Mostrando entradas con la etiqueta Plaza San Martín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Plaza San Martín. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de septiembre de 2012

Hablas huevadas

Si ya tienes enamorada, no tiene sentido salir con ella a alguna discoteca. Las discotecas se crearon para conocer chicas nuevas.

Una chica puede resultarte interesante hasta que te comprometes con ella en una relación. Una vez que inicias esa relación, querrás huir de ella cuanto antes.

No puedo estar con una sola mujer. Lo he intentado, pero no puedo. A pesar de mi fealdad, siempre estoy involucrado con alguien.

No existe nadie que sea ciento por ciento original. Todos imitamos a alguien de algún modo. Yo estoy hecho de muchas partes. No soy nada original.

¿Por qué los fans varones de Lady Gaga son todos muy amanerados o, para ser tan crudos como los protagonistas de Los Detectives Salvajes, muy maricones? (Al menos hablo de aquellos a quienes vi bailando las canciones de Lady Gaga en la Plaza San Martín, protagonizando un flashmob)

No soy homofóbico.

Me gusta todo aquello que tenga la forma de una mujer voluptuosa.

Siempre utilizo prendas negras para vestirme. Uno no tiene que lavarlas muy seguido.

Utilizo un par de medias y un mismo bóxer para los cinco días de una semana laboral.

Mi querida madre todavía lava mi ropa.

Me gusta estar solo.

¿Por qué la gente mira a un solo punto (la pantalla con números) cuando está en el ascensor? ¿Por qué no se atreven a mirarse las caras?

Cuando uno se casa, se masturba en lugares que no imaginó cuando soltero.

No esperaba ser papá, no estaba en mis planes.

No tengo planes.

¿Escribir cuatro novelas y morirte a los cuarenta años cuenta como plan?

Si eres papá de una niña tan hermosa que te hace mejor persona con solo sonreírte o con llorar porque quiere teta, entonces eres el hombre más feliz y completo del mundo.

La felicidad y la buena literatura están reñidas.

Soy feliz gracias a mi hija. Por eso soy un escritor mediocre. Jamás haré literatura de calidad. Solo las penas, los rencores, los odios y el dolor puede engendrar una excelente literatura.

Las verdades duelen. Por eso miento mucho.

Nasir fumaba marihuana mientras cuidaba a su hijita y ambos pasaban un momento de puta madre. Yo bebo una botella de vino mientras cuido a mi bebe y la paso de puta madre caminando por el Centro de Lima.

Soy un gran hipócrita de mierda. Dejaré de serlo a los 40 años.

Si la casa en la que vivo fuera mía, pintara el rostro de Charlie Sheen en una pared, o mejor, los rostros de los libretistas de la serie Two and a Half Men. Esos tipos son unos genios.

“Maestro, ¿cómo ha hecho para sostener un matrimonio de 17 años?”, le preguntó un reportero a un hincha de la selección peruana. El hincha, gordito y con cara de buena gente, le respondió: “Dejándose pegar por la mujer”. Muy sabio el hincha. Muy vivido. 

Si mi hermano leyera esto, me diría: “Hablas huevadas”.

martes, 4 de septiembre de 2012

Los fines de semana son de Ella

Es mediodía. Sábado. Puede ser domingo. Ambos días son casi iguales. La mujer sale a trabajar. Morgana quedará al cuidado de su padre, el escritor mediocre. La mujer regresará a las diez de la noche si es sábado y a las siete si es domingo.

El escritor pasa el tiempo con su hija, le canta canciones cuya letra inventa mientras las entona, la pasea por el departamento hasta que siente que sus brazos se acalambran, la echa en la cama y le ofrece todo aquello que pueda entretenerla: el iPod, un frasco de desodorante, el envase vacío del quitaesmalte de uñas, algún juguete. Cada objeto es atenazado por los diminutos y finos dedos de su hija, quien los mira con avidez y curiosidad, se diría que los estudia con profusión, antes de metérselos en la boca y tratar de morderlos con los dientes que todavía no tiene. Al cabo de unos instantes, Morgana se desencanta de sus objetos. Se aburre. Se enfada. Tiene cinco meses y ya se enfada. Al escritor le enternece ver a su hija así. Además, se siente orgulloso de verla así: reclamando por diversión. Ojalá que le guste reclamar por lo que siente que es justo, que le sea natural el defender sus derechos, piensa el escritor. Que no sea un ser apocado como yo, ruega el escritor para su coleto.

Es casi la una de la tarde y ha salido el sol. El escritor, a través de la ventana del departamento, ve techos y fachadas iluminadas por ese sol inusitado. Considera darle un paseo a su hija. Recuerda las palabras determinantes de su esposa: “Si vas a sacar a la bebe, sácala bien abrigada: ponle su gorrito, alguna casaquita que la cubra toda y su pantalón jean. Ah, y no te olvides de ponerle sus zapatillas para abrigarle sus piececitos”. El escritor, que es muy tonto, pero si se trata de su hija puede retener algunas recomendaciones en su memoria, sigue las indicaciones a pie juntillas.

Antes de vestirla para el paseo, verifica que su hija no haya defecado. Morgana, replegada en la cama, ve cómo ese hombre pelucón y de bigote ridículo le levanta las dos piernotas y acerca su nariz a la zona en la cual se encontraría la descarga intestinal. El hombre no huele nada que justifique un cambio de pañal.

Morgana llora, pero se calma en los momentos en los cuales su tonto papá trata de ponerle la casaca y el jean. Lo hace con sumo cuidado y delicadeza. Teme fracturarle un hueso en el intento de guiar sus extremidades a través de las mangas de la casaca o las perneras del pantalón. Morgana observa, no sin esbozar cierta sonrisa sarcástica, cómo su papá se deshace en cuidados para vestirla apropiadamente.

Cuando está lista la bebe, la coloca en el coche. Morgana, como esperaba el escritor, se enfada, llora: no le gusta estar ahí. El escritor la calma con palabras suaves: “ya, amor, ya nos vamos, déjame abrir la puerta, espera un poquito, amorcito”. Cuando Morgana siente que las ruedas de su coche se mueven y ve cambiar el paisaje a su alrededor, se tranquiliza: le gustan los paseos.

Su esperpéntico padre está vestido con el consabido jean negro, polo negro y gorra negra. Todo de negro. Si la bebe tuviera uso de razón, se avergonzaría de salir con alguien así. El escritor coloca el celular dentro de un bolsillo del coche de su hija. Al celular están conectados los audífonos que compró por 30 soles en un hueco de la avenida Garcilaso de la Vega, ex Wilson.

Cuando está dando vueltas en la Plaza San Martín, comiendo un helado D’Onofrio, la gente lo mira: “será posible que eso sea el papá de tan linda criatura”. El escritor pasa con su hija cerca de un patrullero apostado en uno de los costados de la plaza. El escritor ve con el rabillo del ojo que el patrullero ha echado a andar muy lentamente: “quizá me está siguiendo porque cree que me he robado a una niña linda”.

Ahora la niña y su padre pasean por el Jirón de la Unión, que a esa hora está muy congestionado de gente. Algunas señoras o señoritas se detienen a contemplar el paso de Morgana quien, con los ojos muy abiertos y la frentecita despejada, observa el paisaje: gente caminando, sonriéndole, tiendas, globos multicolores, pollos a la brasa, discos piratas, ropa, personajes peludos que animan a la gente a comprar calzones o remedios.

Cada tanto, Morgana ve aparecer el horrendo rostro de su padre, quien verifica que esté lo más cómoda posible mientras disfruta de su paseo. Cuando Morgana está a punto de llegar a la Iglesia de La Merced, su padre se asoma a verla nuevamente. Está dormida. Sus ojitos inquisidores se han cerrado para tomar un merecido descanso. El escritor considera que ya es hora de acabar el paseo. Gira el coche ciento ochenta grados y deshace los pasos andados.

Han llegado al departamento y su hija todavía duerme. Con mucho cuidado la saca del coche y la tiende en su cuna. Se conmueve al ver a Morgana. Ciertamente, no merecía una hija tan sana y tan linda. Cierra la puerta de la habitación para evitar que algún ruido molesto le arruine el sueño a su bebé.

Sentado sobre el sillón verde, un libro que ha dejado de leer entre sus manos, recuerda que ha dejado a mucha gente plantada en ese fin de semana. La mirada clavada en algún punto de su biblioteca –la cual hierve de libros piratas-, piensa que esos paseos con su hija han valido la pena. Quiere ver esa carita sonriente de su hija durante los pocos años de vida que le quedan. Como diría Kafka: “El tiempo es breve, las fuerzas exiguas…”

jueves, 23 de agosto de 2012

Tributo a The Doors - Etnias Bar - Centro de Lima

Cuando uno es muy admirador de una banda cuyo vocalista y líder natural dejó de existir hace mucho tiempo, mucho antes de que uno naciera, resulta algo agobiante saber que no se podrá disfrutar de un espectáculo en vivo de esa banda, no se podrá gritar a voz en cuello las poéticas letras de ese artista tan admirado, tan lector, tan culto, tan rebelde, tan loco como lo fue Jim Morrison.

Afortunadamente, existen bandas dedicadas a cantar las canciones de aquellos artistas a quienes admiran. Es el caso de la banda Universal Pay, la cual se presentará en el Etnias Bar (Jr. Carabaya 815, en el rico Centro de Lima), que interpretará aquellos himnos que The Doors entregó al mundo a fines de la década de 1960 y principios de la de 1970.

Son escasas las bandas que doblan a The Doors (supongo que no es fácil la tarea de alcanzar los registros que James Douglas Morrison alcanzaba con facilidad, inclusive cuando se encontraba en sus mejores curdas) y tener a una de ellas en escena es una oportunidad que un tipo como yo, admirador de aquel poeta californiano, no puede desechar, sobre todo, si tenemos en cuenta que la entrada es económicamente razonable: 10 nuevos soles.

Antes de finalizar, citaré lo que el escritor británico Aldous Huxley dijo, citando éste a su vez al poeta británico William Blake: “Si las puertas de las percepción quedaran depuradas, todo se habría de mostrar al hombre tal cual es: infinito”. Cabe resaltar que Morrison fue un devoto lector de los dos personajes antedichos.

Y para concluir este articulillo, dejaré, traducidas por mí (así que les ofrezco mis disculpas por los posibles horrores en la traducción), algunas de las citas de Morrison que más me agradan: (Incluso, he conducido mi vida según algunas de esas máximas)

“Friends can help each other. A true friend is someone who lets you have total freedom to be yourself - and especially to feel. Or, not feel. Whatever you happen to be feeling at the moment is fine with them. That's what real love amounts to - letting a person be what he really is.”

(Los amigos se ayudan entre sí. Un verdadero amigo es aquel que te da la absoluta libertad para que seas tú mismo –y especialmente para que sientas. O no sientas. Lo que sea que estés sintiendo en el momento estará bien para ellos. A eso es lo que el amor verdadero apunta: dejar que una persona sea lo que realmente es)

“Expose yourself to your deepest fear; after that, fear has no power, and the fear of freedom shrinks and vanishes. You are free.”

(Exponte a tus miedos más profundos; luego de eso, el miedo ya no tendrá poder, y el miedo a la libertad se desvanecerá. Entonces, serás libre)

“People fear death even more than pain. It's strange that they fear death. Life hurts a lot more than death. At the point of death, the pain is over. Yeah, I guess it is a friend.”

(La gente teme a la muerte más que al dolor. Es raro que le teman a la muerte. La vida duele mucho más que la muerte. Cuando uno muere, el dolor se acaba. Sí, creo que la muerte es una amiga)

“The most important kind of freedom is to be what you really are. You trade in your reality for a role. You give up your ability to feel, and in exchange, put on a mask.”

(La más importante clase de libertad es ser quien realmente eres. Vendes tu realidad y recibes un rol. Renuncias a tu habilidad de sentir y, a cambio, te pones una máscara)

“Blake said that the body was the soul's prison unless the five senses are fully developed and open. He considered the senses the 'windows of the soul.' When sex involves all the senses intensely, it can be like a mystical experience.”

(Blake decía que el cuerpo era la prisión del alma, a menos que los cinco sentidos estuviesen totalmente desarrollados y abiertos. William Blake consideraba que los sentidos eran las ‘ventanas del alma’. Cuando el sexo involucra a todos los sentidos intensamente, puede convertirse en una experiencia mística)

“Some of the worst mistakes of my life have been haircuts.”

(Algunos de los peores errores de mi vida han sido los cortes de cabello)