martes, 21 de enero de 2014

Hollywood - Charles Bukowski

Otro día, jodido. Con fiebre otro día más.

No tengo ganas de hacer nada. Solo quiero dormir. Para dormir profundamente debo leer. Los ojos se cansan y se consiguen formidables horas de sueño.

A diferencia de otras ocasiones, no necesito escoger delante de la pila de libros desordenados que he ido acumulando en estos últimos años de mi vida como un desquiciado. Sé qué libro quiero leer. Me lo acaba de regalar una persona que me quiere a pesar del desastre que sabe que soy. Me quiere a pesar de que no tengo un puto centavo. Alguien que te regala un libro como ese debe amarte u odiarte. No hay otra alternativa. Lo abro y no paro.

Cuatro de la tarde. No he dormido nada aún. El libro me tiene dentro de su historia. Bukowski es un maestro de la ironía. Es un viejo sabio. No es un sabelotodo. Es un tipo que se toma las cosas con calma, con sabia resignación.

Me voy a la cama con el libro. Estoy solamente en calzoncillos. Leo un capítulo más y decido dormir. Empiezo a soñar con lo que he leído. Al cabo de diez minutos abro los ojos y retomo la lectura. No puedo dormir. No es por la fiebre, que sigue ahí; es por el jodido libro: está condenadamente bueno. Voy a la sala y me tumbo en el sofá para continuar con la lectura.



Me he reído sonoramente un par de veces con el libro. Bukowski narra la historia de la realización de la película cuyo guión escribió: “Barfly”. Directores, actores, empresarios del cine, críticos, todos son examinados con aquel ojo recorrido y sensato del gran Bukowski, quien emplea a su alter ego Henri Chinaski para mostrarnos que el mundo no es más que un lugar habitado por idiotas, en el que hay idiotas ganadores e idiotas perdedores.  



¿Hace cuánto no leía un libro de más de 300 páginas en un día? No lo recuerdo. Tampoco importa.

He quedado convencido de que leer a Bukowski es como conversar con un tipo que tiene la respuesta justa para todo, el mejor consejo, la mejor enseñanza. Si no has tenido un papá, Bukowski podría suplirlo sin ningún problema. That's why I got the old barfly in my arm.

Estos son algunos de los personajes que pude identificar a pesar de sus nombres postizos:

Tom Pell: Sean Penn
Ramona: Madonna
Jack Bledsoe: Mickey Rourke
Francine Bowers: Faye Dunaway
Jon Pinchot: Barbet Schroeder
Jon-Luc Modard: Jean-Luc Godard
Lenny Fidelo: Frank Stallone
Lido Mamin: Idi Amin
Mack Derouac: Jack Kerouac
Francis Ford Lopalla: Francis Ford Coppola.

Aquí las frases que posiblemente repita cuando esté borracho en una próxima ocasión. Ojalá pueda recordarlas:

23
«El dinero es como el sexo-dije-, parece mucho más importante cuando no se tiene…»

39
«-Amor y Genio son dos de las palabras de las que más se abusa en la lengua-dije.»

40
«Jon-Luc no paraba de hablar. Hablaba de un modo enrevesado y dándoselas de Genio. Quizá fuera un Genio. No quería cabrearme por eso. Pero había tenido que aguantar Genios durante todos mis años de colegio: Sahkespeare, Tolstoi, Ibsen, G. B. Shaw, Chejov, todos esos lelos. Y peor aún, Mark Twain, Hawthorne, las hermanas Brontë, Dreiser, Sinclair Lewis, todos te caían encima como un bloque  de cemento y uno quería salir y huir, eran como padres tontos de remate, empeñados en seguir reglas y modales que acojonarían a un muerto.»

57
«Así que allí estaba yo, con más de 65 años, en busca de mi primera casa. Recordaba cómo mi padre había hipotecado prácticamente toda su vida para comprar una casa. Él me había dicho: -Mira, yo pagaré una casa durante toda mi vida y cuando me muera tú te quedarás con esa casa y entonces durante toda tu vida tú pagarás otra casa y cuando tú te mueras dejarás esas casas a tu hijo. Entonces serán dos casas. Luego tu hijo…
Todo el proceso me parecía terriblemente lento: casa a casa, muerte a muerte. Diez generaciones, diez casas. Luego bastaría una sola persona para perder todas esas casas en el juego, o para incendiarlas con una cerilla y echar a correr calle abajo con sus huevos en una cesta.»

82
«-Quizá escriba un guión malísimo.
-No lo harás. He leído todo lo que has escrito.
-Eso pertenece al pasado. En la profesión de escritor, hay más tíos acabados que cualquier otra cosa.»

93
«Mi idea acerca de todo este asunto era que la mayoría de la gente no era alcohólica, lo que pasa es que ellos creían que lo eran. Eso es algo que no puede hacerse tan deprisa. Le lleva a uno por lo menos veinte años convertirse en un auténtico alcohólico. Yo llevaba cuarenta y cinco y no me arrepentía de ninguno.»

111
«El guión iba bien. Escribir nunca me ha costado trabajo. Que yo recuerde, siempre ha sido así: buscar una emisora de música clásica en la radio, encender  un cigarrillo o un puro, abrir la botella. La máquina de escribir hacía el resto. Lo único que yo tenía que hacer era estar allí. Todo el proceso me permitía continuar cuando la vida en sí misma ofrecía muy poco, cuando la vida en sí misma era un espectáculo terrorífico. Siempre estaba la máquina de escribir para calmarme, para hablarme, para entretenerme, para salvarme el culo. Esencialmente era por eso por lo que escribía: para salvarme el culo, para salvarme del manicomio, de las calles, de mí mismo.
Una de mis antiguas novias me gritó:
-¡Bebes para escapar de la realidad!
-Por supuesto, querida-le contesté.»

117
«-Esa es tu respuesta a todo: beber.
-No, esa es mi respuesta a la nada.»


136
«-¿Sabes lo que dijo Lippy Leo Durocher?
-¿Quién ese ése?
-Un antiguo jugador de baloncesto. Dijo: “Prefiero tener suerte que ser bueno.”»

138
«Víctor volvió con una botella de vino en la mano.
-Tengo vino pero no abridor…
-Oh, Dios…-suspiré. Un bebedor aficionado.»

149
«Los abogados, los médicos y los fontaneros, ellos eran los que ganaban todo el dinero. ¿Los escritores? Los escritores se morían de hambre. Los escritores se suicidaban. Los escritores se volvían locos.»

177
«Cuando había carreras de caballos nunca recibía malas noticias porque no estaba en casa y nadie podía encontrarme.»

206
«Dios, pensé, ¿y qué pasa con el escritor? El escritor era la sangre y los huesos y el cerebro (o ausencia del mismo) en estas criaturas. El escritor hacía latir sus corazones, les daba palabras para hablar, los hacía vivir o morir, lo que quisiera. ¿Y dónde estaba el escritor? ¿Quién fotografiaba alguna vez al escritor? ¿Quién aplaudía? Aunque menos mal, ¡joder!, claro que menos mal: el escritor estaba donde debía estar: en algún rincón oscuro, observando.»

218
«Mi mejor libro es siempre el último que he escrito.»

222
«Musso’s llevaba allí desde 1919 y para él todo era un coñazo: nosotros y todos los demás que estábamos allí. Yo estaba de acuerdo.»

230
«La mejor parte de un escritor está sobre el papel. La otra parte es, normalmente, una idiotez.»

268
«El secreto reside siempre en la sencillez: para una verdad profunda, para hacer las cosas, para escribir, para pintar. La vida es profunda en su sencillez.»

294
«-¿Beber no es una enfermedad?
-Respirar es una enfermedad.
-¿No le parecen repugnantes los borrachos?
-Sí, la mayoría lo son. Al igual que la mayoría de los abstemios.»

310

«En cuanto a mí, mi mayor sueño en la vida era evitar el mayor número de gente posible. Cuanta menos gente veía, mejor me sentía.»

lunes, 20 de enero de 2014

Cinco para las nueve y otros cuentos - Alonso Cueto

Estoy mal.

Estoy pésimo. No tengo ánimos para nada. Solo puedo leer inconteniblemente y dormir.  No me provoca hacer nada más.

El sol de mierda solo atiza mi desasosiego.

Tengo todos los síntomas de la fiebre. He tomado unas pastillas para erradicarme ese mal. Pero éste vuelve y se apodera de mi cabeza. La siento como si estuviera en las alturas, cuando por trabajo me mandan a una mina a más de cuatro mil metros de altura.

No sé por qué estoy así. El dolor se concentra en mis ojos y en mi cabeza. Las manos se calienten. Sudo copiosamente. «Putamare, me voy a morir y todavía no he terminado ninguna de las dos novelas que estoy escribiendo», pienso y me atormento más.

Escribo esto con un dolor tremendo en los ojos o detrás de ellos, en mi cerebro. Escribo esto hirviendo por dentro.

Así, jodido, hace unos días cogí “Cinco para las nueve y otros cuentos”. Quería leer algo ligero, suave. Generalmente, leo cosas suaves. No es novedad. “Cinco para las nueve y otros cuentos” fue una buena elección. Sus historias están dirigidas a adolescentes. Me atrevería a precisar “a chicas adolescentes”. Alonso Cueto se mete en la piel de chicos y chicas, y lo hace bien. Los cuentos de este libro (once en 143 páginas) no pretenden revolucionar la cuentística peruana, sino mostrar situaciones quizá muy comunes para los chicos que viven su edad colegial.





No es un libro revolucionario, como dije, pero este malestar que me aqueja ha hecho que le coja cierta estima. Sus historias me acompañaron en los momentos en los que la fiebre me atacó virulentamente hace unos días. Ahora la enfermedad ha amainado, pero sigue ahí, jodiéndome los ojos, golpeándome la cabeza, amenazando con darme cualquier día la estocada final.  

Poemas y antipoemas - Nicanor Parra

No soy un tipo que lee poesía. Casi no leo poesía. No he leído un poemario completo. Apenas mordisqueé “Los heraldos negros” de Vallejo. Pero siento simpatía por la vida de ese gran poeta. Siempre que se puede, leo su biografía.

Admiro a Bolaño por la vida que le tocó vivir y la manera en que la vivió. Lo admiro porque leía en la puerta de los cines. Leía cuando y donde la gente normal no suele leer. No paraba de leer. Leí sus “Detectives salvajes”. Estoy leyendo su libro de cuentos “Putas asesinas”. No me gustan los cuentos de Bolaño; al menos, no me gustan los cuentos de “Putas asesinas”. No me emocionan, no me enfurecen, son largos, no hay giros inesperados, parecen inacabados. No creo que termine de leer “Putas asesinas”.



Porque admiro a Bolaño y veo en Youtube las pocas entrevistas que dio en vida, decidí leer algo de Nicanor Parra, uno de los poetas chilenos que Bolaño admiró más.




Leí “Poemas y antipoemas”. No soy nadie para decidir la bondad o maldad de los trabajos de un escritor. Bostecé mucho mientras leía los poemas durante las horas en las que se suponía debía trabajar. Solo un poema llamó mi atención: “Advertencia al lector”. Me gustó mucho. Me rescató del sopor en el que me hallaba sumido. Es el poema más antipoema de todo el libro, una clara protesta contra la poesía de flores y rosas. 




viernes, 17 de enero de 2014

El club de la lucha - Chuck Palahniuk



A pocas noches de la última del año 2013, perdí un libro, seiscientos sesenta y seis soles y un celular. Un libro. Bah, debo decir “un gran libro”. Todavía me duele no tener ese ejemplar en mi biblioteca. Me lo había dos días antes de extraviarlo.  

Descubrir a Chuck Palahniuk fue uno de los golpes de suerte más interesantes que me dejó el año pasado. ¿Por qué? Porque Chuck es un escritor brillante y porque está vivo, está vivo y produciendo.



Leer «El club de la lucha» fue una experiencia renovadora. Me enseñó que hoy existen nuevas formas de narrar y que hay un autor, Chuck, que posee un pulso preciso y veloz.
¿Qué es «El club de la lucha»?

Es una gran novela.

Jamás olvidaré su formidable comienzo:

«Tyler me consigue un trabajo de camarero, después me mete una pistola en la boca y me dice que para alcanzar la vida eterna primero tienes que morirte. Sin embargo, durante mucho tiempo Tyler y yo fuimos muy buenos amigos. La gente siempre me pregunta si conocía bien a Tyler Durden» (Página 2).

Si eres el empleado de una empresa, te pagan bien, te compras lo último que publicitan en la televisión, entonces este libro podría ayudarte a ver las cosas como las ve Tyler Durden, anarquista y líder de una organización que se va componiendo de gente que, como muchos, limpia mesas en un restaurante, es policía, es médico, abogado, profesor, pasea perros, sufre de males terminales, etc.

Pero, como dice el mismo Chuck, «El club de la lucha» también es una novela que hace escarnio de los anarquistas que buscan formar un grupo, sentirse identificados con otro, robotizarse; es decir, de aquellos anarquistas que salen de una burocracia legal para habitar una burocracia ilegal.

Chuck les da con palo a estas dos corrientes de vida: a los que moran felices en un estado de consumo y a los que se rebelan en contra de ese orden vano y superficial. Chuck es un escritor al que le gusta incomodar. Esto lo hace genial.

¿Cómo carajo leí este libro si lo perdí?

Bueno, descubrí que existe una versión en PDF en internet. Leía la novela en mis horas de trabajo de empleado burocrático. Fue un milagro que no haya renunciado a mi empleo mientras la leía. Ganas no me faltaban, porque esas ganas crecían desmedidamente con cada línea de la novela. Pero la imagen de mi hija Morgana me mantenía con los pies en la Tierra. Sin el dinero de mi empleo, ¿cómo podría mantener a esa preciosura?

Además del tema de la novela, me atrajo el estilo narrativo de Chuck. Un estilo que él llama “minimalismo”: pocos objetos, pocos personajes y pocos escenarios. Así, la energía narrativa no se desperdicia describiendo un sinfín de cosas. El lector va descubriendo que el autor, con cada página, va enriqueciendo a sus pocos personajes. Los personajes de Chuck son poderosos, dejan huella en el lector. Cada página te va golpeando hasta noquearte en la final.
Quiero pensar que fue el espíritu del legendario Tyler Durden el que provocó que perdiera el libro, el dinero y el celular. No tengo celular y me siento maravilloso.

En este video, Chuck presenta su libro «Tell all» y lee un cuento. Pero en dos momentos de esta presentación, Chuck nos habla de su forma de narrar y de su novela «El club de la lucha».



(3:46) "In minimalism, the way I was taught it from Tom Spanbauer who learnt it from Gordon Lish, you really keep your elements really pared down: you have the same number of characters from the very beginning as you do at the very end, that you do the very most you can do with very minimum number of elements, and this include your objects as well as your characters and your settings, that instead introducing new things ongoinly and losing energy every time you have to lapse into description of this other new thing. You keep things simple, so that things are grew greater sort of energy." 
 
(7:09) "So pretty much every one of the stories, every one of the books that I write has got a paradox built into it. I like to have a story about something that is at odds with the content of the story. I love how in Portland, Oregon, whenever the anarchists are gonna have a big social protest, a big civil disobedient riot, I love how they all call each other and say “what are you gonna wear?” “I don’t know I think I’m gonna wear black, but like a black…” And they all have to kind of be the same, that there is this sort of bureaucracy to anarchy. And so Fight club was supposed to be this comedy about the bureaucracy of anarchy and all the rules that were involved in anarchy. And I just loved the absurdity of it, the paradox of that."

Estas son las frases del libro que me acompañaran de por vida y que seguramente repetiré, borracho, en alguna reunión. Así que, amigos (si es que todavía tengo alguno), no me inviten a ninguna reunión porque terminaré pontificando sobre este tipo de literatura y repitiendo como un loro las frases de «El club de la lucha». (Las páginas al lado de cada frase son de la versión en PDF que leí).

«Cualquier cosa de la que puedas estar orgulloso acabará en el cubo de la basura.» Página 4.

«Esto era la libertad. La libertad consistía en perder toda esperanza.» Página 7.

«Lo máximo que podías esperar de la perfección era un instante.» Página 12.

«A veces haces algo y estás jodido, y otras, estás jodido por lo que no haces.» Página 24.

«Debes tener en cuenta la posibilidad de no caerle bien a Dios. Pudiera ser que Dios nos odiara. No es lo peor que podría ocurrir. Tyler se dio cuenta de que llamar la atención de Dios por ser malo era mejor que no recibir ninguna atención. Tal vez porque el odio de Dios sea preferible a su indiferencia. Si pudieras ser el peor enemigo de Dios o nada ¿qué elegirías?» Página 64.

«Generaciones y generaciones han desempeñado trabajos que odiaban para poder comprar cosas que en realidad no necesitan.» Página 69.

«No eres tu triste billetera.» Página 71.

«Somos los hijos medianos de la Historia, educados por la televisión para creer que un día seremos millonarios y estrellas de cine y estrellas de rock, pero no es así, y acabamos de darnos cuenta-dice Tyler-. Así que no intente jodernos.» Página 78.

«Si eres varón, y eres cristiano y vives en Estados Unidos, tu padre es tu modelo de Dios.» Página 89.


«Y el combate continúa y continúa porque quiero morir. Porque solo muriendo tenemos nombre. Solo muertos dejamos de formar parte del Proyecto Estragos.» Página 96.

miércoles, 8 de enero de 2014

Contarlo todo - Jeremías Gamboa



Llegas a un punto de tu vida en el que te cuestionas si lo que haces para vivir está en consonancia con aquello que realmente te gustaría hacer. Trabajar en la profesión que estudiaste no es sinónimo de felicidad. Ganar un dinero que antes no tuviste (las propinas de diez soles te parecían exorbitantes en tu época de colegial) no significa haber logrado el éxito. Hay un par de cuentos de Somerset Maugham (París, 1874 – Niza 1965) que trata con bastante maestría este problema vocacional: «La decadencia de Eduardo Barnard» y «La voz de Israel».
   
Estás solo en tu habitación, Lou Reed y los Velvet Underground de fondo, «Sunday Morning», de preferencia; te confrontas. Como diría Vallejo, confías en ti, “en ti solo”. Te preguntas: “¿Y si hago lo que realmente me gusta hacer, ganaré el dinero que gano ahora? ¿Cómo mantendré a mi familia, cómo sustentaré los lujos a los que estoy acostumbrado si renuncio a esta vida de mentira y me decido por seguir el sendero de aquello que le da sentido a mi vida? ¿Es vivir dedicarse a asuntos que no revisten mayor importancia para mí únicamente porque me pagan o porque no puedo defraudar a las personas que cifran en mí sus esperanzas? ¿Hago esto por mí o por los demás?” De las respuestas a las que arribes dependerá que tengas paz durante lo que te resta por vivir.



Jeremías Gamboa (Lima, 1975) ventila este tema a través de las más de 500 páginas de «Contarlo todo» (Mondadori, Madrid, 2013), novela que, a mi parecer, alcanza sus picos más vertiginosos en los pasajes en los que el protagonista, Gabriel Lisboa, le hace frente a su sino para dedicarse a aquello que siempre anheló: escribir. Una historia muy bien contada, aunque por momentos (en las partes sentimentales) flojea y pierde poder narrativo. Creo que de ninguna manera puede considerársela como parte de la escuela de Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953 – Barcelona, 2003), como se dijo por ahí, pues, si bien el modo de contar la historia es atrayente, la estructura carece de innovación.  A pesar de esto, es imperdible y muy recomendable la parte del libro en la que Lisboa madura su pulso narrativo mientras descubre y se adentra en el rápido, asfixiante y fascinante mundo del periodismo. 

viernes, 29 de noviembre de 2013

El héroe discreto - Mario Vargas Llosa



“El héroe discreto” tiene dos héroes, dos personas que forjaron sus fortunas con esfuerzo, dos personas de culturas distintas, dos peruanos que son víctimas de su propio éxito.

Felícito Yanaqué es un piurano de orígenes muy humildes, que posee una empresa transportista, “Transportes Narihualá” (me suena como el apelativo que se le puede endilgar a un narizón”), cuya prosperidad será el motivo perfecto para que inescrupulosos traten de apoderarse de una parte de su fortuna mediante la extorsión.

Ismael Carrera es un limeño mazamorrero, dueño de una prestigiosa empresa de seguros, cuyos hijos mellizos desean verlo muerto para adueñarse de su fortuna. Ismael, hombre longevo y de salud delicada, les agua la fiesta casándose con Armida, su empleada, una infinidad de años menor que él. Armida será la única heredera de la fortuna del viejo Carrera, y este hecho tiene muy jodidos a los hermanos, no solo porque perderán su riqueza sino porque su viejo, un limeño de la más alta sociedad, se ha casado con la empleada, una provinciana sin mejores pergaminos que un físico envidiable.

Vargas Llosa les añade a estas dos historias paralelas personajes que ya conocíamos de sus anteriores producciones: don Rigoberto y la señora Lucrecia, Fonchito, el sargento Lituma, el capitán Silva, los inconquistables.   


     
Cuando leí el capítulo 7, pude por fin entender una parte del argumento de “La casa verde”, novela que jamás terminé por enrevesada y densa. Lituma le relata al capitán Silva su historia por la selva y su añorada Piura.

Si bien Vargas Llosa ambienta su novela en la actualidad, y procura poner en boca de sus personajes jóvenes las jergas de hogaño, falla en contadas ocasiones, como cuando Escobita, uno de los díscolos hijos de Ismael Carrera, emplea ante don Rigoberto la siguiente expresión: «No me cabe en la tutuma que te prestaras a esta payasada de lo peor» ¿Tutuma? ¿Qué joven dice tutuma en estos tiempos para referirse a la cabeza? A pesar de estos dislates, la novela de Vargas Llosa no deja de ser muy entretenida.

Aunque, pensándolo bien, ¿cuál es la importancia de que la jerga empleada sea de ahora o de hace sesenta años? ¿Acaso los lectores del año 2200 sabrán si tutuma era jerga de los años 1950, 1980 o 2013? A esos lectores les dará lo mismo. Lo que es más probable que perdure es el entretenimiento  y, me atrevo a decir, el suspenso de esta novela. Por supuesto que “El héroe discreto” no  está a la altura de sus clásicos (“La ciudad y los perros”, “Conversación en La Catedral”, La guerra del fin del mundo”), pero está mucho más entretenida y mejor lograda que las últimas novelas que ha publicado. “El héroe discreto” es de esas obras que coges y no sueltas hasta llegar a la última página.

Uno de los personajes de esta nueva entrega vargasllosiana que ha concitado mi simpatía es, sin duda, Edilberto Torres, el presunto diablo peruano, quien se le aparece a Fonchito, el hijo de don Rigoberto, en más de una ocasión, provocando la angustia y preocupación de don Rigoberto y su esposa Lucrecia, quienes jamás llegan a conocer al misterioso caballero. Al principio, la pareja cree que se trata de un espantoso pedófilo; luego, las historias de sus apariciones imposibles, relatadas por Fonchito, les hace creer que podría tratarse de un espíritu demoníaco, de una especie de íncubo.

Según lo ve Fonchito, Edilberto Torres es un señor atildado, de pulcro vestir, que se expresa correctamente. Su dicción es encantadora y sus maneras son pausadas y refinadas. Todo un personaje. Su solo nombre es pegajoso. No sé si Vargas Llosa planificó cuidadosamente a este personaje o si lo creo a medida que desarrollaba la historia, pero, a mi parecer, las escenas en las que aparece “el diablo peruano” son las que llevan el humor y el suspenso.

En resumen, esta novela te atrapa y te mete en su juego, gracias a la infinidad de intrigas y suspensos que su autor sembró a lo largo de las 392 páginas que la componen.  

En esta novela, porque no es precisamente del tipo filosófico o existencial, no hallé ninguna frase perdurable, de esas que lo ponen a pensar a uno. Apenas me topé con unos pocos extractos que me atrajeron por otros motivos menores.  

(Roberto Bolaño decía que compraba libros, tantos libros, que sabía que no llegaría a leer muchos de ellos. Pero le reconfortaba estar rodeado de ellos, acariciarlos, hojearlos de vez en cuando. Aquí Vargas Llosa nos revela su porqué de una biblioteca.)

«-Bueno, todos no, todavía –“Este es el más bruto”, decidió-. Algunos son libros de consulta, como los diccionarios y enciclopedias de ese estante del rincón. Pero mi tesis es que hay más posibilidad de leer un libro si lo tienes en casa que si está en una librería.»

(Una opinión muy reveladora sobre la Biblia. Apenas la leí, cogí la que tengo en mi estante y comprobé que, efectivamente, el Cantar de los Cantares es una especie de cortejo muy sensual, poético y estilizado entre Salomón y su esposa o amante Sulamita.)

«-La Biblia es el libro más erótico del mundo –lo oyó decir, afanoso-. Ya verás, cuando leamos el Cantar de los Cantares y las barbaridades que hace Sansón con Dalila y Dalila con Sansón, ya verás.»

(Mabel es la amante de don Felícito Yanaqué. A continuación, cómo le gusta a Mabel ser cortejada)

«Mabel, para acostarse, tenía que sentir al menos alguna simpatía por el hombre, y, además, rodear el cache, como decían los piuranos en vulgar, de ciertas formas: invitaciones, salidas, regalitos, gestos y maneras que adecentaran la acostada, dándole la apariencia de una relación sentimental.»

(Yo no sabía en qué creían los calvinistas. Don Rigoberto me da una ayuda al respecto, cuando reflexiona sobre todos los embrollos que le han traído a la última parte de su vida los mellizos Carrera y Edilberto Torres.)

« ¿Podían ser sus días una secuencia preestablecida por un poder sobrenatural como creían los calvinistas?»



El lobo estepario - Hermann Hesse




“El lobo estepario” es un llamado al ser humano a mirar dentro sí mismos. Hay un mundo de posibilidades inexploradas dentro de cada uno de nosotros que ansían mostrarse, pero la “burguesía” que hemos adoptado como modo de vida las sujeta y restringe. Hermann Hesse (1877 – 1962), en esta novela, que fluctúa entre la objetividad y la subjetividad, que te hace pensar que estás bajo los efectos de un narcótico mientras la lees, te quita la venda de los ojos, te despoja del traje que la sociedad te colocó para que seas incapaz de conocerte a ti mismo. Leer “El lobo estepario” es un viaje de aquellos que Jim Morrison solía realizar ayudado con peyote.



Harry Haller no es un doctor Jekyll ni un mister Hyde, pero siente que su lado salvaje emerge muy frecuentemente para alejarlo del mundo y recluirlo en una sana soledad. Ese lado silvestre, despojado de cualquier “traje burgués” es lo que él llama “el lobo estepario”. Sin embargo, no son dos, no es Harry y el lobo, son más. Hay más animales, personas y criaturas dentro de ese Harry. ¿Cómo descubre eso? Lo hace ayudado de una mujer llamada Armanda y de un tipo muy buen mozo de nombre Pablo.

Ahora, esta autopista llamada “El lobo estepario”, construida por este brillante ingeniero de la estructura humana, Hermann Hesse, es tan real, pero a la vez tan fantástica, que el lector, al llegar a la última página (reveladora, chocante, inquietante) se pregunta: ¿existieron Armanda y Pablo como personajes “reales” de la historia? O es que Harry Haller los imaginó todo el tiempo. O es que Armanda y Pablo eran unas pocas de las tantas manifestaciones interiores de Harry que le hablaban desesperadamente por salir a la superficie.

Aquello que quedará en el lector es que, además de sentir la seguridad de que ya no es el mismo, tiene ahora licencia para conocer sus límites, para probar cada territorio de su ser, sin pudores, sin mojigaterías.

Definitivamente, Hermann Hesse ha sido mi descubrimiento personal del año. Este premio nobel de 1946 se ha ganado un lugar en alguna parte de mi brazo izquierdo.

A continuación, las frases que he resaltado durante mi lectura. Creo que estos cachitos de “el lobo estepario” que aquí presento le ayudarán a descubrir a todos aquellos que “consiguen desgarrarse con violencia” de todo lo establecido que este libro es un excelente manual de autoconocimiento.

Encima de algunas de las citas, he colocado algunas dedicatorias o aquello que vino a mi mente mientras las leía.

«“Hay que estar orgulloso del dolor; todo dolor es un recuerdo de nuestra condición elevada” ¡Magnífico! ¡Ochenta años antes que Nietzsche!»

«“La mayor parte de los hombres no quieren nadar antes de saber” ¿No es esto espiritual? ¡No quieren nadar, naturalmente! Han nacido para la tierra, no para el agua. Y, naturalmente, no quieren pensar; como que han sido creados para la vida, ¡no para pensar! Claro, y el que piensa, el que hace del pensar lo principal, ése podrá acaso llegar muy lejos de esto; pero ése precisamente ha confundido la tierra con el agua, y un día u otro se ahogará.»

«Una vez, después de una conversación acerca de las llamadas crueldades de la Edad Media, me dijo:
-Esas crueldades no lo son en realidad. Un hombre de la Edad Media execraría todo el estilo de nuestra vida actual no ya como cruel, sino como atroz y bárbaro. Cada época, cada cultura, cada costumbre y tradición tienen su estilo, tienen sus ternuras y durezas peculiares, sus crueldades y bellezas; consideran ciertos sufrimientos como naturales; aceptan ciertos males con paciencia. La vida humana se convierte en verdadero dolor, en verdadero infierno solo allí donde dos épocas, dos culturas o religiones se entrecruzan.»

«Una naturaleza como Nietzsche hubo de sufrir la miseria actual con más de una generación por anticipado; lo que él, solitario e incomprendido, hubo de gustar hasta la saciedad, lo están soportando hoy millares de seres.»

«Así se producen, como preciosa y fugitiva espuma de felicidad sobre el mar de sufrimiento, todas aquellas obras de arte en las cuales un solo hombre atormentado se eleva por un momento tan alto sobre su propio destino, que su dicha luce como una estrella, y a todos aquellos que la ven les parece algo eterno y como su propio sueño de felicidad.»
«Es erróneo llamar suicidas solo a las personas que se asesinan realmente. Entre éstas hay, sin embargo, muchas que se hacen suicidas en cierto modo por casualidad y de cuya esencia no forma parte el suicidio.»

«Finalmente, llegó, a la edad de unos 47 años, a una ocurrencia feliz y no exenta de humorismo, que le producía a veces gran alegría. Fijó la fecha en que cumpliera 50 años como el día en el cual había de poder permitirse el suicidio.»

«Lo “burgués”, pues, como un estado siempre latente dentro de lo humano, no es otra cosa que el ensayo de una compensación, que el afán de un término medio de avenencia entre los numerosos extremos y dilemas contrapuestos de la humana conducta (un santo y un libertino).»

«El burgués es consiguientemente por naturaleza una criatura de débil impulso vital, miedoso, temiendo la entrega de sí mismo, fácil de gobernar. Por eso ha sustituido el poder por el régimen de mayorías, la fuerza por la ley, la responsabilidad por el sistema de votación.»

«Los pocos que consiguen desgarrarse con violencia, logran lo absoluto y sucumben de manera admirable; son los trágicos, su número es reducido. Pero a los otros, a los que permanecen sometidos, cuyos talentos son con frecuencia objeto de grandes honores por parte de la burguesía, a éstos les está abierto un tercer imperio, un mundo imaginario, pero soberano: el humorismo.»

«Vivir en el mundo como si no fuera el mundo, respetar la ley y al propio tiempo estar por encima de ella, poseer, “como si no se poseyera”, renunciar, como si no se tratara de una renunciación: tan solo el humorismo está en condiciones de realizar todas estas exigencias, favoritas y formuladas con frecuencia, de una sabiduría superior de la vida.»

«Harry no está compuesto de dos seres, sino de cientos, de millares. Su vida oscila (como la vida de todos los hombres), no ya entre dos polos, por ejemplo el instinto y el alma, o el santo y el libertino, sino que oscila entre millares, entre incontables pares de polos.»

«…y yo miraba al párroco y a los demás buitres de la muerte, empleados de una funeraria, en sus manipulaciones, a las cuales trataban de dar la apariencia de una alta ceremonia y de gran tristeza,…»

«Y en tanto que yo, Harry Haller, estaba allí en medio de la calle, sorprendido y adulado, azorado y cortés, sonriendo al hombre amable y mirando su rostro bueno y miope, a mi lado, el otro Harry abría la boca también, estaba haciendo muecas y pensando qué clase de compañero tan particular, absurdo e hipócrita era yo, que aun dos minutos antes había estado furioso rechinando los dientes contra el maldito mundo, y ahora, a la primera excitación, al primer cándido saludo de un honrado hombre de bien, asentía a todo y me revolcaba como un lechón en el goce de un poquito de afecto, consideración y amabilidad.»

(Esta cita se la dedico a toda aquella gente que trabaja en oficinas, como yo, y a todos aquellos “profesionales” que trabajan para las industrias mineras, siderúrgicas, etc)

«…así hacen, viven y actúan un día y otro, a todas horas, la mayor parte de los hombres; a la fuerza y, en realidad, sin quererlo, hacen visitas, sostienen una conversación, están horas sentados en sus negocios y oficinas, todo a la fuerza, mecánicamente, sin apetecerlo: todo podría ser realizado lo mismo por máquinas o dejar de realizarse. Y esta mecánica ininterrumpida es lo que les impide, igual que a mí, ejercer la crítica sobre la propia vida, reconocer y sentir su estupidez y ligereza, su significancia horrorosamente ridícula, su tristeza y su irremediable vanidad.»

(La siguiente cita me hizo recordar a mi amigo Nasir, quien siempre se caracterizó por decir lo que pensaba sin preocuparse alguito por “dorar la píldora”. Yo estoy haciendo tremendos esfuerzos por ser tan crudo como Goethe)

«-Tiene usted razón en esto-concedí-. Por desgracia, es una costumbre, un vicio en mí decidirme siempre por la expresión más cruda posible. Lo que por otra parte hacía también Goethe en sus buenos momentos.»

(Hermann Hesse se convierte con esta cita en un visionario, y eso que en su época la sensación era la radio. Efectivamente, el mundo está tan lleno de tablets, Facebooks, Twitters, celulares, etc, que ahora el ser humano está “inútilmente ocupado” y alejado de sí mismo y de todo. Estas herramientas son terriblemente geniales, pero están en manos de una mayoría que involuciona irremisiblemente con el correr de los días)

«Se descubrirá acaso ya muy pronto, que no solo nos rodean constantemente las imágenes y los sucesos actuales, del momento, como por ejemplo se puede oír en Francfort o en Zurich la música de París o de Berlín, sino que todo lo que alguna vez haya existido quede de igual modo registrado por completo y existente, y que nosotros seguramente un buen día, con hilos o sin ellos, con ruidos perturbadores o sin ellos, oiremos hablar al rey Salomón y a Walter von der Vogelweide. Y que todo esto, lo mismo que hoy los primeros pasos de la radio, solo servirá al hombre para huir de sí mismo y de su fin y para revestirse de una red cada vez más espesa de distracción y de inútil estar ocupado.»

«Por lo general, los animales son tristes –continuó-. Y cuando un hombre está muy triste, no porque tenga dolor de muelas o haya perdido dinero, sino porque alguna vez por un momento se da cuenta de cómo es todo, cómo es la vida entera y está justamente triste, entonces se parece siempre un poco al animal: entonces tiene un aspecto de tristeza, pero es más justo y más hermoso que nunca. Así es, y ese aspecto tenías, lobo estepario, cuando te vi por primera vez.»

(Cuando leí esto pensé en aquella gente que ensalza esta cosa llamada “amor”. La ensalza de tal modo que la purifica, la vuelve casi santa, inalcanzable, tan inalcanzable que ellas mismas viven frustradas al no poder tenerla en su vida. Y no, no es así, el amor también puede ser “vulgar”, “terreno”, estar al alcance de todos. Solo es cuestión de saber amar en todas las formas posibles, sin restricciones.)

Amar ideal y trágicamente, ¡oh, amigo!, eso lo sabes con seguridad de un modo magnífico, no lo dudo; todo mi respeto ante ello. Pero ahora has de aprender a amar también un poco a lo vulgar y humano.»

(Al toparme con esta cita pensé en esta persona que conozco bien, que siempre está comprando zapatos vistosos, lencerías provocativas, siempre con la finalidad de mantener erecto el espíritu amatorio, sensual, de vida.)

«Aprendí ante todo que estos pequeños juguetes, objetos de moda y de lujo, no solo son bagatelas y una invención de ambiciosos fabricantes y comerciantes, sino justificados, bellos, variados, un pequeño, o mejor dicho, un gran mundo de cosas que todas tienen la única finalidad de servir al amor, refinar los sentidos, animar al mundo muerto que nos rodea, y dotarlo de un modo mágico de nuevos órganos amatorios, desde los polvos y el perfume hasta el zapato de baile, desde la sortija a la pitillera, desde la hebilla del cinturón hasta el bolso de mano.»

(También pensé en esa persona que conozco bien cuando leí el extracto que sigue. La única manera de que dos personas puedan entregarse sin restricciones y no aburrirse en el intento es no verse siempre. La distancia, en las mentes abiertas, es la única herramienta que permite que dos personas no terminen odiándose con el tiempo. Uno debe pensar siempre en el otro como un “huésped fugitivo”.)

«-Es la amiga que necesitabas, lobo estepario. Bonita, joven, alegre, muy inteligente en amor, y sin que puedas disponer de ella todos los días. Si no tuvieras que compartirla con otros, si no fuese para ti siempre un huésped fugitivo, no irían las cosas tan bien.»

(Esta cita refuerza la idea que tengo de que un ser superior e inteligente es aquel que se ríe de sí mismo, que no se toma en serio.)

«Usted está aquí en una escuela de humorismo, tiene que aprender a reír. Pues todo humorismo superior empieza porque ya no se toma en serio a la propia persona.»

(Aquí pensé en la gente de mierda que siempre quiere tener un auto, algo, cualquier cosa que los haga “visibles”. Este pasaje lo extraje de la parte de la novela, parte bastante suprarreal, en la que Harry se une a una banda de cazadores de automóviles. Ven un auto y le disparan hasta destruirlo. Hesse creó aquí una pequeña guerra entre seres humanos y máquinas.)

«Sí, es que hay demasiadas personas en el mundo. Antes no se notaba tanto. Pero ahora, que cada uno no solo quiere respirar el aire que le corresponde, sino hasta tener un auto, ahora es cuando lo notamos precisamente.»

(Hesse me dijo aquí: “Daniel, sigue por tu sendero de locura porque pronto llegarás al reino de la esquizofrenia”. Yo le respondí: “Hacia allá voy, maestro”.)

«Así como la locura, en un grado superior, es el principio de toda ciencia, así es la esquizofrenia el principio de todo arte, de toda fantasía.»

(Esta es una invitación a intentar descubrirte, a no tener miedo de tu pasado, a disfrutarlo, a procesarlo, a gozarlo, porque el resultado de todo ello será un ser que se conoce y que puede conocer al resto, de un ser que se domina y que, por tanto, puede dominar al resto.)

«Y me asombré de cuán rica en amoríos, en propicios instantes, en redenciones había sido mi vida, mi vida de lobo estepario aparentemente tan pobre y sin cariño. Había desperdiciado y evitado casi todas las ocasiones, había pasado por encima de ellas, las había olvidado inmediatamente; pero aquí estaban todas guardadas, sin que faltara una, a centenares. Y ahora las vi, me entregué a ellas, les abrí mi pecho, me hundí en un abismo vagamente rosado. También volvió aquella tentación que Pablo un día me brindara, y otras, anteriores, que en su época yo ni siquiera comprendía del todo, jugueteos fantásticos entre tres y cuatro personas me arrastraron sonrientes en su cadencia. Muchas cosas sucedieron, muchos juegos se jugaron que no son para ser expresados en palabras.»

(Hace unos pocos días leí “Carta abierta a la juventud de hoy” de André Maurois. Maurois propone un concepto que me parece más justo que lo que dice Hesse sobre la vida. Maurois dice que la vida, bueno, él dice “el universo”, pero se entiende “la vida”, no es racional ni justa, simplemente es un punto de partida. La vida no tiene por qué estar hecha a la medida de nadie. Concuerdo con el pensar de Maurois en este aspecto.)

«Es verdad: la vida es siempre terrible. Nosotros no tenemos la culpa y somos responsables, sin embargo. Se nace y ya es uno culpable.»

(¡Qué buena observación de Hesse sobre el fuego del amor!)

«Sobre tapices en el suelo hallé tendidas a dos personas desnudas, la bella Armanda y el bello Pablo, muy juntos, durmiendo profundamente, hondamente agotados por el fuego del amor que parece tan insaciable y, sin embargo, sacia tan pronto.»