domingo, 24 de enero de 2016

The hateful eight

Manolo -mi hermano- y yo quedamos en ir al cine. Como buenos seguidores de la filmografía de Quentin Tarantino, no podíamos dejar de ver su última entrega: "The hateful eight".
 
Hasta el momento en que nos sentamos en las butacas de esa sala casi vacía, "Pulp fiction" era, para mí, la obra cumbre de Tarantino. Sabía que la octava película de Quentin ("The hateful eight") duraría aproximadamente tres horas. Esta extensión me hacía sospechar que no presenciaría una historia compacta y contundente; por el contrario, estaba casi convencido de que podría estar ante un bajón en la producción casi genial del mencionado actor, guionista y director americano.
 
"The hateful eight" es una película de diálogos y pocos escenarios. La mayoría de la historia ocurre en una carreta y en una mercería. En este último escenario, llegan a su clímax las tensiones cuyo desarrollo espectamos ávidamente. Los diálogos son geniales, memorables. Hay ironía, sarcasmo y un enfrentamiento desternillante con las verdades de cada uno de los personajes, interpretados  por un brillante elenco.
 
De por sí, los diálogos son la vedette de la película, sin embargo, Tarantino no defrauda a aquellos que esperan ser testigos de hervideros de sangre y cráneos que son pulverizados a punta de balazos.
 
Esta película te hará sentir que tres horas pueden sentirse como si fueran una sola. Querrás que la película no termine nunca.
 
 


viernes, 22 de enero de 2016

"Casas muertas" - Miguel Otero Silva



Hace mucho tiempo (unos tres meses, para ser exactos) que terminé de leer esta novelita que tenía allí, en mi biblioteca, ganando polvo y olvido. Siempre me topaba con ella cuando buscaba algún texto que leer, y nunca le hacía caso.

Entonces, me animé a leerla. Tenía algo de 120 páginas, y esto fortaleció mi decisión de aventurarme en ellas. 

Al margen del argumento del libro (que no lo recuerdo mucho ya porque mi memoria se estraga más con los días; uno se va haciendo viejo), el mensaje que pude capturar fue el que me motivó a hacer la locura que he decidido emprender: crear mi propia empresa.

"Casas muertas", del escritor venezolano, ya extinto, Miguel Otero Silva, no es un libro de autoayuda; sino una novela, una buena novela, que trata del movimiento, de la migración de las gentes hacia lugares, al parecer, prometedores, dejando lo viejo, lo yermo, lo baldío, lo enfermo, lo contaminado, atrás. "Casas muertas" es la historia de un puñado de personas que se aferra a Ortiz, su pueblecito atrasado y escondido de todo. La protagonista, Carmen Rosa, la habitante más joven del lugar, es la única persona que se atreve, al final de la historia, a dejar Ortiz, a aventurarse por lo desconocido, por la vida alocada que se decía se llevaba en los nuevos centros poblados adonde los lugareños de pequeños pueblecitos acudían en enjambres atraídos por el dinero y las promesas de conseguirlo a raudales.

Es moverse, avanzar o morir. Esto me quedó de esa lectura.

Unos meses después, decido asimilar el mensaje y librarme de todo aquello que sentía me lastraba. Así, fui a la SUNARP para reservar el nombre de esta consultora en ventilación minera que deseo fundar (o estoy fundando): TEMPUS Mine and Tunnel Ventilation Studies. Cinco soles me costó realizar una búsqueda de nombres similares que pudieran conflictuar el nacimiento de esta empresa, y dieciocho reservar el nombre.

Hoy debo recoger el documento de reserva y hacer unos papeleos (que detallaré después) en la notaría. 

Muchas veces, a las novelas, uno les da su lectura particular. Espero, sinceramente, con todos los miedos que albergo por llevar a cabo este emprendimiento, que le haya dado la lectura correcta a "Casas muertas".



martes, 10 de noviembre de 2015

Sucedió entre dos párpados - Fernando Ampuero

 
 
Ha bajado mi ritmo de lectura. La mina me deja poco tiempo para llevar a cabo esa ociosa actividad. Llego a la cama del cuarto con fuerzas que destino solo para escribir una novela que no sé si concluiré o que no sé si alguien leerá cuando la concluya.
 
Trato de mantenerme informado de las movidas literarias en la ciudad. Me entero de la reciente publicación de "Sucedió entre dos párpados", de Fernando Ampuero.
 
Estoy en Lima desde hace cinco días. El jueves regreso a la mina. Es así. Prisión, libertad, prisión, libertad.
 
Compré el libro. Lo leí. Su brevedad, más que su contenido o el interés de la historia o la pericia que inyecto el autor en desarrollarla, me motivó a terminarla.
 
Supongo que estoy acostumbrado al Ampuero de prosa directa y barrial. Después de "Loreto", parece que "Sucedió entre dos párpados" es otro pasito más en esa pendiente negativa por la que parece resbalar el escritor.

viernes, 2 de octubre de 2015

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina - Stieg Larsson



Segunda parte de la trilogía “Millenium”. La terminé hace unos días. Desde las primeras páginas, Larsson captura la atención del lector y nos hace seguidores de una historia que no deja indiferente a nadie. Imposible olvidarse de Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist, además de algunos villanos que aparecían de refilón en la primera parte pero que en esta adquieren dimensiones muy reales. 

Magallanes - Stefan Zweig



Con “Magallanes”, me quedó claro que Stefan Zweig fue un escritor genial. El libro no solo es la biografía de un tipo valiente y visionario, sino la de una época en la que vivir era una actividad bastante arriesgada. Si bien hoy “el estrecho de Magallanes” es un paso olvidado e inútil, su descubrimiento fue la prueba de lo que el ser humano es capaz de lograr a pesar de las adversidades. 

La distancia que nos separa - Renato Cisneros



De todos los libros de Renato Cisneros, “Nunca confíes en mí” continuará siendo mi preferido, no solo por la historia de traiciones y desencuentros que narra, sino por la desenvoltura con que es contada.

Luego del fiasco de “Raro”, Cisneros regresó con “La distancia que nos separa”, novela basada en la relación del escritor con su padre, militar y político peruano apodado “El gaucho” Cisneros.


Me dormía en el recuento que hacía Cisneros sobre sus relaciones sentimentales o afectivas. Cabeceaba cuando relataba el proceso de investigación que lo acercó más a aquel padre con el cual interactuó poco durante su vida. Fueron muchísimo más interesantes, sin embargo, las anécdotas políticas de “El gaucho”, un tipo que se caracterizó por ofrecer sus opiniones frontalmente, sin reparar en la impopularidad o popularidad de sus declaraciones.

Don Manuel - Luis Alberto Sánchez



“Don Manuel” de Luis Alberto Sánchez fue un viaje a la Lima fines del XIX y principios del XX. Muchas de sus páginas las leí en el mismo Centro de Lima, escenario de la mayoría de situaciones que protagonizó uno de los peruanos más celebrados y odiados de su tiempo. A pesar de provenir de una familia aristocrática, don Manuel González Prada tuvo la lucidez necesaria para despercudirse las taras que separaban a los individuos de todo un país.

“Don Manuel” es un repaso por la historia política y social de una Lima que, a pesar del tiempo transcurrido, aún sufre de las mismas injusticias y desigualdades de hace varios siglos.


Si hubiera escrito este brevísimo recuento apenas hube terminado de leer el libro (o sea, hace siete meses), los detalles, que fueron reveladores y noticiantes, hubieran aparecido por doquier. Ahora, casi los he olvidado.