lunes, 26 de agosto de 2013
El camino - Miguel Delibes
Miguel Delibes (Valladolid, 1920 – ibíd., 2010), extraordinario narrador español, de esos que no pertenecen a ningún grupo o generación precisa, como el no menos extraordinario Camilo José Cela, escribió «El camino», con un estilo muy sencillo.
“Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así. Daniel, el Mochuelo, desde el fondo de sus once años, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal. Después de todo, que su padre aspirara a hacer de él algo más que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a él afectaba…”
Que Daniel pueda tener la cultura que tiene el hijo del boticario, enviado a la ciudad para instruirse, del pequeño pueblecito asentado en un valle de Valladolid, en una España de la postguerra, es el sueño y objetivo testarudo de su padre.
Gracias a esa imposición paternal, Daniel, desde sus once años de edad, recuerda las muchas anécdotas que vivieron sus vecinos del valle y él y sus inseparables amigos Roque, el Moñigo, y Germán, el Tiñoso. Recuerdos gratos, la historia del valle, confluyen en la memoria de Daniel la noche antes de su partida: “Entonces se dio cuenta Daniel, el Mochuelo, de que no había pegado un ojo en toda la noche. De que la pequeña y próxima historia del valle se reconstruía en su mente con un sorprendente lujo de pormenores.”
A través de la inocente mirada de Daniel, apodado «el Mochuelo» por el parecido de su mirada con la de un búho, conocemos a cada uno de los personajes de su pequeño valle, la mayoría con un apodo: las hermanas Guindilla, las hermanas Lepóridas, don José, el Cura, Quino, el Manco, don José, el Maestro, entre otros.
El amor entre los habitantes del pueblo, los chismes, la moral que algunos cuidan con exceso y severidad y que otros, más bien, ven como cosa que hay que respetar únicamente los domingos en la misa, las palomilladas de Daniel y sus compinches, el paso de la niñez a la adolescencia, suicidios, muertes; todo ocurre en esa pequeña atmósfera que uno creería, por estar alejada de la vertiginosa ciudad, aburrida y lúgubre.
Tengo entendido de que esta novela es una de las más celebradas de Delibes, al punto de que se le hizo una película y una serie.
Algunas frases del libro:
“Los mayores tenían, a veces, caprichos más absurdos y tozudos que los de los niños.”
“Cada uno en lo suyo, desde luego, pero los vagos no son vagos no son vagos porque no quieran trabajar en las cosas de los demás.”
Con respecto a la gente que rajaba de Paco, el herrero, Andrés, el zapatero, decía: “Cuando a las gentes les faltan músculos en los brazos, les sobran en la lengua.”
“Y fue el cochino afán del ahorro lo que agrió su carácter. El ahorro, cuando se hace a costa de una necesidad insatisfecha, ocasiona en los hombres acritud y encono.”
“Pero a Daniel, el Mochuelo, nada de esto le causó sorpresa. Empezaba a darse cuenta de que la vida es pródiga en hechos que antes de acontecer parecen inverosímiles y luego, cuando sobrevienen, se percata uno de que no tienen nada de inextricables ni de sorprendentes. Son tan naturales como que el sol asome cada mañana, o como la lluvia, o como la noche, o como el viento.”
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domingo, 25 de agosto de 2013
Ode to stupidity
Si
no respetas la regla, a veces, todo puede irse a la mierda.
No calls or
messages. Never. You do that and something big and shitty might happen.
Rompiste la
regla.
There was no
other escape for me but deny everything.
El
amor enceguece la cabeza de los débiles, de aquellos que, a pesar de los miles
de desengaños sufridos, aún no aprenden
la lección.
I learnt my
lesson years ago, mate. I hope you’ve learnt yours: never call or text me ever.
Si
ya habías dicho que no querías verme jamás, ¿por qué tuviste que repetírmelo dos
veces más?
Have the guts to
admit that it was all your fault. Not mine, mate. Next time control your anger.
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martes, 20 de agosto de 2013
Las tribulaciones del estudiante Törless - Robert Musil
He
leído que el escritor austriaco Robert Musil (1880 – 1942) fue un tipo retraído
durante su niñez y, también, durante los últimos días de su vida. Murió pobre,
en resumidas cuentas, gracias a que llevaba en la sangre el virus de la
Literatura.
Su
primera novela, «Las tribulaciones del estudiante Törless», publicada en 1906, muestra
el espíritu inquisitivo de este escritor. Es una novela de autoconocimiento por
medio del derrumbe de lo familiar y lo conocido. A través de Törless, un chico
que es internado en un instituto pre militar por sus padres, Musil explora las
sensaciones y pensamientos que experimenta un adolescente.
En
este instituto, en el cual conviven únicamente varones adolescentes, Törless
descubrirá la maldad, lo inexplicable, el ridículo sentido de la vida.
Beineberg
es el matón del grupo. Reiting es enemigo solapado de Beineberg, pero prefiere
seguirlo hasta encontrar el momento propicio para arrebatarle el liderazgo.
Törless, durante parte de la historia, los frecuenta. Posteriormente descubrirá
lo estúpido que es ser parte de ese grupo o de cualquier otro. Basini, objeto
de las maldades de Beineberg y Reiting, es un personaje sumiso, débil y
asustadizo.
Los
muchachos, en sus días libres, frecuentan a Bozena, la prostituta del pueblecito
cercano. Törless observa a Bozena, la
estudia, la relaciona con su madre. Piensa qué fue lo que llevó a sus padres a
tener relaciones sexuales, ¿fue amor? «Nada que hicieran los mayores y los
adultos, algo propio solo de sus padres».
Törless
cuestiona todo. En una clase de matemática, los números imaginarios le
desconciertan. Termina la sesión, pero únicamente él le dará vueltas al asunto,
hallándolo absurdo. No entiende cómo, empleando números imaginarios, que en el
transcurso de una operación matemática terminan anulándose, se pueden obtener
resultados concretos y reales. « ¿No es acaso como un puente que solo tiene
pilares a una y otra orilla, y que, a pesar de ello, puede uno atravesar como
si los tuviera en todo el recorrido? Operaciones de esa naturaleza me dan
vértigo.»
Beineberg
y Reiting disfrutan torturando a Basini. Cada uno lo emplea para encontrar la
respuesta de sus propias preguntas existenciales. Beineberg lo desnuda y lo
azota. Reiting lo desnuda y lo sodomiza. Tórless siente asco por Basini, asco
que con el transcurrir de la historia mudará hacia una indiferencia total.
El
estudiante Törless experimenta con la filosofía (tratará de leer un volumen de
Kant que jamás llegará a entender), con la homosexualidad («Junto a su cama estaba
Basini que, con frenéticos y rápidos movimientos, se despojó de la camisa, se
metió bajo las sábanas y apretó su desnudo y tembloroso cuerpo contra
Törless»... «Entonces Törless ya no buscó palabras. La voluptuosidad que, poco
a poco, se le había ido metiendo furtivamente desde aquellos primeros momentos
de desesperación, había alcanzado ahora sus plenas dimensiones. Allí estaba esa
voluptuosidad, desnuda junto a Törless, extendida, cubriéndose la piel con su
blanda y negra capa. Y le susurraba dulces palabras de resignación al oído, y
con sus cálidos dedos hacía a un lado todos los problemas y deberes que
parecían vanos. Y le susurraba: “En la soledad, todo está permitido…”»),
cuestiona la rígida moral de sus padres y profesores, las halla vanas.
La
estadía en ese ambiente, que le había permitido reflexionar sobre lo perverso,
lo amoral y lo prohibido, será esclarecedor para el atribulado muchacho: «Ahora
sabía distinguir entre el día y la noche.
Y el caso es que siempre había sabido hacerlo, solo que una pesadilla se le
había filtrado, borrosa, a través de esa frontera, y se avergonzaba de tal
confusión; mas el recuerdo de que podía ser otra cosa, de que hay alrededor de
los hombres tenues fronteras que fácilmente pueden deshacerse, de que febriles sueños
rondan el alma, corroen los firmes muros y abren de pronto inquietantes,
trágicas calles… También este recuerdo se le había grabado profundamente y
proyectaba pálidas sombras. No podía explicarse gran cosa de este estado; pero
el hecho de que no pudiera expresarlo con palabras le parecía valiosísimo, como
la seguridad del cuerpo fecundado que ya siente en su sangre el tenue tirón del
futuro.»
Luego
de que Musil colocará a su Törless en las situaciones más oscuras y confusas
para un adolescente –o para cualquier ser humano temeroso de conocer y
transgredir sus límites autoimpuestos-, termina su novela dándonos el antedicho
mensaje; es decir, jamás podremos explicar aquello que experimentamos en la
vida durante la búsqueda de nuestro propio conocimiento. Jamás podremos
explicárnoslo, porque la vida solamente se siente; las palabras son como
aquellos pilares o puentes, sobre los cuales nos apoyamos para representar,
aunque no en toda su magnitud, lo que sentimos.
A
continuación, dejo algunas frases interesantes del libro:
«Porque
la primera pasión de los adolescentes no es amor del uno por el otro, sino odio
contra todo.»
«Casi
toda pasión primera dura poco y deja detrás de sí un gusto amargo.»
«Porque
cuando el alma del mundo quiere que una de sus partes permanezca, se expresa
muy claramente. Dice no, crea un obstáculo, nos hace pasar por encima del
gusano o da a la piedra una dureza tal que no podemos destruirla sino con la
ayuda de alguna herramienta. Y antes de que vayamos a buscar una herramienta,
la piedra habrá creado los obstáculos con una serie de pequeñas, tenaces
dificultades, de manera que aun cuando las superamos, la cosa ya tendrá de
antemano otra significación.»
«“Ciertamente
no hay ningún fin”, se dijo. “Todo se proyecta cada vez más lejos, más
adelante, al infinito.”»
«Se
preguntaba qué dirían los demás, sus padres, sus profesores, si conocieran su
secreto.»
«Consideraba
como una cosa inevitable que una persona con una vida interior rica y agitada
viva momentos de los que nadie debe saber nada y tenga recuerdos que conserva
en los recodos más secretos del pensamiento.»
«Así,
cuando una vez alguien a quien él había contado la historia de su
adolescencia le preguntó si este
recuerdo no le causaba vergüenza de vez en cuando, Törless respondió, con una
sonrisa: “No puedo negar que se trató de una bajeza. ¿Por qué iba a negarlo? Ha
pasado. Pero algo quedó: aquella pequeña dosis de veneno necesaria para liberar
el alma de un exceso de salud segura y acomodada, pero que le da, a cambio, una
salud más aguzada, sutil e inteligente.»
«Porque
entonces la palabra de advertencia “moral” quedaba asociada ridículamente a
espaldas estrechas, barrigas prominentes sobre dos piernas como palillos y unos
ojos tan inofensivos, tras las gafas, como dos ovejas paciendo, como si la vida
no fuera más que un prado florido, algo edificante y solemne.»
«Sí,
hay pensamientos vivos y pensamientos muertos… Un pensamiento, que acaso ya
desde mucho tiempo atrás se nos metió en el cerebro, llegará a ser un
pensamiento vivo solo en el momento en que lo anime algo que ya no es
pensamiento, algo que ya no es lógico, de manera tal que sentimos su verdad más
allá de toda justificación intelectual, como un ancla que desgarra carne viva,
sangrante.»
lunes, 5 de agosto de 2013
Cementerio general - Un comentario
«Cementerio
general» es una mierda.
Con
esta afirmación, totalmente parcializada, subjetiva, insolente, procaz, pero
muy sincera, no trato de espantar al público de ver esta película peruana.
Además, ¿quién podría ser tan corto de entendimiento para dejarse llevar por mi
soez comentario?
Tengo
en cuenta que hay que alentar los emprendimientos de nuestros compatriotas en cualquier
actividad artística que propongan concretar. Casi siempre, el Perú es un medio
hostil para el arte. Sin embargo, el vínculo que nos une, la territorialidad,
no debiera ser óbice para exponer abierta y sinceramente el sinsabor que me ha
dejado esta película.
Guión
pésimo, diálogos sosos y poco creíbles, actores inánimes, nula originalidad. El
único rasgo original que se le puede atribuir a esta producción es ser la
primera película de terror hecha en el Perú. Hasta ahí estamos bien. Pero ¿por
qué diablos tuvieron que copiar pésimamente a las películas gringas?
Desde
hace años, las películas tipo «Actividad Paranormal» nos han saturado con todos
los trucos que Hollywood emplea actualmente para provocarnos miedo. Sabiendo esto,
¿por qué «Cementerio General» usa los mismos trucos? Y, encima, los usa mal. ¿Dónde
está la originalidad? Por favor, ¿era necesario que uno de los protagonistas
usara todo el tiempo una camarita?, ¿no tenemos los peruanos algo de ingenio?1
Otro
gadget copiado clamorosamente del extranjero: usar a una niña como elemento de
terror. Maquillaje barato, sonidos tremebundos que remueven los tímpanos cuando
aparece la supuesta niña poseída y ya, ¿así creían generar terror estos
productores de pacotilla?
Se
puede tener un bajo presupuesto, pero no un guión con diálogos sin vida y, peor
aún, actores que no saben actuar. Carajo, es indignante la escena en la que dos
chicas (la que ha perdido a su padre e intenta, a instancias de sus amigos,
contactarse con él por medio de la ouija, y la que tiene una tía experta en
magia negra, a la que le ha sustraído un tablero real y verídico para jugar
ouija, que organiza la sesión dentro del cementerio general) se confrontan,
pero de un modo tan falso, que no fue raro ver cómo se caían las caras de la
gente, en el cinema, por la vergüenza ajena. Toda la película fue falsa; jamás
transmitió verdad. Y lo que el espectador quiere es comprar una verdad, olvidarse
de la realidad y vivir otra historia tan o más real que su propia vida; el
espectador no quiere lamenta el haber
comprado una entrada de mierda para una película aterradoramente falsa.
Otra
escena cojuda fue una anterior a la descrita. Los personajes principales están
jugando a la ouija en la sala de la casa de la chica que perdió a su padre. No
pierdan la paciencia con el huevón que no deja de filmar cada movimiento,
porque el idiota ése lo seguirá haciendo hasta el final de la película. Bueno,
casi hasta el final. En esta ocasión, el
tablero es una hoja de papel sobre la que se ven dibujados chapuceramente los
símbolos característicos del tablero original. En el grupo reunido hay un
payaso, un pedejerete, un bacancito y un tontorrón. El bacancito le dice al
tontorrón, que es un personaje adiposo, que anote las letras que la supuesta
alma del padre de la chica dicta a través del movimiento de la moneda sobre el
abecedario del papel. Cuando la supuesta alma ha terminado de expresarse, el
bacancito le dice al tontorrón «lee, gordo, en voz clara y alta». El tonto lee:
«Soy un imbécil». No negaré que todo el recinto se partió de risa. Yo no.
Lamento aguarles la fiesta. Pero ¿cómo puedo creer que el gordo huevón no fue
capaz de ir atando cabos sobre la frase que su puño redactaba mientras escribía?,
¿puedo creer que existe una persona tan cojuda que se da cuenta de lo que ha
escrito cuando ha terminado de escribirlo?
«Cementerio
general» logra abarrotar las salas de los cines de la ciudad porque es la
primera película de terror que produce este país. Creo que ése es el gancho. No
obstante, dudo seriamente que alguien que ya la vio repita esa experiencia.
Mejor,
olviden las palabras que aquí he vertido, vean la película y obtengan su propia
opinión.
1 Por
si acaso, si algún productor está interesado, tengo pergeñada en la mente una
historia realmente terrorífica y original. Si desean hacer negocios, pueden
contactarme.
martes, 23 de julio de 2013
Yo, Pedro - Pedro Suárez-Vértiz
A mi tío Roger, admirador de Pedrito desde aquellos años noventa.
Quiero suponer que las personas que nacimos en 1983, o alrededor de ese año, hemos disfrutado de nuestra adolescencia con más de una canción de Pedro Suárez-Vértiz. Escuchar algunos de sus éxitos nos transportan a esa época de transformaciones y descubrimientos.
Ese fue un motivo suficiente para comprar Yo, Pedro y leerlo prontamente. Pero hay algo más detrás de las canciones que nos hacen evocar tiempos que creemos felices; está el cantante, el artista. Y Pedro Suárez-Vértiz es un artista singular, con ideas, con una personalidad franca, abierta, inquisitiva. Sobre todo, un artista que posee un espíritu sencillo y empático, que le ha permitido ganarse la amistad incondicional de miles de peruanos, peruanos quienes, justamente por las razones antedichas u otras de diversa índole, agotaron el tiraje de su libro en la reciente feria.
Yo, Pedro es desenfadado, es diverso, es religioso, discurre y gana tangentes para luego regresar al cauce original. Está escrito por alguien que ha alcanzado esa etapa serena de la vida, luego de mucho experimentar, fracasar, vivir, y que te escribe desde allí, sin pretender ser un sabio infalible. Es decir, te aconseja como lo haría tu pata. Pedrito expone sus ideas de una manera muy cool. Cuando habla sobre la ansiedad en las relaciones interpersonales, en la página 138, dice: «Si no eres ansioso, eres de los que recibirán propuestas. Los gringos le llaman a eso ser cool. Lamentablemente, no hay traducción exacta en español para esa palabra que explica tan bien el perfil de quien es estable emocionalmente.» Líneas después, como en este caso, nos dice verdades que, quienes nos hemos enamorado, o simplemente vivido con intensidad, ya sabemos o intuimos: «Quien te sepa jugar al vacío te hará extrañarlo. Y esa es la gente no ansiosa. No se debilitan como tú con su propio carácter. No se desesperan». Y, definitivamente, Pedrito se hace querer.
Si solo compraste el libro para saciar tu morbo sobre el problema que Pedro afronta actualmente, él te lo explica en las primeras páginas. Pero si lo compraste para conocer un poco más al artista que nos ha regalado un sinnúmero de canciones indelebles, puedes leer esta mezcla de anécdotas y máximas de vida en las páginas posteriores.
Pedro habla de todo, pero principalmente del amor. Uno puede discrepar de sus opiniones, pero no podrá negar que se trata de la sabiduría que te ofrece alguien muy recorrido y ducho en ese tema, alguien que posee la peculiaridad de ver la aguja en el pajar. Como nos sucede a todos luego de que hemos sufrido algún importante revés en nuestras vidas, analizamos con calma lo que hemos hecho hasta el punto actual. Sacamos conclusiones. La veta filosófica de Pedrito se muestra ahora, lúcida y serena, cool, cuando atraviesa uno de los momentos más «inesperados», según él, por su rara disartria. Al respecto dice, en la página 24: «Yo estaba preparado para todo, menos para un problema muscular que se manifestaba en el habla; jamás lo imaginé. Tomé seguros para todo, accidentes, infecciones, muerte, pero no para esto». Pero Pedro es un ganador nato, no se desanima, la vida le ha enseñado a ser cool: «No estaba preparado, pero asumí el reto y tomé la decisión de no darle ni media vuelta más. Nunca me dio lástima, nunca derramé una sola lágrima. Simplemente me lo eché al hombro y me dispuse a que nada inmutara mi felicidad de tantos años».
Son imperdibles los encuentros de Pedrito con personajes tan disímiles como Hernando de Soto, Roque Benavides y Luisa María Cuculiza. O aquel cuando conoció a Emilio Estefan, gracias a un amistoso gesto de Jaime Bayly.
Pedro es agradecido. Característica tan notable en estos tiempos de atropellos y desvergüenzas.
Pedro es un gran conversador. Los grandes conversadores son aquellos que se interesan por lo que el otro tiene que decir. Aquellos que muestran empatía. No son grandes conversadores esos que pretenden imponer sus ideas. Así transcurrió la conversación entre él y Hernando de Soto en un avión. Pedro, humilde, como un alumno, buscó la sabiduría que aquel baquiano y experimentado caballero podía darle. Así, recibió varias y útiles lecciones: «Tú habrás visto los miles de congresos y convenciones que se hacen en Estados Unidos. Bueno, resulta que muchas veces las cosas que se exponen ahí o las conferencias que se hacen no son el principal motivo por el que la gente va. Hay momentos importantísimos en esos eventos que poco o nada tienen que ver con las materias que los expositores ofrecen. Son los momentos del coffee break, las esperas en grupo del ascensor, las búsquedas del baño, los caminos de ida o de vuelta al hotel. Porque ahí interactúas socialmente con otras personas que, como tú, también han asistido a estas convenciones y generas contactos muy importantes para el desarrollo de lo que estés haciendo. […] Todos quienes van a estas convenciones son unos tontos si solo lo hacen para regresar con un certificado para colgarlo en la pared». Más adelante, De Soto remata: «Porque en este mundo hay algo tan o más importante que el know-how, y ese es el know-who».
Pedro es un tipo genuino que no estudió en la universidad para conseguir un trabajo, sino por un mero «escozor intelectual», como llama el autor a ese afán desinteresado por descubrir aquello que captura tu atención.
A ver, a continuación, y con el permiso de Pedro, extraeré de su libro algunos de las frases que me dejaron pensando. Yo, Pedro contiene muchas ideas. Puedes estar a favor de ellas o no, pero, sin duda, este libro te invita a reflexionar. Y eso se agradece. Leamos, pues, algunos fragmentos del Bob Dylan peruano, tal como lo bautizó Jaime Bayly (autor del prólogo de Yo, Pedro) en alguno de sus programas.
«Lamentablemente, el estrés siempre busca salidas rápidas, y eso solo está en los placeres: comer, dormir, sexo, shopping, cash, trago. Pero los placeres satisfacen solo por momentos. No proyectan nada. Tendrás nuevamente sueño, ganas de sexo, de comprar, etcétera. […] No hay que buscar la felicidad a través de la satisfacción, de los placeres. Hay que hacerlo a través de algo más durable: el gozo».
«Con una mujer solo funciona el diálogo, jamás la discusión. Si ella está alterada, no debe haber discusión en lo absoluto, sino solo estarías apagando fuego con gasolina. Dialogar es querer oír al otro, discutir es solo querer ser escuchado».
«Y no es que no exista la felicidad, sino que la felicidad es muy simple y elemental. Si la piensas mucho, se escurre. Una mente amplia no la ve. Siempre la deja ir. La inteligencia y el conocimiento solo te complican. “El árbol de la ciencia –le decía Dios a Adán y Eva-. Aléjense de él”.»
«Háganme caso: un taxista viejo puede saber más de la vida que un doctor en Filosofía. Pero el mundo no lo ve así y por eso está de cabeza».
«Porque, según él (Hernando de Soto), el destino tiene mucho para uno, pero hay que dejar que éste te arrastre con confianza».
«El matrimonio debe ir de menos a más, no de más a menos. Sexo y dinero se cuidan, se ahorran. La meta no son ustedes, mirarse a los ojos y tortolear, porque eso acaba en divorcio. La meta es construir, emprender, planear, amoblar la casa, soñar, sufrir por falta de plata. Eso es bello y los une intrínsecamente. Crezcan, tengan hijos, llévenlos al cole, preparen loncheras, vean tele juntos, planeen cositas nuevas para la casa, escojan de a dos.»
«Todo satura. Tanto las relaciones como la soltería. […] Pasar de una pareja a otra sin hacer espacios es un error, es sucio, es traicionero y, lo peor, no deja que uno se conozca, no deja que estés contigo a solas. Postergas el conocerte todo el tiempo, el saber quién eres, y no llegas a ningún lugar».
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jueves, 18 de julio de 2013
Vergüenza Nacional: Anticuchazos y Repartijas en el Congreso
El Congreso de la República no vela por los intereses de los ciudadanos comunes y corrientes sino por los de aquellos que, parapetados tras un muro alto y grueso de dinero, pretenden controlar el poder político del país para reforzar sus antedichos muros.
Es así: la gente de dinero, aquella que está enceguecida por los fajos de billetes que cubren sus ojos, coloca en el poder a personajes fácilmente manipulables y desechables, que se venden por un plato de lentejas y les facilitan la consecución de más dinero para sus arcas. Pasa aquí y pasa en todos lados. ¿Acaso no fue William McKinley, vigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, electo en tal cargo gracias a las influencias de los grupos económicos de aquella época (fines del siglo XIX) representados por J. P. Morgan, A. Carnegie y Rockefeller?
En el Perú, una denominada “alianza partidaria”, conformada por representantes de Gana Perú, Perú Posible, Fuerza Popular y Alianza por el Gran Cambio, eligieron a personajes con oprobiosos presentes y pasados para cargos en instituciones que son sinónimas de independencia y transparencia como el Tribunal Constitucional (TC) y la Defensoría del Pueblo.
Pero estos congresistas (en general, porque cuando llueve todos se mojan. Aunque hubo excepciones honrosas, como la de la congresista Tait que, más que abstenerse de votar, declaró abiertamente y sin temor su posición en torno a la repartija que se iba a llevar a cabo), ¿a quiénes eligieron para tutelar las antedichas instituciones?
Veamos:
Los seis nuevos miembros del TC son:
Rolando Sousa
• Ex congresista fujimorista
• Buscó la anulación de la condena de Alberto Fujimori por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta.
• Fue defensor de conspicuos fujimontesinistas, como Nicolás Hermoza, César Saucedo y Julio Salazar, condenados por delitos de corrupción y contra los derechos humanos.
• Buscó bloquear las investigaciones de la Dirandro sobre las acusaciones de lavado de dinero del grupo mafioso Sánchez Paredes.
• Defensor del sinvergüenza, ex alcalde de Pucallpa, Luis Valdez, a quien se le procesó por lavado de activos.
Ernesto Blume
• Defensor del corrupto alcalde de San Juan de Lurigancho, Carlos Burgos, quien fue acusado de estafador, prepotente y un largo etcétera.
• Se ha comprobado que el estudio jurídico de Blume le brinda asesoría al municipio que malhadadamente dirige el sinvergüenza de Burgos nada más y nada menos que por medio millón de soles.
Víctor Mayorga
• El popular “Chaparrón”.
• Ex congresista: En estos tiempos, haber sido congresista, o serlo, es ya un delito, creo yo.
• Su asistente, Isidro Villa, lo acusó de irrogarse parte de su sueldo.
• Se dice que en Cusco tiene abierta una investigación por falsificación de documentos.
Cayo Galindo
• Fue asesor del actual presidente del Congreso, Víctor Isla. Eso ya es sospechoso. ¿No hubiera sido lo correcto no presentarse como candidato al TC mientras su ex asesorado fuese presidente del organismo que lo elegiría? Pero no les pidamos alguna cuota de rectitud a estos personajillos.
José Luis Sardón
• Es integrante del directorio de Reflexión Democrática, ONG que dirige Roque Benavides. A ver, ¿cómo se puede elegir a alguien que guarda relación con una parte involucrada en el sector que más problemas genera entre el Estado y la población, es decir, la minería? Se podría sospechar, y con razón, de la existencia de parcialidad en los fallos que emita este magistrado electo, en un caso minero por ejemplo, a causa de su estrecha relación con uno de los más conspicuos representantes de dicho sector. Yo no digo que no trabaje para Roque Benavides. Puede hacerlo. Está en su derecho. Pero, en tal caso, no debió postularse para un cargo que requiere de su más absoluta independencia. Yo trabajo para una empresa fundada por los Benavides y ese solo hecho me convierte, ante los ojos de la ciudadanía, en sospechoso de favorecer cualquier tipo de movimiento, legal o ilegal, que el grupo minero encabezado por dicha familia ejecute si se me eligiera como tribuno del TC. Un tipo en mis zapatos, que guarde cierto respeto por el país, no se presentaría, pues, para candidatear una plaza en el TC.
Francisco Eguiguren
• Se mostró a favor de la postulación de Nadine Heredia a la Presidencia del Perú.
Por otro lado, la nueva defensora del pueblo es Pilar Freitas, quien hasta hace poquito nomás era dirigente de Perú Posible, el partido del mitómano enfebrecido de Alejandro Toledo.
Nos mueve a la risa oír que se desligó ayer de Perú Posible para garantizar la “independencia” de su gestión como defensora del pueblo. Sí, claro.
No quiero ser moralista, porque no lo soy, y sé que nadie en este mundo es un santo, pero, estimados animales del Congreso, ¿no pudieron elegir a personas menos manchadas para ocupar los nobles sitiales del TC y la Defensoría del Pueblo?
No, no pudieron, justamente porque los flamantes elegidos resolverán en favor de sus patrones y no en favor del pueblo de mierda.
Ayer ha quedado demostrado que los faunos del Congreso, del Gobierno, Humala, y demás lacras, simplemente se cagan en nosotros, el pueblo oprimido de mierda que les da de comer.
Estos candidatos ya estaban elegidos desde hacía mucho, tal como lo demostraron los audios de la vergüenza. Bien lo dice hoy el Diario 16 (cuya lectura recomiendo para conocer más detalles sobre lo acaecido ayer): «El debate previo solo fue un ‘show’ para la televisión y la radio porque por más que los expositores se quejaron de lo que se venía, los votos ya estaban asegurados».
miércoles, 17 de julio de 2013
Hemingway - Kurt Singer
Si
solo se me permitiera usar una palabra para describir a Ernest Hemingway
(21/07/1899 – 02/07/1961), usaría «intrepidez». ¿Por qué?
A
ver, ¿cómo se ha definido oficialmente la palabra intrepidez? De acuerdo con la
vigésima segunda edición del diccionario de la lengua española, intrepidez
posee dos acepciones. La primera dice que intrepidez significa: «arrojo, valor
en los peligros»; la segunda, «osadía o falta de reflexión». Ambas acepciones
vivieron dentro de este gigante amante de la «Fiesta Brava» y de «la mar».
Porque
hay que ser intrépido para asistir, por voluntad propia, a la Primera y Segunda
Guerra Mundial, y a la Guerra Civil Española además; hay que ser intrépido para
casarse más de una vez; hay que ser intrépido para haber escapado de la muerte
innumerables veces; hay que ser intrépido para coger la escopeta favorita,
aplicársela en la boca y apretar el gatillo, adelantando una muerte que
llegaría de todos modos, pero de una manera alambicadamente dolorosa, pues
padecía de cáncer a la piel.
Se
lo dijo el mismo Hemingway a Singer unos meses antes de eliminarse: «Todavía
estoy muy fuerte. Condenadamente fuerte. Al menos, así lo creo. Me gusta vivir
ahora más que nunca. Pero si alguna vez me sintiese mortalmente enfermo, deseo
acabar pronto. Mi padre se suicidó. Cuando joven pensé que era una cobardía,
pero desde entonces he aprendido a enfrentarme con la muerte. Hay en ella
cierta belleza, reposo, una transfiguración que no me asusta. No solo he visto
la muerte, sino que soy una de las pocas personas que han leído su propia
esquela de defunción. Esto me ocurrió después de mi accidente de aviación en
África. Es como pescar merlines. Los merlines nacen para ser pescados. Un
hombre nace para morir. Pero, mientras vive, debe hacerse lo mejor que se
pueda. Vivir significa hacerlo plenamente».
Kurt
Singer, en su libro Hemingway: The life
and death of a giant, ofrece el retrato de un hombre que vivió para
experimentar grandes pasiones. El autor iba a publicar este libro mientras el
hagiografiado aún vivía. Sin embargo, la muerte de este grande de la
literatura, no solo sorprendió a Singer, sino a medio mundo.
Hemingway
fue un tipo sincero con su naturaleza; por tanto, su literatura debía ser tan
franca y llana como él. Muy joven, huyó de casa para trabajar como periodista
en el Kansas City Star, diario de
Kansas City, ciudad que en 1918 era, según Singer, «una ciudad de corrupción y
pecado, con más prostíbulos que Honolulú durante sus peores días. Era un ciudad
donde pululaba el crimen, henchida de corrupción, y a la sazón se agitaba a
causa del reclutamiento de soldados para la guerra».
En
el Kansas City Star, Hemingway
aprendió dos reglas básicas que emplearía en sus escritos «usar frases cortas»
y «emplear un estilo brillante». Además, se debía huir del uso de adjetivos
literarios como quien huye de una enfermedad. Así, «adjetivos como espléndido,
maravilloso, grande, bellísimo, eran tachados con lápiz rojo». Aprendió que
debía usar verbos. «Usen verbos: hay que dar acción; no adjetivos. No hay que
criticar, sino ser positivos. ¿Por qué diablos hay que despistar a los
lectores?».
Papá,
como se le conocía también, fue galardonado con el premio Pulitzer y el Nobel.
Singer
cuenta que el Nobel William Faulkner declaró acerbamente en contra de la
literatura de su compatriota: «El mundo de Hemingway es limitado. No tiene
valor; nunca ha dejado de arrastrarse por los suelos. Nunca ha usado una
palabra que obligue al lector a echar mano del diccionario para comprobar si el
término está bien empleado». Sin embargo, a Ernest le tuvo sin cuidado la
opinión de Faulkner pues había escrito sus libros sin compromisos y con el
estilo sencillo que siempre buscó.
Rescato
el siguiente pasaje del libro, en el cual Hemingway dirige un consejo a aquellos
autores noveles: «El joven autor, a causa de las enormes dificultades que halla
para escribir bien, debe ahorcarse. Luego debe cortar la cuerda de un solo
golpe y esforzarse en escribir lo mejor que pueda por el resto de sus días. Al
menos, para empezar, ya tendrá la historia de su ahorcamiento».
Hemingway: The life and
death of a giant es
una obra escrita con objetividad y detalle, que nos familiariza con el
legendario escritor de «El viejo y el mar» y «Por quién doblan las campanas».
Singer anota: «No, el mundo no ha terminado con la leyenda de Hemingway.
Continuará aumentando. Hemingway no se aventuró al matarse. Empleó una escopeta
de cañón doble, con incrustaciones de plata, su favorita, especialmente
fabricada para él».
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