domingo, 27 de febrero de 2011

Agradecimientos por los 100 posts (II)

Son pocas, pero son. Un especial agradecimiento les hago llegar a esas personas, amigos y amigas, que tienen el “estómago” para leer y tolerar las cosas desmesuradas o aburridas que escribo con cierta regularidad en este espacio.

A mi tío Ángel: siempre me habla sobre la calidad y me dice que le escriba siempre contándole de mis éxitos y fracasos.
A mi papá: suéltame alguna que otra propina, por favor, papá. Ya tengo trabajo, pero un dinerillo de tu viejo siempre te hace sentir seguro y querido. Nunca olvidaré que compraste 25 ejemplares de Latidos del asfalto, los cuales distribuiste entre tus amigos y familiares en Chimbote.
A Lika: gracias por leerme y por consentirme como si fueras mi segunda madre. La complicidad nos une.
A David Ponce: compañero de universidad que radica en Canadá y en donde trabaja como ingeniero de minas para una prestigiosa compañía minera. Gracias por haberte cagado de la risa con Latidos del asfalto en el avión de regreso a Canadá luego de tu visita relámpago a Lima, tan relámpago que ni te vi. Un abrazo.
A Claude Dubois: amiga que me presentó Ángel. Es francesa, pero vive en Chile. Su cultura sobrepasa todos los límites conocidos por el hombre. Es políglota y me escribe unos correos ahítos de sapiencia y clase. Gracias muchas por la descripción de este tu servidor y de mi página.
A César: gracias por leerme, César. Algún domingo, compartiremos con Manolo y la familia (y Wendy, si se puede) las parrillas con las que esperas deleitarnos, acompañadas eso sí de unas no pocas cervezas heladas. Espero con ansias los debates políticos en los que nos enfrascamos por la ingesta de alcohol.
A Manolo: hermano, gracias por leerme y no juzgarme. Eres una excelente persona. Siempre tan querido por tus amigos y amigas. Hace unos días, en una amena reunión con Iván y Wendy presentes, nos confesaste que tenías actualmente once enamoradas al mismo tiempo. No es sorpresa, hermano, pues posees el carisma y don de gente que muchos quisieran. Te confieso que le gustaste a Wendy. “Tu hermano sí tiene calle”, me dijo, además.
A Paola: qué te puedo decir, Pao. Yo siempre defraudándote y tú siempre ahí, soportando mis huevadas literarias y mis huevadas experimentales. Eres una amiga invalorable a la que estoy aprendiendo a valorar. Mientras reciba tus emails y tus mensajes de texto, sé que siempre contaré con alguien que pueda escucharme y darme unos consejos. Un besote, Pao. Ya nos estaremos viendo pronto.
A Nasir: hace tiempo que no te pego una visita, estimado Nasir. Quién me da lecciones de un software minero gratis, sino tú. Una semana de lecciones del software que tú dominas con pareja destreza cuesta aproximadamente novecientos dólares, y sin embargo, a cambio, me pides solamente un par de cervezas heladas. Cuántas borracheras hemos protagonizado allá en nuestros tiempos universitarios. Incontables. Inconmensurables, así como inconmensurable es el porvenir que te espera pues tu enorme talento sin duda te colocará allí donde quieres estar y te hará ganar los millones que anhelas. No necesitas suerte, estimado amigo. Tú eres tu buena suerte.
A Jeannet: siempre que lees mi blog, China, quedas profundamente decepcionada de mí. Más de una vez me has dicho que deje de escribir sobre mis cosas personales pues algún día serán usadas en mi contra. Si has leído lo último que he escrito sobre Wendy, estoy seguro que ya no querrás hablarme otra vez. Bueno, es el precio a pagar por la Literatura. De todos modos, mi amistad siempre estará allí para ti si algún día la necesitas. Un beso.

A todas estas personas, gracias por leerme. Les dedicaré a todos ustedes “El Ingeniero Broca” que, si Dios así lo desea, podrá ver la luz en el 2012. Si con “Latidos del asfalto” se desternillaron de risa, con la próxima novela, van a cagarse en los pantalones.

Agradecimientos por los 100 posts (I)

El post anterior constituye el número 100. Cien artículos publicados, algunos felices y otros infelices, desde que decidí un buen día de principios del 2010, plasmar mis opiniones, gustos o disgustos y partes de mi vida (no exentas de ingentes dosis de fabulación, porque más que un historiador, soy un fabulador, mediocre pero fabulador, al fin y al cabo).

Me encontraba desempleado, viviendo de mis exiguos ahorros y con un hondo problema sentimental que no me dejaba vivir en paz: no podía aceptar el hecho de que Jeannet ya no sería más la compañera con la cual yo había proyectado el resto de mi vida. Luego de haber leído el libro de Renato Cisneros: Nunca confíes en mí, entendí que, a veces, hay que dejar pasar las cosas sin que ellas dejen en nuestro interior sedimentos de resentimiento o frustración.

En una madrugada leí el libro. Al amanecer, fui hasta Los Olivos. Llegué muy temprano a la casa de Jeannet, minutos antes de que ella se fuera a trabajar. Era lunes. Tenía que verla y decirle que nunca más la molestaría con el insistente tema de rogarle que sea mi enamorada, que ya había entendido que prefiero tenerla como amiga a no verla nunca más por culpa de mi tonta cerrazón y testarudez. Le dije todo eso mientras la acompañaba, hasta cierto tramo de su recorrido al trabajo, en la estrecha combi que tomó en la avenida Angélica Gamarra. Necesitaba decirle eso y saber que podía controlar en mí, el desembridado capricho de querer que Jeannet permaneciese siempre a mi lado. Fue difícil acomodarse a esa idea. Me costó mucho. Luego de casi siete años de estar con ella, los ocho meses que hice vida confirmada de soltero fueron un tanto arduos, sobre todo durante los dos o tres primeros meses. Mis libros de Literatura: Borges, Valdelomar, Vargas Llosa, D.H. Lawrence, Conrad, entre otros, fueron fundamentales para distraer la mente hacia otros parajes. También fueron fundamentales las dos o tres chicas con las que sostuve menores escarceos de corte más bien sexual.

Al llegar a casa, luego de haber hablado con Jeannet, me creé una cuenta de blog y empecé con esto.

Mi orgullo no me permitía decirle al mundo que ya no estaba más con la bella Jeannet. Mis compañeros de la universidad la habían conocido, me hacían casado con ella. El blog fue un medio fundamental para deshacerme de mis miedos interiores y de mis orgullos perjudiciales para, por fin, aceptarme tal cual era, sin más y sin menos.

Como este post se me está haciendo demasiado largo, en el siguiente, agradeceré a las personas que siempre me alientan a seguir escribiendo y que me hacen saber que me leen apenas se hacen de un tiempo libre.

El desfile

El desfile de Morgana Boutique, como se dice en buen peruano, salió de putamadre. Para haber sido el primer desfile que Wendy organizaba, los resultados superaron ampliamente las expectativas.

El Gothic Rock estuvo repleto y los flashes de las cámaras centelleaban a cada momento, a medida que los diseños de Wendy transcurrían por esa passarella de alfombra roja, flanqueada por dos candelabros barrocos a cada lado de ella. El momento culminante se dio con la aparición de Wendy en el escenario; vestía un corsé negro que le reducía la sección abdominal de manera considerable, una falda de tul negra y unas mallas negras que forraban sus exuberantes piernas. Estaba preciosa.

Elena también estaba. Modeló y desfiló. No le pedí su número ni traté de hacerle la conversación, pues se había aparecido con su enamorado. De todos modos, al ver a Wendy el día de ayer, me convencí de que todavía no ha aparecido una mujer que pueda competir con ella en carisma y personalidad.

Fue una experiencia nueva para mí el entrar al baño de varones para acomodarme el peinado o echar una escueta meada, y ver ocupado el espejo del lugar por hombres vestidos con faldas o capas negras pintándose (o delineándose) los ojos y echándose polvos blancos en la cara. Luego, en la pista de baile, estos mismos hombres protagonizaban besos candentes con chicas vestidas de manera muy similar a la de ellos.

Yo hice mi mejor esfuerzo para vestirme de acuerdo a las circunstancias: botines Caterpillar (que utilicé en mi segunda práctica preprofesional en Orcopampa), un par de blue jeans azules oscuros (eran los más oscuros y los más seriecitos que tengo), un polo negro (que me regaló mi mamá en la pasada Navidad) y una casaca de cuero marrón. Cuando llegué a Quilca, encontré a Wendy con su cabello laceado y una mirada que no me reconoció al principio. Rato después, me contó que no creía que esa persona que la saludaba era yo: “Estás lindo, amor. Así deberías vestirte todos los días. Estás “agarrable”.

No sólo Wendy pensó que estaba “agarrable”; una amiga de ella, que la ayudó con algunas cositas del evento, procuró hablarme y lanzarme miradas desde que llegué hasta que el desfile terminó. La chica estaba guapa, pero no más que Wendy. Aún así, correspondí a sus equívocas miradas, pues alimentaban mi ego, y eso yo lo agradezco y lo aprecio mucho.

Al terminar el concierto, Wendy, una amiga de ella y yo nos fuimos al concierto metal en Quilca. Al promediar las tres de la mañana, un taxi dejaba a Wendy en su casa. Nos despedimos con un beso y un par de “te amo”, prometiéndole que hoy iría a verla llevándole en un tupper lo que mi madre tenga a bien cocinar. “Que no sea nada de pescado”, agregó.

sábado, 26 de febrero de 2011

Un gusto prohibido

Hoy es un día muy especial para ella (en gran medida, para mí también, pues su felicidad es la mía). En un local ubicado en las inmediaciones de la Plaza San Martín, en un segundo piso, se realizará el desfile de la ropa que ella diseña. El desfile será el preámbulo de la fiesta gótica que continúa después, con la presencia de algunas bandas de la escena.

Luego del trabajo, como he descrito en otra oportunidad, me dirigía a Quilca, a ver a Wendy. En esta última semana, entre las siete y las nueve de la noche, la tienda de Wendy se llenaba con las chicas que van a modelar sus atuendos. No iban todas en un solo día: unas iban un miércoles, otras un jueves, y así.

Justamente, fue un jueves en que vi a esta chica que produjo algo en mí, algo que creí perdido en mi interior, por el hecho de estar, involuntaria y voluntariamente, abstraído por Wendy. Me gustó. Me gustó esa chica. Su estatura era similar a la de Wendy, su cabello era negro y su piel, blanca (las modelos que Wendy ha seleccionado, dentro del conjunto de sus amigas y conocidas, son todas de piel blanca. Aduce ella que esa piel combina mejor con el color negro que predomina en la moda gótica. Sólo hay una chica, delgada, que posee rasgos más bien andinos y la piel algo trigueña. “¿No es tu prima, Daniel?” me jodía a veces Wendy refiriéndose a ella. Obviamente, no dice esto delante de esa mujer. Si Wendy la escogió fue porque era una chica delgada que lucía muy bien los elaborados corsés de Morgana Boutique. A propósito, la tienda de Wendy se llama así, Morgana)

Wendy le probaba la ropa a la chica que me gustó, que me atrajo. Yo, instigado por el peligro de ser descubierto, le lanzaba algunas miradas. Ella me devolvía las miradas. Difícil me sería precisar si sentía ella alguna atracción hacia mí o si me miraba pensando: qué tal perro, tiene enamorada y me manda miradas, y encima está feo.

Cuando Wendy terminó con ella, y se abocó a probarle ropa a otra chica, yo me aventuré a entablar conversación con la chica objeto de mis torvas miradas. Buenas tetas, buen culo y buenas piernas tenía esa blancona. Me contó algunas cosas de su vida. Se llamaba Elena y era vocalista de la banda gótica Lux Oculta desde hacía dos meses. Me cayó bien, Elena. Espero que yo le haya caído bien. Sospecho que sí.

Hoy seré el asistente de Wendy. Mi función principal será grabar la passarella y las palabras de agradecimiento que Wendy pueda decir al final de la exhibición. Hoy, también, trataré de conversar con Elena y, si la osadía que habita en mi interior se acrecienta, le pediré su número de teléfono.

Three Eleven

Conocí su sonido aquella vez que visité Cajamarca. Un amigo de la universidad me había invitado a pasar una semana en esa ciudad. En la ciudad, su hermano, quien trabajaba para una importante empresa minera, nos llevaría a conocer la mina que esa empresa dirigía. El hermano, en calidad de empleado con cierto rango dentro de la empresa, tenía la prerrogativa de llevar a alguno que otro visitante con la respectiva anuencia de la Compañía.

Fue en el recorrido de casi una hora, desde la ciudad hasta la mina, en que el hermano de mi amigo, mientras conducía su camioneta, colocó el disco de 311. A partir de esos momentos, el sonido ecléctico de esa banda me hechizó, a tal punto, que al día de hoy, he escuchado todos sus discos y me sé, de memoria, la mayoría de las letras de sus canciones.

La oportunidad de ver a esa banda en este país se hace realidad. El día 30 de marzo tocará 311 en el Estadio Monumental. Las entradas varían desde los 90 hasta los 300 soles.

Así como no desperdicié la oportunidad de ver en vivo a otra de mis bandas favoritas (considero a una banda como mi favorita cuando me sé de memoria la mayoría de lyrics de sus canciones): Metallica; tampoco desaprovecharé esta oportunidad de ver en vivo cantando a Nick Hexum y su grupo.

Le comenté a Wendy sobre esta presentación, pero oyó mi comentario con cierta indiferencia: 311 no es lo suyo. Le de ella es el metal. En fin, ojalá pueda encontrar a alguien que comparta esta afición por esa banda de Omaha, Nebraska. Si no me topo con nadie que guste de 311, caballero, iré solo. Lo importante es que al fin podré cantar Down, Don’t tread on me, Come Original, Hey you, Creatures for a while, entre tantos otros temas, hasta perder la voz.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Me gustaría...

Me gustaría viajar a Chimbote con Wendy algún fin de semana de Marzo.

Me gustaría que mi papá corra con los gastos de mi pasaje y el de ella, porque, a pesar de que ya cuento con un modesto trabajo, quisiera ahorrar algo de mis modestos ingresos. Asimismo, y siempre con el objetivo de abaratar o disminuir costos, me gustaría que mi papá nos provea de alojamiento y comidas en su casa, teniendo en cuenta que ésta es grande y espaciosa.

Me gustaría ver a Wendy interactuando con Raulito, Raquelita y Alejandra. Wendy tiene un don maternal y un trato inigualable hacia los niños. Ella derrocha ternura, alegría, simpatía y dulzura siempre que trata con un niño.

Me gusta contar con personas en las que pueda confiar sin temor a ser juzgado o ferozmente criticado.

Me gusta saber que puedo contar con mi mamá, quien, a pesar de percibir bajas rentas que, con nula holgura, nos permiten comer día a día, me ofrece su comprensión y apoyo incondicional.

Me gusta saber que puedo contar siempre con la complicidad y ayuda de Lika, la esposa de mi papá. La última vez que fui a Chimbote, ella me dijo que si alguna vez me faltaba algo, no dudase en hacérselo saber, que ella gustosa me tendería una mano. Y efectivamente, así fue. En cierta ocasión (hace poco menos de un mes) me encontré urgido de disponer de una cantidad no menor de dinero. No recurrí a mí mismo pues no tenía trabajo y mis ahorros ya se habían esfumado. No recurrí a mi papá porque me iba a hacer muchas preguntas antes de soltarme algo de ayuda. No recurrí a mi mamá porque estaba sin dinero (o al menos, no contaba con el que yo necesitaba). Me acordé de la sincera proposición de Lika. Vencí mi orgullo de pedirle dinero a alguien que no fuera mi papá o mi mamá. Sin embargo, Lika se había encargado de afianzar nuestros lazos al brindarme su confianza diciendo que ella era “mi segunda mamá”. Le pedí el dinero prestado telefónicamente. Ella se ofreció gustosa y encantada a colaborar conmigo, sin preguntarme para qué era el dinero. Si llegas a leer esto, Lika, ten por seguro que valoro y tengo muy en cuenta el generoso gesto que tuviste hacia mí.

Me gusta ver a Wendy tan entusiasmada porque dentro de pocos días se realizará el desfile de la ropa de su tienda durante una fiesta gótica. En las noches se aparecen sus modelos y ella se afana, con pareja emoción, probándoles las ropas adecuadas para el día del evento.

Me gustaría dejar de masturbarme compulsivamente los días feriados y no laborables en que no veo a Wendy, o los días no laborables y feriados en los que Wendy y yo no hemos concretado ningún tipo consumación del acto sexual.

Me gustaría encontrar interesantes la mayoría de canciones dark metal, gothic metal, new wave, depressive metal que le gustan a Wendy. Desafortunadamente, la atracción y la predilección que siento por la música punk siempre serán más fuertes que los deseos de satisfacer musicalmente a Wendy.
Me gustaría no venirme tan pronto cuando estoy en la intimidad con Wendy. Me gustaría hacerle el amor a Wendy hasta en cinco oportunidades en una sesión y no en las casi dos (con las justas) con las que la voy dejando insatisfecha por estos días.

Me gustaría jugar bien el día de mañana al defender los colores de la empresa para la que trabajo. Procuraré evitar que algún jugador del equipo contrario ponga un pie en el área crítica. Si el rival se las ingenia para eludirme, yo me las ingeniaré para que, unos centímetros después, no continúe con su amenazante trayectoria.

Me gustaría nunca haberles mencionado a mis familiares que Wendy es gótica. La intolerancia y los prejuicios se erigieron inmediatamente en el terreno y facilitaron los vituperios y críticas destempladas hacia ella, sin siquiera ellos haberle dado la oportunidad a ella de expresarse y darse a conocer.

Me gustaría que mi abuelita vea sin prejuicios a Wendy. Sospecho que podrían llevarse bien.

Me gustaría viajar a Barranca con Wendy un fin de semana de fines de Marzo, reunirme con mi tío Roger y enfrascarnos él y su chica, Wendy y yo en una amena charla acompañada de no pocas botellas de cerveza.

Me gustaría escribir para un diario, expresando mis enervantes opiniones (no faltará quien diga que mis opiniones son irrelevantes y estúpidas, pues puede que tengan razón) y ganando un dinerillo extra.

Me gustaría decidirme a sentarme a la computadora un buen día, o algunas fracciones de día, para terminar de escribir mi primera novela (la tengo avanzada en un diez por ciento, matemáticamente hablando) cuyo tentativo título sería “El Ingeniero Broca”.

Sería fantástico cumplir el sueño que Wendy y yo compartimos de establecer una especie de institución que brinde desayunos ya almuerzos a los chicos económicamente desfavorecidos del Centro de Lima. Espero que si Wendy y yo dejamos de ser enamorados, todavía perviva la amistad (que creo que es lo que debe prevalecer ante todo en cualquier relación humana) y el deseo de llevar a cabo ese benéfico sueño.

Me gustaría no haber escrito muchas de las cosas que he mencionado aquí, pero, como todo escritor, estoy poseído por aquellos muy mentados demonios que me compelen a plasmar los hechos significativos (hechos que me alegran o me joden) de mi anodina vida.

martes, 22 de febrero de 2011

Candidatos (II)

July Valencia es una joven cuya edad, sin embargo, no sé y no puedo precisar, está postulándose al Parlamento Andino (institución perfectamente inútil, según mi humilde punto de vista) por el partido del ex alcalde de Lima, Luis Castañeda; personaje todavía cuestionado por el caso Comunicore.

July Valencia también cuenta con su cartel publicitario, el cual está ubicado en las proximidades de la Universidad Católica.

¿Qué frase contiene dicho cartel? Pues, además de portar la sonriente cara de la señorita Valencia, el cartel reza: “Mi alma mater es la PUCP”.

Qué frase más idiota. O sea, ¿debido a que el alma mater de la señorita Valencia es la PUCP, sus electores tendrán la seguridad de que serán justamente representados por esa señorita?

¿Que su alma mater sea la PUCP, la pone en ventaja frente a otros candidatos cuyas alma mater son San Marcos, la UNI o un instituto?

A pesar de todo, le deseo suerte a la señorita July en la consecución de sus objetivos. Ella no tiene la culpa de ser joven y de no darse cuenta de que milita en un partido cuyo líder rehúye a esclarecer temas neurálgicos de corrupción cometidos durante su gestión edil.