contemplación de Eva, de su culito de araña, de sus piernas delgaduchas, ignoró las demandas. Continuó zamaqueándose el pene para lograr otra eyaculación: Así, así, dame más caca, Evita, me como tu caca, Evita, yo siempre te ame.

Cuando Eva procedió a limpiarse el trasero, Groover lamentó que el zoom de la cámara estuviese al máximo y no pudiera captar más detalles del proceso. Eva tomaba un cuadradito de papel y limpiaba su suciedad.

Groover no tenía cómo saber que, dos días después, el destino castigaría su blasfemia voyeurística enviándole a su inquilino cubano para que le rompiese las caderas.

***

Soy yo, Viejo, dijo el Tío Marly, ahora sí me voy con todo.

Groover había sido llevado de emergencia al hospital más cercano para ser tratado con urgencia. No podía caminar. El cubano, con su tremenda chala, le había quebrado las caderas. Ahora, medio consciente, veía ante sí al mismísimo Marly, su feroz enemigo en las redes sociales.

Mira, Viejo, me dieron mi título de soldador.

Se le veía muy feliz. Había logrado terminar algo en la vida: ya era soldador. Sí, aún carecía de experiencia, pero por algo se empezaba. A pesar de la falta de trabajos aplicados en su curriculum vitae, el primer ministro de Australia decidió enviarlo a Estados Unidos como líder del personal médico del programa de intercambio sostenido con dicho país. El Primer Ministro había dicho: Ese Trump está bien huevón si cree que nos vamos a quedar de brazos cruzados ante el aumento del 50% en las tarifas de exportación de nuestras mejores carnes australianas. Yo les voy a mandar la ayuda médica que necesitan, carajo. Marly había sido enviado en calidad de experto en soldadura de uniones óseas.

Te voy a soldar las caderas, Viejo, dijo Marly e hizo chispear su máquina soldadora.

Groover estaba calatito, las caderas rotas expuestas.

Marly miró al doctor: Usted dígame a qué hora procedo, doctor. Estoy listo. Me voy con todo.

Ya, cuando gustes, dijo el doctor. El paciente está listo.

Marly se caló la careta protectora y se acercó temerariamente a los huesos expuestos de Groover. Trató de recordar lo que el maestro le había enseñado cuando él, en lugar de prestar atención, hacía programa en su canal de YouTube. Ni siquiera fui capaz de entender las huevadas más básicas que decía el profe, se lamentó.

Vamos, operario, proceda, alentó el doctor. Demuéstrenos que el personal australiano es el mejor del mundo.

Groover, con mucho esfuerzo, protestó: Que no me toque, doctor, que no me toque ese huevón.

Calla, Viejo, cojudo, dijo Marly. Y alentado por el desprecio de Groover, le colocó las pinzas calientes en la boca. A ver si así se te quita lo soplete.

El doctor empezó a transmitir tan magna operación en su canal de YouTube cuando, de pronto, se atolondró: el Pato había empezado a llenarlo de bots.

Marly, extasiado, prorrumpió: Fue él, fue él, doctor. Groover le está mandando bots, dijo, señalando al paciente. Groover les manda bots a todos los canales de Youtube porque es aprista y es envidioso.

El doctor se quedó en una pieza. ¿Era esto un sueño o era realidad? Estos australianos sí que saben hacer su chamba, concluyó.  


domingo, 29 de octubre de 2023

POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Montañas de mineral

 


Un ferrocarril tendido sobre huesos

 

Caminos elaborados con alquitrán de sangre y carne

 

Toneladas

            montañas de mineral

llegan a manos miserables que beben hasta el amanecer jugando cacho


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Voladuras

 


Ojos que no han de cruzarse nunca en cuerpos oscuros que van adelgazando hasta colapsar

 

Noche que crece en lo profundo de tu alma mientras se pierden ríos de dolor en madrugadas de recuerdos

 

En las honduras de la mina de mi silencio

hay pequeños valles que ansían reír

que aún no han sido alcanzados por las tinieblas de las voladuras


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Minero mísero

 


Minero mísero de alma

Minero rico en oro

Alabarte quiero

Cantarte la felicidad de tener harto billete y quemar tristezas como quien adora tu vientre Jesús

 

Minero pelotero

Hay tantas formas de gozar la vida y tú solo conoces una

La de medir el horizonte con aguaceros de noches sin freno y días sin atardeceres


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Charla de seguridad

 


Que la Muerte venga pronto

            que me libere de estos trabajos

 

Martirios

abreviados de felicidad

desaparecen en medio de fríos sueños cuando río un minuto en este bosque de piedras

 

Quejas que son astros retirados en las más altas punas y que jamás son contestadas ni complacidas

 

Vida oscura la mía

vida sin nombre

            sin relumbrón

sin un viento fuerte que me sacuda

 

Que la Muerte venga pronto

que me libere de los trabajos de sombra a sombra

que me exima de las chacharadas charlas de seguridad


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Kilométrica metamorfosis

 


Metamorfosis telúrica forjada en alegres cánticos subterráneos

 

Oro y corazón unidos en el repiqueteo de las jacklegs y los estallidos de dinamita

 

Canción triste que recorre las orillas de tu abrazo en familia allá a tres mil quinientos ochenta y ocho kilómetros


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Rojo y negro

 


Eres picaflor cuando bajas de la mina

Apurado

            cargado

repleto de ansiedad

 

La primavera bulle en tu cuerpo

Eres todo risas y dispendio

La cerveza fluye porque eres el dueño del mundo

 

Bajas de la mina con el alma a lo Rojo y Negro

Y subes pobre a lo Oliver Twist

¿Acaso la plata no era sinónimo de felicidad?

Eres principio y final de una rueda que no deja de aplastar tus ilusiones  


sábado, 28 de octubre de 2023

POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Huamaní

 


Condor devenido en peón

Orea el sahumerio de plata que llegará hasta el reino de Dios

Para que cuide del baúl de tus tesoros

Y te proteja de la ira del Huamaní


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Creación del oro, la plata y el cobre


 

Una vieja canción cuenta que la Luna y el Sol eran amantes imposibles

 

Al comprobar lo quimérico de su amor

            el Sol lloró gotones de oro

la Luna torrentes de plata

Y la cordillera de nuestro Perú

pegándola de Ña Catita

Ocultó aquellas lágrimas en su regazo

 

¿Y el cobre?

El cobre es el llanto del cóndor a quien le explota el corazón al ver la pobreza de los indios que se matan por los productos del amor irresoluto de sus astros amigos


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Madre muerta

 


Mutilada tierra

quedaste vacía y vejada

llorando tus recuerdos de gloria

 

Se aprovecharon de tu compasión

de tu bondad

Les permitiste arrebatarte las entrañas

el útero

Quedaste infecunda para toda la vida

Y ni siquiera piensas en revancha

Por el contrario

les deseas prosperidad

pero no sabes que

para los indios

la prosperidad es un cuento que de niños nunca les contaron


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Tesoros del corazón

 


Joya del ande

Consuelo y esperanza

Sollozos en lontananza

Una canción triste fascina con dulzura

La rudeza del interior revela

incomparable

los tesoros robados al corazón


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Lámpara

 


En el corazón de las cordilleras

titila una lámpara que alumbra horas de pesar y calienta cuerpos suspirantes

 

En cada rincón

las penas engrosan los ruidos de winches y camiones que me pasan rozando las vestiduras

amenazando con arrebatarme las ilusiones


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Metal de voces

 


Metal de voces que son síntomas de salud interrumpida

 

Voces que crean profundidades

            que rompen masas

que ordenan broncos estampidos

 

Estampidos que son la felicidad de todo un pueblo

 

La naturaleza de su oficio es un percance que las iglesias no bendicen

pero gozan


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Minero condenado

 


Manos agrietadas empuñan la barreta y taconean la dinamita

fijos los ojos en el futuro

fijo el recuerdo en el pasado

tembloroso el concepto presente de plegar una oración al Señor para que mis hijos no se queden sin padre

 

Minero condenado

minero de preciosa sangre

ruega por tu pueblo que muere en la cruz todos los días


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Abatido

 


Apacible noche que descansa en mi espíritu minero cuando las mañanas me ordenan recabar el sustento que deberé forjarme con el duro golpe de la comba y la barreta

 

En el hogar

desconsolada madre vaga por las habitaciones añorando mi presencia

 

Cuando el mortal crujido me abata

los compañeros levantarán una copa en señal de mi recuerdo pasajero

y mi madre se consustanciará con el dolido aire de la casa


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - Clamor

 


Claridad de cielo azul contrasta con la oscuridad de mi lomo cargador

 

En el seno de la tierra

            raya la mañana de mis repetidas esperanzas

 

Las riquezas del oro y de la plata sepultan mi destino

            me entierra en estas cumbres para siempre


POESÍA PERUANA - AGUA SÍ; MINA TAMBIÉN de Daniel Gutiérrez Híjar - El minero ha muerto

 


El minero ha muerto

y toda la mina se paraliza

Hay velorio en el patio

 

La viuda vestida de harapos llora al padre al esposo al amigo

 

Los dueños de la mina no están

solo su representante

vestido de harapos para simular pertenencia con el pueblo

 

Pero allá en Lima ningún dueño está condolido

La vida continúa y hay que pasársela revisando las cuentas proyectando las ganancias

 

Adiós mísero minero

Tu muerte sirvió para darles un día de pausa a tus compañeros

que aprovechan para ver un partido de futbol o dormir a pierna suelta