¡Mami!, salté de
júbilo. ¡Me aceptaron la entrevista para New Mount Mines! Corrí hacia
ella y juntos, tomados de la mano, brincamos de alegría, describiendo círculos
festivos sobre el suelo.
New Mount Mines
era una de las principales compañías mineras de oro en Australia y el mundo.
Poseía decenas de minas en los seis continentes. Hacía unos meses, les había respondido
a una solicitud de trabajo que me dejaron en LinkedIn. Buscaban a un gerente
que dirigiese la división latinoamericana. Que te aceptasen tan solo la
entrevista era ya un gran logro.
Justo te he
preparado tu comida favorita, dijo mi madre revolviendo una cacerola. Me llevó hacia
ella para disfrutar de sus aromas. Algo me decía que una gran noticia
llegaría a esta casa y por eso te hice tus fideos preferidos.
Disfruté
del exquisito platillo mientras le platicaba de lo que haría con el mejor
sueldo que ganaría de ser contratado como el flamante gerente de esa minera.
Aquí está
tu gelatinita, hijito. Es de naranja. Tu favorita. Le di un
beso enorme y la abracé muy fuerte. Ella parecía tener un radar para detectar
mis momentos más importantes. Desde que empecé a ganarme el dinero por cuenta
propia, ella siempre estuvo ahí para apoyarme.
Cómo
olvidar cuando me acompañó a mi primera entrevista laboral. Tenía quince años y
me postulé al MacDonald’s (o Macca’s, como le decimos aquí en Australia) de la
ciudad para freír hamburguesas.
El gerente
me condujo a una de las mesas desocupadas del restaurante. Mi madre se sentó en
otra, también desocupada, a solo unos metros; la mirada siempre atenta a la
entrevista. Podía sentir con nitidez el soporte anímico que desprendían sus ojos
verdes, y cómo ellos sometían al entrevistador, mi futuro jefe, a una estricta
vigilancia. Si sus preguntas me hubieran orillado hacia callejones sin salida,
ella habría saltado a su cuello. A mi hijo me lo tratan limpio y sin trampas
semánticas, que él es un buen muchacho, dispuesto a trabajar duro y honradamente,
parecían decir sus gestos y miradas.
Efectivamente,
en un momento de la entrevista, mi madre detectó en mi rostro cierta desazón,
entonces se acercó velozmente hacia el gerente y le dijo un par de cosas.
¿Qué le
está diciendo a mi niño? Mucho cuidadito con hacérmelo sentir mal porque yo soy
una mamá leona cuando me lo tocan.
El gerente
enarcó las cejas en clara muestra de sorpresa y temor, Me estrechó la mano y,
sin mirarme, pero mirándola a ella, dijo: Estás contratado.
Ahora, cenando,
planificamos con mi madre su presencia en esta próxima entrevista para ser el
CEO de New Mount Mines. Estoy seguro de que nuevamente saldré victorioso,
porque cuando está mi mami al lado, todo me sale bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario