martes, 25 de diciembre de 2012

Días de Acquaforte

El escritor mediocre ya no sabe sobre qué escribir. Está en blanco. Siempre que se sienta frente a esa simulación de la hoja en blanco de la computadora se halla vacío. Eso lo deprime. No lo deprime tanto como antaño, pues hogaño tiene a Morgana, quien con su bella sonrisa y esbelta figura le insufla muchas ganas de seguir viviendo.


Sin embargo, un día sin escribir le recuerda su mediocre destino. Un día que ha transcurrido sin que el escritor mediocre pueda poner por escrito aquello que lo sorprende, agobia o atribula es un día nulo, un día en el que ha consumido inútilmente una parte de ese 21% de oxígeno que cubre la Tierra.

El escritor mediocre sabe que no ha nacido con el instinto negociante que tuvieron su padre y su abuelo materno. No es carismático como su hermano. No es diligente como su madre y su abuelita materna. No es pródigo como sus tíos. El escritor mediocre no ha nacido ni para ser millonario, ni generoso ni bonachón. Ha nacido, únicamente, para escribir sus tonterías más íntimas.

Un día desierto de palabras transformadas en diminutos píxeles en la pantalla o en minúsculos corpúsculos de tinta en el papel revela que el escritor mediocre trató de vivir esa otra vida impostada que lleva, empleando sus exiguas fuerzas en aquello que no es y nunca será.

Un día de esos son el reflejo de que el escritor no tuvo los cojones de dejar esas vidas accesorias para dedicarse a lo único que lo conmueve y estimula: escribir mil y un naderías.

Esos días de páramo son días que no ha vivido, son días de acquaforte: “ya no me conocen, estoy solo y viejo, no hay luz en mis ojos…, la vida se va…”

martes, 20 de noviembre de 2012

Cuerpos Secretos - Alonso Cueto




Alonso Cueto (Lima, 1954) ha publicado “Cuerpos Secretos”, novela que narra las circunstancias en las que un romance, atípico y vetado por la sociedad, se gesta y se complica. Es la historia del amor que surge entre dos amantes muy improbables: una señora de cuarenta años, económica y socialmente muy acomodada, y un muchacho de veinticinco años, cuzqueño, que reside buena parte de su vida en Los Olivos, dedicado a la enseñanza de matemáticas en un instituto sanisidrino. Sus nombres: Lourdes Paz y Renzo Lozano.


Lourdes es una empresaria que se dedica al negocio de las telas. Está casada con el empresario José Schon, personaje que desempeña un cargo ministerial en el gobierno peruano. Ambos viven en una lujosa casa en la urbanización Camacho. Además, como toda familia de boato y poder, tienen una casa de playa en Asia. Es ese balneario el escenario del encuentro entre Lourdes y Renzo, quien viaja hasta allí para darles clases particulares de matemática a los hijos de la vecina de aquella. En uno de los azares creados por el escritor, Paula –nombre de la vecina- le pide a Lourdes que le dé un aventón a Renzo, quien tiene que ir a San Isidro para impartir clases de matemática en un instituto. Durante ese aventón, Lourdes se sentirá atraída por aquel joven, por “el dibujo largo de las cejas, los hombros altos, la tez de color tierra, y en el centro de toda esa larga oscuridad, sus ojos cristalinos.” Previamente, el escritor nos ha narrado la vida monótona y predecible del matrimonio de Lourdes y José, de quien ella sospecha que le es repetidas veces infiel con invariables mujeres. Entonces, el señuelo para justificar el posterior comportamiento adúltero de Lourdes está claramente establecido: una mujer abandonada sentimentalmente que encuentra aquello que cree que carece en Renzo. Desde ese momento, Renzo y Lourdes permanecerán juntos, conversando, conociéndose y citándose en diferentes hoteles, de los cuales, el que más frecuentan es el hotel Cazorla en la avenida Colmena del Centro de Lima. El amor va medrando a escondidas de los respectivos familiares de los protagonistas. Solamente Félix, amigo de Renzo, es eventual testigo de ese amor furtivo gracias a los retazos episódicos que Renzo le cuenta buenamente. Aquel le aconseja a su amigo dejar de ver a Lourdes, pues el marido podría matarlo fácilmente. Un romance erigido por tales protagonistas debe ser descubierto –de lo contrario, la novela no tendría sentido- y obligado a deshacerse por aquellos que nunca estuvieron a favor de semejante enlace. El autor coloca algunos personajes que ayudarán a que el sino de la unión espiritual de Renzo y Lourdes continúe vivo. El final de la historia resulta algo irreal y, al menos desde mi parcializado punto de vista, pobre. Da la impresión de que el autor no sabía cómo terminar su historia. El final escrito contradice los arrestos emprendedores de los protagonistas, cuyos perfiles han sido tenuemente dibujados por el escritor. Además, el final es mediana y mediocremente feliz, lo cual cimienta su pobreza literaria.

El estilo de Cueto es el mismo que sus lectores le conocen a través de sus varias novelas. Uno reconoce esas descripciones lírico-telegráficas que abren párrafos y que compelen al lector a imaginarse los ambientes que usa el escritor a través de aquellos corpúsculos rápidos y precisos con que los pinta. Algunos ejemplos:

“La iglesia en misa de once, las bancas llenas y tantos recuerdos. Una sala con paredes de ladrillos rojos, una fila de bancas, flores en el altar de plomo.”

“La hierba y el muro y la masa serena y furiosa del mar a sus pies, el promontorio de San Lorenzo, la línea que corta el agua en el cielo, el territorio violento y armónico del agua.”

Aquello que causa cierta desazón en la historia narrada es la poca profundidad con la que son retratados los personajes centrales de la novela –ni qué decir de los periféricos-. Una apropiada sumersión en las interioridades de Renzo y Lourdes, por lo menos, explicaría el por qué dos personas tan disímiles y de mundos completamente alejados llegan a amarse con tal furor. Lo sólito, en cualquier latitud del globo, debiera ser que dos personas, al margen de sus etnias o creencias, se quieran o amen; lo insólito, en un país como el Perú, es que dos personas como Lourdes y Renzo se amen con semejante fogosidad. Es decir, en muy poco tiempo –es decir, durante el trayecto de Asia a San Isidro-, años de prejuicio se esfumaron. En una sociedad como la peruana, el individuo de las esferas más altas desdeña al peruano cuyos rasgos físicos son muy semejantes a los de los indios e incas retratados en los libros, rasgos semejantes a aquellos que portan con orgullo los pobladores de las serranías, rasgos como los que posee el que esto escribe. Y este desdén no es propiedad exclusiva de las clases blancas adineradas –uno de los leitmotiv de la novela de Cueto es la diferencia cromática entre sus personajes: lo blanco y lo trigueño-. Si hablamos claro, un cholo con plata comienza a ver a sus “congéneres” por encima del hombro y apuntará siempre, mientras más dinero y estatus acumule, a “emparentarse” con blancos con plata. Basta con echarle un ojo a esta sociedad para enterarse cabalmente de esto que escribo. Lourdes ve a Renzo como un chico de cejas largas, hombros altos, tez de color tierra y ojos cristalinos. La apariencia que Cueto le confiere a Renzo no es muy precisa y parece distar mucho de aquella que caracteriza al peruano de las serranías. Que una señora como Lourdes se hubiese enamorado de un Renzo cuyo rostro se asemejara al de un cerámico mochica propicia, sin lugar a dudas, una verdadera historia de amor dentro de una atmósfera hostil. Por la vaga descripción que hace Cueto de Renzo, parece que ese no es el caso. Es, pues, “Cuerpos Secretos”, una historia que no transgrede ninguna tara social peruana, ya que el autor no tuvo la valentía o el tino de crear personajes más reales ni de explorar en las conciencias de los que ya había creado. Un ejemplo de esto es que Renzo no es un personaje complicado o sinuoso, si tenemos en cuenta que, según el autor, aquel fue violentado sexualmente cuando tenía ocho años de su edad por un tío en el Cusco. Un hecho de ese calibre definitivamente remece a cualquiera y genera un gran impacto en su vida futura. No obstante, Renzo parece haber crecido al margen de las consecuencias de ese funesto episodio y, por el contrario, se relaciona muy bien con las mujeres y con su entorno. Así las cosas, el hecho de la violación se lee como una carga que el autor quiso endilgarle a su personaje para dotarlo de cierto drama que luego no sabe cómo usar ni desarrollar.

El que esto escribe ha vivido en Los Olivos mucho tiempo. Cueto cumple con la descripción de los sitios más conocidos de ese distrito. Menciona, incluso, a la conocida parroquia “El Buen Pastor”, lugar al que acude la atribulada madre de Renzo para rezar por el destino de su hijo y a donde Lourdes llega para entablar con ella una conversación decisiva en la novela. Cueto se tomó, al menos en ese aspecto, el trabajo de investigar aquellos ambientes olivenses que, supongo, no le son muy familiares. Así como no le son familiares, al que esto escribe, los entornos del balneario de Asia.

“Cuerpos secretos” hubiera quedado mejor si la relación de amor que cuenta se limitaba a ser protagonizada por un jovenzuelo que se involucra con una señora mayor y casada, perteneciendo ambos a la misma alta clase social. Un lector, que ha vivido en Los Olivos y que ha padecido diariamente la marginación por el rostro incaico que tiene y por el color terroso de su piel, difícilmente podrá tragarse el cuento de Cueto. ¿Y no es acaso la misión de toda buena ficción convencer a su lector de que las mentiras que cuenta son verdades palmarias?

miércoles, 14 de noviembre de 2012

DiBisa Minera: La Gaceta Deportiva

Conocido por usar constantemente las filudas palabras del diccionario de procacidades cuando su equipo (Procesos Futbol Team) cae aparatosamente frente a sus más encarnizados rivales, el ingeniero Bardales nos concedió una breve entrevista antes del partido que sus dirigidos sostendrán frente a AC Minas.


Daniel (D): Ingeniero, ¿unas palabras?

Bardales (B): Sobre qué, uón. Estoy apurado. Tengo una reunión.

(D): Disculpe, ingeniero. Algo corto nomás. Sobre el partido del jueves.

(B): Qué quieres que te diga.

(D): Cómo ve el partido

(B): Con los ojos pues. Cómo te gusta huevear, muchacho. Allá en el piso 15 hay harto trabajo, ¿por qué no te das una vuelta por ahí? A ver, si te dan algo para hacer.

(D): Claro, claro, ingeniero, como diga. Pero qué opina del partido del jueves.

(B): Nada, nada, solo dile a tu jefe que los peloteros hablamos en la cancha, que no arrugue porque yo he jugado en La Huerta Perdida y en el Callejón de las Siete Puñaladas. Yo le hacía huachitas al jefe de Los Destructores. Además, como ya les he dicho a mis muchachos, “nosotros podemos perder con todos menos con Minas”. También les he dicho: “nuestros rivales son Piping, Inmobiliaria, etc, pero Minas son nuestros enemigos y ningún enemigo mío me puede ganar”.

(D): Ah, ya, ingeniero. Sabias palabras. Suerte en su reunión.

(B): Ya, no te preocupes, muchacho, y ya deja de huevear, pues.

viernes, 2 de noviembre de 2012

"Dabai, Chelo, dabai" - Giovanni Barletti



Gracias a la feliz iniciativa del blog “Lee por Gusto” de obsequiar a sus lectores con libros, pude leer “Dabai, Chelo, dabai”, colección de cuatro cuentos, más o menos extensos, escritos por el moqueguano Giovanni Barletti (1988) y publicados por Cascahuesos editores.
“Dabai, Chelo, dabai” es el nombre del segundo relato que presta su nombre al libro. Este cuento, así como los dos últimos, “Rojizo” y “El detective salvaje”, son cualitativamente inferiores al primero, “Como quien no quiere la cosa”, de lejos el más original, mejor trabajado e ingenioso. No es que los últimos tres relatos sean malos; son buenos y entretenidos. Sin embargo, el primer texto descuella notablemente. Todo esto, claro, según mi modesto, discutible y muy subjetivo parecer. Como diría don Marco Aurelio Denegri, parafraseando al eximio cuentista Cortázar: “Es muy difícil hallar cuentarios que tengan más del 10% de bondad cuentística. Si un cuentario tiene 10% de bondad ya es aceptable”.    

Los cuatro relatos del libro están publicados de acuerdo con el orden cronológico en que fueron escritos, así tenemos: “Como quien no quiere la cosa” en diciembre del 2009, “Dabai, Chelo, dabai” en marzo del 2010, “Rojizo” en octubre del 2010 y “El detective salvaje” en enero del 2011.

Si consideramos lo escrito anteriormente, podríamos inferir que el autor perdió originalidad y desfachatez con el tiempo, ya que “Como quien no quiere la cosa” es un relato que toca problemáticas sociales muy actuales y recurrentes, pero que son tratadas y presentadas al lector de un modo asaz particular e interesante. Digamos, y esto siempre desde mi propia subjetividad, que este cuento podría ser antologable, pues invita al lector a ser parte de la trama de la narración, que no es lineal, sino que salta en el tiempo a través de las voces de sus cuatro personajes principales: Meche, Mario, Tavo y Analú. Este relato involucra al lector y lo convierte en un engranaje necesario para que la maquinaria del texto se mueva. Una característica encomiable del cuento es que le entrega datos discretos al lector para que él arme en su mientes el argumento propuesto.

“Dabai, Chelo, dabai” (en español: “Vamos, Chelo, vamos”) describe los deliquios amorosos de un joven universitario peruano en un lugar tan lejano e improbable como Kiev. La mente del protagonista, Chelo, flota sobre apasionadas nubes creadas por una guapa ucraniana, mientras que su tío (Loco), y el amigo de éste (Deivid Charaja), lo cogen de los pies para enclavarlo en la poco poética realidad que los rodea: “Ten cuidado, Chelo, no confíes en las ucranianas. Ya te he dicho que lo único que quieren es meterte la rata.”

“Rojizo” da cuenta de las peripecias en las que se embarcan un par de amigos cuando deciden incursionar infructuosamente en la proscrita actividad del proselitismo de un grupo marxista. Uno de ellos es arrastrado hacia esa ideología luego de sufrir un revés amoroso a causa de una muchacha que no tenía reparos en relacionarse con tal o cual chico.

“El detective salvaje” es un claro guiño a Bolaño –el personaje principal, un detective taimado, alcohólico y putañero, conduce un coche Impala-. Si bien el relato es entretenido, se regodea en lo repetitivo de los encuentros sexuales del protagonista en lenocinios y en sus grandes curdas.

Si bien estos tres últimos relatos son entretenidos y muestran cierto trabajo técnico, son muy largos; una poda verbal no les hubiera caído mal.

Giovanni Barletti, a pesar de su juventud, demuestra un sano afán por explorar distintos artificios narrativos y, por los epígrafes colocados en el libro, una vastedad de lecturas interesantes. Definitivamente, el primer cuento de “Dabai, Chelo, dabai”, convierte al libro en un texto recomendable.

lunes, 29 de octubre de 2012

Discutible opinión sobre la revocatoria de Susana Villarán

Yo no voté por Susana Villarán. Voté por el candidato de Acción Popular quien, en el ocaso de la campaña, decidió disfrazarse del Increíble Hulk para aligerar su imagen. Esto último me causó cierta desazón pues pensaba votar por él con convicción, porque parecía que contaba con un plan más o menos coherente, según pude apreciar en un debate. En ese episodio, el plan de ese candidato fue, a mi modesto parecer, de lejos, el más serio y organizado. Sin embargo, como en este país priman los circos a las ideas, dicho candidato prefirió unirse al show –disfrazándose de Hulk- y vender una imagen en vez de programas. En cualquier caso, la batalla final tuvo como adversarias a Susana Villarán y a Lourdes Flores.

Sabemos ya que Susana Villarán resultó electa alcaldesa de Lima.

Ahora bien, resulta un tanto incoherente con los principios democráticos tan propugnados y encomiados por la fauna política nacional el hecho de solicitar la revocatoria de doña Susana Villarán del cargo de alcaldesa.

La mayoría de limeños eligió a Susana Villarán pues, imagino, evaluó su programa de trabajo a conciencia. Por tanto, se debe respetar dicha elección. Que la actual gestión de Susana Villarán no sea ahora del agrado de cierto sector político no debiera constituir mérito suficiente para iniciar los trámites de su destitución.

Que se entienda de una vez el proceso democrático. Elegimos a una persona sobre la base de ciertas consideraciones. Si luego dicha persona encabeza una administración regular o mala, pues qué pena, ella deberá cumplir su periodo según la ley que permitió su elección. A quienes deberían revocar del país -si cabe dicha acción- son a esos ciudadanos que la eligieron y ahora la quieren afuera. La gente debe ser consecuente con sus actos. Debemos dejar que la señora Villarán termine su gestión y ejecute las obras que ha planeado para Lima.

Considero que el único motivo para destituir a alguien de su cargo público debe ser la insania total de esa persona. Una persona que no tiene pleno control de sus facultades mentales no debiera ejercer un cargo de tamaña responsabilidad.

jueves, 25 de octubre de 2012

Los detectives salvajes - Roberto Bolaño



«Los detectives salvajes», de Roberto Bolaño (1953-2003), es mucho más que un libro denso -denso por las 609 páginas que tiene-. Es uno de esos textos que abren senderos innovadores en la literatura. El libro que Bolaño publicara en 1998 sirve de acicate para aquellos escritores en ciernes, así como para los que ya llevan ciertos años en la escena, para que no cesen en la búsqueda de un estilo, un estilo que sea atrevido, fresco y propio, que asombre e interese. Asimismo, los lectores que se topen con esta obra totalizadora ampliarán con ella sus horizontes literarios. Es el estilo –y la historia- de esta novela la que la hace legible y entretenida al lector. Y es debido a ese estilo que el autor consideró necesarias emplear tal número de páginas. Uno no se plantea cuántas páginas tendrá una historia. Esa cantidad surge como consecuencia del estilo empleado, de la técnica de la que se eche mano para construir el armazón de aquello que se desea contar.

Como decía Diego Trelles en una entrevista publicada en el blog literario del diario Perú 21 “Lee por gusto”, hablando sobre su premiada novela Bioy: “Bioy no nació así, yo no empecé a escribirla pensando «voy a hacer una novela total», la forma se fue dando y cuando uno es escritor se va dando cuenta de que lo que te dicta la forma es la propia trama, los personajes y las peripecias.” Podemos percibir en la obra de Trelles cierta influencia de Bolaño.

Roberto Bolaño Ávalos dijo, en una entrevista en Chile, que la novela de este nuevo siglo tiene que ser una que no repita a las del Boom. «Los detectives salvajes» es un claro ejemplo de esta novela del nuevo siglo. Lo que propugna Bolaño y sus novelas es la no repetición; la búsqueda de la originalidad. También decía: “Una novela, que solo se sostiene por un argumento y por la forma lineal de contar un argumento, o no lineal, simplemente un argumento que se sostiene en una forma más o menos archiconocida, pero no archiconocida en este siglo sino en el diecinueve, esa novela se acabó, se va a seguir haciendo ese tipo de novelas durante muchísimos años; pero después de «La invención de Morel» (novela de Adolfo Bioy Casares) no se puede escribir una novela en la que lo único que la aguanta es el argumento, en donde no hay estructura, en donde no hay juego, en donde no hay cruce de voces.”



«Los detectives salvajes», ganadora del premio Herralde de novela y del Rómulo Gallegos, está dividida en tres capítulos. El primero y el último son el diario del joven poeta Juan García Madero. El segundo, el más variado y ecléctico, además del más extenso, reúne las voces de personajes que aparecen y desaparecen, algunos; otros, que aparecen y no vuelven a aparecer. Los tres capítulos dan cuenta, en parte, del periplo vital de los personajes principales de la novela, los real visceralistas Arturo Belano (alter ego del autor) y Ulises Lima (alter ego del poeta mexicano Mario Santiago Papasquiaro (1953-1998), que leía poesía enfebrecidamente incluso mientras se duchaba). Estos dos poetas jamás “se echan” un discurso. Son los personajes que los rodean y que los han conocido quienes hablan por ellos. Nosotros los lectores nos encontramos siempre expectantes, con el correr de la historia, ante los diversos testimonios y anécdotas que, como un puzzle, van encajando y construyendo el recorrido de esos dos poetas malditos, enigmáticos y fundadores del real visceralismo: Belano y Lima.

El primer capítulo del libro, es decir, los hechos que suceden a finales de 1978 y que son narrados por  García Madero retratan un México poblado de jóvenes aventureros que experimentan con todo aquello que tienen a su alcance y que tienen en común una pasión que dicta el curso de sus vidas: la poesía. Este capítulo finaliza con la huida de Belano y Lima en un coche Impala. Bolaño, a través de García Madero, retrata vivazmente las mentes adolescentes de los poetas que conforman ese círculo real visceralista.

El segundo capítulo está compuesto por una variedad de personajes quienes en un momento dado han conocido a Belano o a Lima o a ambos durante el exilio de estos personajes por España, África, Alemania, Italia, París, etc. El lector valorará la capacidad del autor para ofrecerle a cada uno de esos personajes una singularidad que difícilmente podrá olvidarse. Me asalta el recuerdo de Xosé Lendoiro, abogado que soltaba frases en latín; el de Amadeo Salvatierra, un escritor carcamal que, entre tequila y tequila, conversaba con Belano y Lima sobre Cesárea Tinajero; el de la fisicoculturista que hospeda a Belano por un tiempo en su casa; el del poeta homosexual y real visceralista Piel Divina; el de Joaquim Font, arquitecto medio desquiciado –nunca se sabe si el loco era él o el resto de personas que lo rodeaban, incluso uno no llega a saber si Font está más cuerdo que nosotros- que les regala el coche Impala a Belano y Lima para que huyan en la noche vieja del 78, etc.

El tercer capítulo retoma las memorias del joven García Madero. Son los primeros días del año 1979 y la mayoría de los hechos se dan en el coche Impala, el cual pasea sus ruedas por distintos pueblitos de Sonora, México, buscando a Cesárea Tinajero, la primera y misteriosa poetisa real visceralista aparecida en los años 20. Las primeras páginas de ese capítulo pueden ser muy instructivas para aquellas personas interesadas en los tecnicismos lingüísticos y poéticos tales como síncopa, gliconio, hápax legómenon, zéjel, epanadiplosis (“…figura sintáctica que consiste en la repetición de una palabra al principio y al final de una frase, de un verso o de una serie de versos. Un ejemplo: Verde que te quiero verde, de García Lorca.”), entre otros. Mientras leía ese torrente de conocimientos puestos en la novela como al desgaire, pues no se percibe que el autor haya pretendido pavonearse con ellos, me decía: ¡Caramba, cuánto sabe este Bolaño! Y la lectura de estos diálogos –conversaciones de poetas vagos y haraganes como lo eran Belano y Lima- claveteados con aquellos términos tan inextricables, al menos para lectores principiantes como yo, o con menciones a los más diversos poetas del mundo, me hacía pensar: ¡Qué sería del mundo si todos los vagos y haraganes poseyeran esa avidez por la lectura como los vagos Belano y Lima!  

Leer «Los detectives salvajes» es penetrar –y dejarse llevar- por la impresionante sapiencia literaria de Bolaño. Al menos, yo me preguntaba “qué no ha leído este Bolaño”.

Juan Villoro, escritor mexicano, dice sobre esta novela: «Los detectives salvajes» son investigadores de la vida, investigadores de la experiencia, que están buscando vivir de manera artística, y que no necesariamente van a escribir una obra o van a pintar un cuadro; simplemente ellos son artistas de la vida. Creo que, en buena medida, por eso los libros de Roberto Bolaño, y en especial «Los detectives salvajes», conectan tan bien con los lectores jóvenes que están tratando de entender la vida como una obra de arte.”   

Toda la novela, en buena cuenta, trata sobre poesía y sobre cómo todo un grupo de muchachos, especialmente dos de ellos, los más visceralmente poetas, viven, como diría el propio Mario Santiago, “sin timón y en el delirio”.

martes, 9 de octubre de 2012

Un hombre feo - Pierre Castro



“Un hombre feo” es un libro de cuentos que, supongo, porque lo acabo de leer, fue uno de los cuatro más vendidos de la Feria del Libro de Lima del 2011 en gran parte debido a lo atrayente de la portada y a lo llamativo del título.

Yo no compré el libro. Lo descargué en formato PDF, descarga que, imagino, cuenta con la anuencia del propio escritor. Saludo y aplaudo esa desprendida iniciativa. Entregarle al lector la novela o cuentos de uno, sin que medie algún tipo de transacción metálica, es ciertamente un acto noble y humilde. Yo no me aventuro a hacer con mi libro tal cosa, pues tengo la seguridad de que nadie lo descargaría.

Pierre Castro Sandoval (1979) es el nombre del joven autor de este libro. Según declara, “Un hombre feo” es una colección de relatos que compuso entre los 17 y los 30 años de su edad. Le presentó 46 textos a su editora, de los cuales 12 tenían en común cierta fealdad –fealdad espiritual, facial, etc.- enlazadora entre sus personajes. De ahí el nombre del libro.

No soy una voz autorizada en la crítica de libros. Así que no criticaré el libro. Solo daré mis subjetivas impresiones.

El primer cuento se titula “Un hombre feo” y encontré en él la conversación más cojuda que una pareja puede sostener. Lo bueno del cuento (Bolaño afirmaba que cualquier libro, por más malo que fuese, siempre contenía algo que podría sernos útil) es que me recordó que debo ver una vez más “Reservoir dogs”.

La mayoría de los cuentos de este libro, si bien son muy entretenidos (a pesar de que descubría la maldad –cualidad de malo- de cada uno de los textos, la frescura de éstos me mantenía pegado a la pantalla), carecen, según mi muy voluble gusto, de un buen final. Encontré finales chatos y sosos, ante los cuales decía lo que los pocos lectores de este blog exclaman cuando lo leen: “Ya, ¿y?”

En el cuento “Cómo ganar un millón de dólares”, encontré insoportable a ese joven intelectualoide que trabaja en una librería e impide, por todos sus medios, que una señora compre un best seller en lugar de un respetable libro de literatura. Me preguntaba ¿qué le importa a ese huevón lo que esa encopetada señora compre o no? ¿Si esa señora quiere leer un best seller o uno de esos libros cuyo título empieza con “Cómo…”, pues que lo haga?

“Diez preguntas antes de dar el sí” discurre en torno a la lectura que dos jóvenes hacen de una encuesta frívola de una revista femenina. Sé que la literatura es ficción, es mentira. Pero la mentira debe ser cojonudamente real. Ahora, me pareció estúpidamente irreal que dos jóvenes de estos tiempos lean con tanto interés una revista de ese tipo (Cosmopolitan, creo) y repasen las preguntas de un tonto cuestionario destinado a mujeres de escaso entendimiento.  Otra vez, la historia es entretenida, pero el final no existe. No hay emoción epilogal.

A pesar de sus finales, o de la inexistencia de ellos en los textos, me gustó el cuento “Carta desde el África”, que narra la historia de un romance a bordo de un crucero. El personaje del multimillonario moreno africano, que gusta por su casi pordiosera humildad, es memorable. Este personaje capturó mi atención seguramente por mi natural predilección por las personalidades que no se toman muy en serio, a pesar de su buena fortuna. El párrafo que transcribo a continuación me gustó mucho porque resalta el carácter sereno, paciente y modesto de Ambers, tal es el nombre del africano navegante: “Allí andaba siempre con esas guayaberas que más parecían como para irse a trapear mercados y por las que nadie (incluyéndome, sí señor) sospechamos que el negro era dueño de la mitad del África y que de haberlo querido, hubiese podido comprar el crucero completo con todos nosotros dentro. No dabas un sol por el negro, pobre negro.”

El libro de Pierre Castro puede ser descargado desde: http://unhombrefeo.wordpress.com/