lunes, 18 de agosto de 2025

Novela Peruana "Brutalidad" de Daniel Gutiérrez Híjar - Cap 28: La Camarada Eva pelea con su madre en la Noche Morada

 


Luego de que su mamá, una anciana de casi noventa años, le interrumpió una de sus transmisiones en Kick, toc, toc, toc, Groover, Groover, ¿todavía sigues despierto y gritando? ¿A qué hora te vas a dormir?, el mencionado Groover la depositó en un asilo, castigándola y, de paso, apropiándose de su modesta casa. Quedó profundamente resentido con ella porque debido a esa maternal intervención, sus seguidores, pero sobre todo sus enemigos, le perdieron el respeto y el temor, empezándolo a tratar como un meme.

Su resentimiento se extendió hacia toda aquella madre autoritaria, entrometida y huelepedos que le recordara a la suya; como la madre de Eva, la camarada.

***

¿Ya te compraste tu vino?, dijo Groover, el productor del programa de Eva.

Sí, viejo lesbiano, ¿aquí no ve?, dijo Eva, mostrando una botella a medio consumir.

¿O sea que recién vamos a empezar el programa y ya te has tomado media botella?, sospechó Groover. No me quieras ver la cara de huevón, conchatumadre.

Oye, viejo maricón, usted a mí me respeta, ah. Y no; esta botella recién la he abierto. Solo que me he tomado un par de vasos mientras prendía mi computadora para hacer el programa. Llegué con sed de haber caminado tanto buscando trabajo. ¿Me cree o no?, se defendió Eva.

Bueno, ya, concedió Groover, te creo. Ojalá nomás no me estes viendo la cara de huevón. No quiero creer que yo, don cojudo, te esté mandando veinte soles para que te compres un vino nuevo para el programa y tú me estés estafando, quedándote con los veinte soles para que mantengas al gordo vago de tu enamorado y muestres en pantalla la botella que dejaste a medias el programa pasado.

Si quiere, me cree, Viejo. Yo no voy a decir nada más, dijo Eva, rendida de discutir con Groover.

Ya, mamita, pasemos a otro tema mejor. Cuenta. ¿Qué fue de tu belleza esta semana? ¿Qué has estado haciendo? Sabes que tienes tus seguidores, ¿no? Desde que te vieron el chonchón por nuestras pantallas (yo, por supuesto, tuve que hacer el zoom respectivo para el regocijo de tus fanáticos), hay una larga lista de pajeros que me piden tu presencia a través de nuestras ondas.

Qué palabrero eres, Viejo. Bueno, les puedo contar a todos esos pajeros que me siguen que, para dejar de decir huevadas cuando hable de política, he empezado a estudiar por mi cuenta. Estoy leyendo todo sobre cómo y cuándo surgió la derecha y la izquierda en el Perú.

Putamadre, ya era hora de que leyeras un poquito para que des tus opiniones con una basatura sólida. Porque te diré que yo me declaro maoísta en un punto muy concreto, pontificó Groover; y es en el siguiente. Los televidentes podían oír las hojas de un libro que Groover manipulaba detrás de su cámara siempre apagada. Tengo aquí un libro de la edición de Pekín del año 72, Citas del presidente Mao Zedong. Este libro ha circulado mucho aquí, de modo que te cito esta edición, página 244. ¿Qué dice Mao? Dice: ‘Quien no ha investigado no tiene derecho a hablar. Aunque esta afirmación mía ha sido ridiculizada como empirismo estrecho, hasta la fecha no me arrepiento de haberla hecho; al contrario, sigo insistiendo en que, sin haber investigado, nadie puede pretender el derecho a hablar. Hay muchos que apenas descienden de la carroza comienzan a vociferar, a lanzar opiniones, criticando esto y censurando aquello, pero de hecho todos ellos fracasan sin excepción porque sus comentarios o críticas, que no están fundamentados en una investigación minuciosa, no son más que charlatanería’. Eso decía Mao. Amén.

¿Quién? ¿Meao? ¿Quién será ese huevón, viejo lesbiano? Usted siempre me saca nombres raros para apantallarme, dijo Eva y se secó otro vaso de vino. ¡Ay, qué rico! Así me gusta mi vino, heladito.

Así, chupa, chupa, tienes que darnos chow, ah, exigió Groover. ¿Y qué sabes hasta ahora de la derecha y la izquierda?

Ah, ya, bueno, como le decía, dijo Eva, entusiasmada, he aprendido que la derecha nació en la guerra de independencia contra los realistas. Ellos eran de derecha, Viejo.

¿Quiénes?, se sorprendió Groover.

Los realistas, pues, los realistas. Ellos fundaron el partido de la derecha bruta y achorada en el Perú. Eva coronó su comentario llenándose el vasito de vino.

Mira la huevada que hablas, se carcajeó Groover. O sea que la derecha nació con los realistas. ¿Y la izquierda?

La izquierda ya existía, Viejo. La izquierda nació con los incas. ¿No ve que ellos eran colectivistas? ¿O sea comunistas? Vivían en comunidad. Los incas fundaron el partido comunista antes de que vinieran los realistas brutos y achorados, expuso Eva con determinación. Y todavía sigo leyendo más. Quiero hacerme una experta en el tema político para que nadie me refute mis opiniones.

¡Ahhhh, ahhhh! Groover estaba a punto de colapsar. No podía comprender que una sola persona pudiera decir tantas huevadas de un tirón y dándoselas de culta para concha. Puta, Eva, si hablas cojudeces leyendo, ¿cómo sería si estuvieras en un estado de pura brutalidad?

Ay, usted solo me critica, viejo lesbiano. A propósito, ¿ya se cambió de pañal? Jus jus jus, rio Eva.

 Ya, chupa, nomás, cojuda, danos más brutalidad, más cojudeces.

***

Toc, toc, toc. Era la puerta del cuarto de Eva.

Eva, Eva, estás gritando, baja la voz, carajo. Era la exigente y rigurosa voz de la veterana madre de Eva.

Mamá, no jodas; estoy trabajando, putamadre, gritó Eva. Iba ya en las postrimerías de su segunda botella de vino.

¿Trabajando?, insistió la señora, estás gritando, cojuda. Tu papá necesita descansar. Mañana tiene que levantarse temprano para ir a trabajar.

¿Trabajar?, dijo Eva, sarcástica. Sus padres eran muy mayores; hacía tiempo que habían pasado los ocho cheques. Apenas si podían moverse. Ya está viejo; qué va a trabajar ese huevón. No jodas, pues, mamá.

Tiene que trabajar, pues, cojuda, ¿cómo crees que pagamos las cuentas? ¿Crees que el internet que usas para emborracharte se paga solo? Tu papá, con sus ochenta y tantos años, todavía tiene que ir a la oficina.

Ay, mamá, yo también estoy trabajando. Me están pagando por emborracharme en vivo. Deberías estar orgullosa de mí, y lo único que haces es quejarte y venir a interrumpirme. No me dejas crecer profesionalmente. Cierren bien la puerta de su cuarto y no me jodan.

Los televidentes del programa de Groover, mejor conocidos en el mundo de las redes sociales como Los Dibujitos, disfrutaban de la discusión entre Eva y su mamá ya que el productor, Groover, en lugar de haber silenciado el micrófono de Eva, le subió todo el volumen. Quiso registrar hasta el más mínimo susurro. Esta situación fue similar a la vez en que Groover maximizó la imagen de la cámara de Eva, cuando esta, en un programa anterior, por lo borracha que estaba, defecó en una esquina de su cuarto, sin haber tomado la precaución de apagar la cámara. Groover se solazó maximizándole el culo y la panocha.

¿A emborracharte le llamas trabajar? ¿Quién es el maldito que te paga para que hagas esa clase de trabajo? Eres una ladina, eres una caradura.

Ya cállate, mamá. Viejo, ¿en qué estábamos?

Putamadre, ¿dónde está tu profesionalismo, carajo, Eva?, dijo Groover, sardónico. Yo te pago para que des un buen chow y te vienen a interrumpir. ¿Dónde estamos? ¿Qué se habrá creído tu vieja para interrumpir así el programa? ¿Que acaso no ve que tienes miles de seguidores impacientes por verte y oírte?

Sí, pues, mi vieja es una mierda, gritó Eva, quien creía estar hablando con un tono de voz neutral cuando en realidad su borrachera le impedía darse cuenta de que todo el vecindario, en especial sus ancianos padres, martirizaban sus oídos con sus destemplados desafueros.

Ya me cansé, muchachita de miércoles, dijo la madre, tratando de tumbarse la puerta del cuarto de Eva.

No hagas fuerza que te vas a morir de un infarto, mamá. Con todos los kilos que tienes encima, se te va a parar el corazón. Y luego yo no me voy a estar haciendo cargo, ah.

Te voy a sacar la mierda, hija de puta, dijo la señora. Ábreme la puerta. A mí me vas a respetar, carajo. Abre, abre. La desvencijada mujer golpeaba la madera con toda la indignación que le causaba tener una hija tan desconsiderada como la legendaria musa de la Brutalidad: Eva.

Cojuda, se me acaba de ocurrir una idea de la putamadre, en la que saldremos ganando los tres: mi canal de Kick, tu mamá y tú, dijo Groover.

Eva, que estaba apoyando su peso contra la puerta de su cuarto para evitar que su madre se la tumbara y le sacara la mierda, contestó: Métete al culo tu idea, viejo lesbiano, ¿no ves que mi vieja se ha vuelto loca?

Uno de los dibujitos del programa comentó: Oye, terruca, ¿por qué tratas así a tu madre? Respeta a tu viejito que todavía trabaja para darte todo.

¿Qué hablas, huevón?, se indignó Eva. ¿Crees que porque mi papá, con sus ochenta años, sigue trabajando para mantenerme yo le debo algo? Nada que ver. Estás mal de la cabeza. ¿Para qué me tuvo, pues? Que se joda. Si traes una hija al mundo, tienes que ver por ella hasta el fin de tus días.

Qué bonita manera de pensar, Evita. No esperaba menos de ti, dijo Groover. Pero te cuento…

La madera de la puerta de Eva empezó a gemir como si se la estuvieran culeando: la mamá se había recostado sobre su superficie, y su inmenso peso le estaba ganando la batalla a las esmirriadas fuerzas de su hija.

Hable rápido, pues, viejo lesbiano, ¿no ve que la pesada de mi mama está a punto de sacarme la mierda?

Vamos a cortar ahorita la transmisión y el próximo fin de semana, en un ring de box, tu señora madre y tú se van a agarrar a guantazos. Vamos a transmitir por mi canal de Kick esa pelea. En el cuadrilátero, se van a decir sus verdades a puño limpio, y la ganadora se llevará un rico premio en dinero.

Los dibujitos celebraron el anuncio. El ciudadano de estos tiempos, como los romanos de la antigüedad, caían rendidos ante un buen espectáculo de sangre.

***

Gracias al apoyo de su socio PelHambre, exitoso empresario de las apuestas del bitcoin, Groover pudo levantar un colosal ring de box, iluminado por unos rocambolescos juegos de luces controlados desde un centro inteligente que estaba listo para transmitir para sus seguidores la gran pelea entre Eva y su principal saboteadora, su mamá.

Para el evento, se había alquilado el viejo Coliseo Amauta, en Lima, y Groover se había forrado con las entradas. Si uno quería ver cómo se volaban las muelas y se tironeaban las mechas madre e hija, debía pagar entre cuarenta y cien dólares.

Bienvenidos al evento central de esta Noche Morada, anunció Groover cuando llegó la hora de la pelea estelar: Eva contra su madre. Con esta contienda, le estaremos poniendo punto final a una noche que sé que ha sido muy grata para ustedes, una noche que me recuerda a aquella noche en que mi líder Alan García regresó de su exilio dorado parisino para volver a tomar las riendas de nuestro convulso país, recitando para ello las inolvidables líneas de Calderón de la Barca que decía…

Se escucharon unas pifias. La gente no quería más floro. Antes de cada una de las peleas preliminares, Groover se había mandado con unos largos soliloquios que disminuían el esperado rating. La gente quería ver el desenlace de una historia de amor y desamor, quería ver un fin sangriento.

Millones de adolescentes vivaban por Eva, por alguien que les sacara la mierda a esas madres castrantes y castigadoras, a esas señoras que les decían todo el tiempo que eran unos inútiles de mierda, unos buenos para nada, madres que se negaban a jugarles un centrito para salir con sus flaquitas o sus flaquitos.

Y, del otro lado, estaban los millones de madres que apoyaban a la mamá de Eva. Por intermedio de ella, querían vengarse de esos hijos sangrones que se aparecían en los eventos familiares solo para picar comida, de esos hijos que pasados los cuarenta todavía seguían succionándoles plata y cariño sin siquiera darles un mínimo agradecimiento, de esos hijos que querían el desayuno en la cama servido a la hora.

Que se saquen la mugre de una vez, gritaban desde la tribuna las gentes sedientas de violencia y sana justicia.

Vamos, Eva, vivaban los jóvenes.

Vamos, mamá de Eva, vociferaban, como diría la misma Eva, las madres cacheras del Perú.

Eva y su madre, cada una por su lado, hicieron un ingreso estrambótico y enloquecedor. Eva vestía una trusa azul; su madre, una señora de más de ochenta años, un pañal rojo. Ambas llevaban guantes que lucían inmensos en sus esmirriadas manos, guantes forrados con lija de construcción para propinar severos raspones al rozar la piel.

***

El referí estaba a punto de dar la señal del inicio de la pelea y Groover, el maquiavélico organizador del evento, se lo sabroseaba en su asiento. Ateo como era, rezaba para que el combate terminase en un cruento empate: muerta la madre, muerta la hija, con harto sangregorio, y mucho chow del bueno dejado como muestra de su desprecio para la posteridad de la humanidad.  

Sin que el propio Groover lo viese venir, con la agilidad de una rata que esquivaba los certeros escobazos que pretendían eclipsarle la vida, se trepó en el ring el streamer KristoRata. Llevaba puesto el mismo short con el que había sido vencido por su rival Kañita de Pescar en la primera edición de la Mecha de Streamers, organizada a su vez por un conocido streamer que se injertó pelo de la zona púbica en la cabeza para no quedarse calvo.

KristoRata quería ganar algo en su vida, como si no hubiera sido suficiente que ya haya ganado notoriedad y mucho dinero en un Perú que premiaba a sus más conspicuos huevones antes que a sus vástagos más ilustrados.

No voy a permitir que una señora de esta edad pelee, mucho menos con esta persona que no merece llamarse su hija. Hazte a un lado mamita, le pidió KristoRata a la mamá de Eva, yo me voy a encargar de poner en su sitio a esta vaga que te ha estado chupando la sangre desde que nació.

La madre de Eva, que era una mujer que cuando se comprometía con una causa iba hasta el final, miró directamente a los ojos del famoso streamer y le dijo: Fuera chuchetumare; esa vaga es mi hija y la única que puede sacarle su mierda soy yo, su madre, así que vete a la mierda. Y de un furibundo izquierdazo logró lo que Kañita de Pescar no pudo: noquear a KristoRata.

La multitud se enardeció. Volaron muchas botellas de cerveza en señal de respeto por el coraje de la anciana. Ya quisiera que así fuera mi madre, decían muchos.  Esta señora no se anda con huevadas, murmuraban otros.

Gracias a semejante despliegue de poder y contundencia, varios de los adeptos de Eva se pasaron a las filas de su señora madre. Ahora era ensordecedor el aliento dedicado a la octogenaria.

***

Entonces el referí no demoró más el comienzo. Eva y su madre chocaron los puños en honor al juego limpio. Empezaron a medirse lanzando fintas. Tanteaban el terreno. Se estudiaban. Buscaban el vacío en la defensa opuesta por el cual pudieran conectar un deleterio izquierdazo o un fulminante derechazo.

Un poderoso remezón musical resonó por todo el auditorio y las gladiadoras volvieron a desconcentrarse. Era la fanfarria que anunciaba el ingreso en la lona del presidente de Colombia, Gustavo Petro. Su visita se debía a las virales declaraciones que había vertido Eva sobre el gobierno peruano y su desidia para con la limítrofe isla Santa Rosa.

Si el Perú tiene olvidada a esa isla, si no la usa para nada y la mantiene en la pobreza, que se la dé a Colombia, pues. Si yo viviera ahí, y veo que las zonas cercanas que le pertenecen a Colombia viven mejor, me hago colombiana. Que me den oro y me hago colombiana. Ni cagando me quedaría donde me tratan mal.

Eso dijo esta pensante muchacha, dijo Petro, abriéndose paso entre las dos mujeres, luego de haber reproducido el clip viral con las declaraciones que Eva vertió en uno de los programas de Groover.

Gracias a esas declaraciones, los peruanos de esa isla recapacitaron sobre el olvido en que los tienen y han elevado su voz al gobierno de la presidenta Boluarte para pasar a ser colombianos. He venido a agradecerle a esta influencer peruana, Eva, que haya expresado de corazón su sentir, el cual se puede resumir muy bien en: si no utilizas algo, cédelo, regálalo.

Petro le pasó el micrófono a Eva para que ratificara sus palabras.

, dijo Eva, yo apoyo que esa isla sea de Colombia, ya que la cachera de la presidenta la tiene abandonada y sin usarla. No la usa, carajo.

Ahí quédese, dijo Petro, ahí quédese.

Eva detuvo sus palabras ahí. Con el rostro sorprendido, miró al presidente colombiano, quien apenas le llevaba una cabeza de ventaja. Eva, desubicada como siempre, no sabía que estaba ante el mismísimo presidente colombiano. Se figuró que era un advenedizo más, un perdido, un inopinado, un espontáneo a lo Augusto Ferrando, alguien que quería chow.

En Colombia, necesitamos más propuestas como la tuya, Eva. Por eso hemos venido a colombianizar tu cerebro, ya que es algo que no usas. Tu cerebro es como la isla Santa Rosa y tú como el gobierno peruano. Lo tienes descuidado, no lo irrigas, no lo cultivas, ni siquiera sabes hablar inglés y te consideras profesora. Entonces, como ese cerebro está limpiecito, sin mantenimiento, yo, Petro, lo pido para Colombia. Aquí está tu oro.

Eva recibió con la boca abierta un pequeño saquito de monedas.

Y, ahora, por favor, acompaña a nuestro médico a la sala de operaciones. Desde hoy, nuestra querida Colombia se hará de un cerebro nuevo que sí será cultivado en las ciencias y en las artes como es debido.

Eva fue sacada del ring y llevada a una sala de operaciones.

Groover se había quedado sin chow.

La putamadre, este terrorista de mierda me ha cagado mi pelea. Esto no se queda así. Síganme las cámaras, carajo, ordenó Groover, llevándose sus cámaras a la sala de operaciones. El unboxing del cerebro de Eva le daría las vistas que necesitaba porque, como dijo Woody Allen, el cerebro era su segundo órgano favorito después de su pichulita.


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