jueves, 19 de febrero de 2015

Aves sin nido - Clorinda Matto de Turner

“Aves sin nido”. El ejemplar que tengo en casa me lo regaló Jeannet, mi enamorada de la universidad. Aunque no es exacto decir que me lo regaló; más bien, como que forcé las cosas para que me lo regalase.

Estamos en su sala, ¿o en su cuarto?, no lo recuerdo; el hecho es que veo un montoncito de libros. Los reviso. Eran libros de cualquier laya, de cualquier tema. Solo uno me interesó, ese de Clorinda Matto. ¿Me lo puedo llevar? Y como a ella le llegaban altamente sus libros (cosa que debe ser así, pues no hay nada más asqueroso que adherirse a muerte a los objetos inanimados, como nos adherimos algunos vulgares como yo), dejó que me lo llevara.

Esto ocurrió hace siete u ocho años. Ahora ella está casada, delgada, tetona como siempre, y muy guapa. Yo estoy casado, gordo, quedándome sin pelo, y feo como siempre.

Desde aquella vez, hasta hace poco, no había abierto ese libro para nada. A lo mucho lo hojeé un par de veces, pero ahí quedaba la cosa.

Hace unos días, lo cogí y lo leí. Voy a leer esta huevada de una vez, carajo.

“Aves sin nido”, según algunos, la primera novela indigenista peruana, es la historia del desamparo y el abuso, del maltrato del indio por parte de los terratenientes y autoridades eclesiásticas que lo mantienen oprimido con impuestos onerosos y arbitrarios, sujetos a crueldades físicas y vejámenes raciales. Clorinda Matto volcó toda su experiencia como hacendada para describir en detalle el maltrato que sufría el indio peruano. A pesar del vivo conservadurismo de la época (segunda mitad del siglo XIX), Clorinda Matto tuvo los cojones para publicar una historia en la que cuestiona, no solo a la autoridad corrupta destacada en las serranías, sino a aquellos personajes que debieran servir como el soporte moral del poblador indígena: del cura católica. En la novela, el cura Pascual Vargas es un pedófilo redomado, que no duda en hacer suya a las niñas humildes del pueblecito de Kíllac.

En “Aves sin nido” no hay espacio para la felicidad ni la esperanza. Los momentos felices son diminutos corpúsculos de luz en medio de una oscuridad farragosa que termina devorando tanto al débil cuanto al fuerte. En esta novela, como en la vida, el dolor y la acritud terminan imperando.

El contenido de “Aves sin nido” no ha perdido actualidad: el abuso y la explotación del débil por el tirano todavía es práctica común.

Cierro el libro. Por fin lo leí, carajo.

En realidad, lo he leído hace ya varios días. Los ajetreos de estos días me impedían escribir esta tira de estupideces. Dentro de pocas horas, el sábado 21, a la 1 y 10 de la madrugada, un avión de United me transportará a los Estados Unidos.


La primera parada será en Houston. Estaré botado por allí un par de horas. Luego, otro avión de la misma aerolínea surcará los turbulentos aires de la región oeste de Norteamérica para tratar de dejarme en San Francisco. Después de una hora de merodear por el aeropuerto de esa ciudad, tendré que tomar otro avión, supongo que más chico pero de la misma United, que me botará en Fresno: el destino final. 

¿Llegaré a viajar? ¿Los gringos evitarán que un cholo pise su territorio? ¿Me apalearán en Texas una banda de justicieros blancos? ¿Estará mal escrito mi nombre en los boletos de los aviones? Enterése de esto y más en los siguientes capítulos de esta su serie: My life sucks. 

2 comentarios:

  1. Xvre Daniel.. de hecho te dejaran entrar si han dejado entrar a un perucho con nombre y apariencia arabe como yo.. tu solo eres feo.. y andino looking.. eso no es una amenaza pa los estados unidos.

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