martes, 18 de septiembre de 2012

Aprovechar la ocasión, Aprovecharse de la ocasión

Me falta mucho para hablar y escribir de acuerdo con lo establecido por las normas de la Real Academia de la Lengua Española, pero cada día que transcurre me esfuerzo un mucho más (mi esfuerzo ya es bastante si consideramos que mi naturaleza es la de ser un gran vago) por hablar y escribir con propiedad.

Si se bombardea constantemente el idioma español con pifias y dislates que pasarán inexorablemente de una generación a otra generación ¿qué quedaría entonces de aquella bella herramienta de la que se han servido tantos escritores quienes a través de sus ficciones nos han hecho sentir que esta vida vale la pena vivirla por un corto periodo (al menos hasta los cuarenta años)?

No quedaría nada. El idioma perdería su exuberante belleza.

Entonces, analizaremos (la palabra analizar me suena distante puesto que soy más un diletante que un analista. Ni modo, no encontré un verbo mejor) el siguiente fragmento de un mensaje que recibió toda una organización. El mensaje fue escrito por el gerente de una determinada área de negocio.

“Estimado Fulano,

Aprovecho para felicitarte por la exposición realizada ayer en…”

¿Qué es lo que aprovecha el escritor de ese mensaje? ¿Es correcto el modo en cómo emplea “aprovecho” el escribiente de ese correo? No, no es correcto el modo en cómo emplea “aprovecho”, y no es culpa del escribidor de dicho correo, pues seguramente lo adquirió (me refiero al modo de utilizar “aprovecho”) en su entorno social.

Son los componentes –gran mayoría- de ese entorno social los que, alambicadamente, destruyen los giros y expresiones correctos del idioma.

Afortunadamente, contamos con herramientas como el “Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española” de Manuel Seco para despejar cualquier vacilación.

Según Seco, aprovechar, en el sentido que refiere el escribiente del mensaje anterior, debe escribirse como “aprovechar la ocasión” o “aprovecharse DE la ocasión”.

Entonces, el correo de nuestro estimado escribidor debió decir:

“Estimado Fulano,

Aprovecho la ocasión (o Aprovecho el momento o Aprovecho la oportunidad) para felicitarte…”

Es oportuno señalar que Seco proscribe el empleo de “Aprovechar (sin se) DE la ocasión” por ser una construcción francesa y no española.

Cuidemos, sin melindres y peros, la naturaleza de nuestro idioma.

Eso sí, el que tiene plata habla como quiere y puede obviar este mensaje. Los que no tenemos, debemos cuidar el único patrimonio que nos queda: el castellano.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Uso correcto del verbo "aunar"

Antes de entrar en detalles sobre el asunto que deseo tratar, primero debo mencionar que no soy lingüista (me gustaría serlo). Soy, por capricho supongo, una persona que trata de hablar y escribir correctamente. Me gustaría estar rodeado de gente que me corrija cuando cometo algún desvarío gramatical al hablar o escribir. Sería estupendo que alguien –alguien que posea ingentes conocimientos gramaticales- estuviera a mi lado corrigiéndome una y otra vez. Sin embargo, ante la falta de ese alguien, están los libros y diccionarios que no vacilo en consultar ante cualquier duda que pueda atentar contra el bien decir. Uno de mis referentes y modelos más conspicuos es Marco Aurelio Denegri. Sus libros son ejemplos del bien decir.

Ahora sí, paso a relatar el punto de hoy.

El gerente general de una compañía de cierto prestigio le escribe a uno de sus empleados para felicitarlo por la excelente acogida que tuvo la disertación que dio en cierta institución. Previamente, el gerente del área para la que trabaja dicho empleado lo había felicitado en un mensaje. Entonces, el gerente general escribe lo siguiente:

“Estimado Fulano:

Me aúno al mensaje de Mengano y reitero mis felicitaciones por tu exposición de ayer ¡¡¡” (los tres signos de admiración abiertos y consecutivos son de la autoría del gerente general)

Mucha gente emplea verbos que consideran “más cultos” que otros más simples para aparentar cierta cultura que, en realidad (cruda realidad), no tienen. Si una persona va a usar verbos que no son parte de su vocabulario entonces tiene dos opciones: 1) no los usa y emplea los que conoce, o 2) si los usa, debe investigar sobre su correcto empleo.

El gerente general apostó por la segunda opción. Pero no investigó –tarea que debía serle natural- sobre el uso apropiado del verbo “aunar” y envió un mensaje incorrectamente escrito a todos sus empleados, quienes seguramente repetirán el error puesto que lo escribió su “omnisciente” gerente general.

Según el “Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española” de Manuel Seco, aunar se construye del siguiente modo: aunarse CON otro.

Así, el mensaje del gerente general debió escribirse: “Me aúno con Mengano para felicitar…”

Considero que aquellas personas que ostentan cargos importantes en las organizaciones deben tener la obligación de ser ejemplos para sus empleados y deben esmerarse en la forma en cómo se comunican, pues de lo contrario, sus trabajadores repetirán las mismas barrabasadas que aquellos irrogan al idioma.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Proyecto Tía María

Informarse de un solo medio no es suficiente si se desea poseer un conocimiento cabal de los hechos, de la verdad. Y es que la verdad es un concepto tan inasible que no puede caber en unos cuantos párrafos


Leo una noticia en el portal web del diario Perú 21: “Proyecto para Tía María en Octubre”. Referirse al link: http://peru21.pe/economia/proyecto-tia-maria-octubre-2040778



La noticia empieza con: “La minera Southern Copper intentará desarrollar nuevamente el proyecto suspendido el año pasado en Arequipa, al presentar un nuevo Estudio de Impacto Ambiental.”

A continuación, se dice que la minera presentará el EIA a fines de octubre o comienzos de noviembre. El detalle que se menciona luego es importante: “…suspendido [el proyecto Tía María] el año pasado [2011] debido a conflictos por el uso del agua.”

Luego, de acuerdo con lo detallado en la noticia, el presidente de Southern Copper, Óscar Gonzales, manifiesta a la agencia Reuters que “si el Ministerio de Energía y Minas aprueba el estudio a principios del próximo año, Tía María podría entrar en producción en 2015”.

¿Cómo puede el señor Gonzales afirmar que una vez que se apruebe su EIA, el proyecto Tía María podría entrar en producción en el 2015? ¿Acaso ha olvidado que el principal óbice para la realización del Proyecto no es la aprobación del organismo gubernamental respectivo sino, más bien, la opinión de los pobladores que reclaman vivamente su derecho de usar el agua? La declaraciones vertidas por el señor Gonzales demuestran claramente que los más altos niveles de poder en las mineras todavía ignoran que la consecución de un proyecto no se logra con el simple cumplimiento de los dispositivos legales sino, además, dialogando con las personas que se verán influenciadas directamente por la instauración de la mina.

Si la fuerza popular ha sido capaz de frenar Tía María en el 2011, es pues muy probable que la trate de frenar nuevamente. Las declaraciones de los gestores mineros debiera ser más juiciosa si desean conseguir sus objetivos. El señor Gonzales Rocha ya se mandó pronosticando que Tía María producirá en el 2015. Cabría preguntar ¿ya consultó eso con los pobladores? ¿Ya se dialogó? ¿O piensa que elaborando un simple Estudio de Impacto Ambiental el proyecto será una realidad?

Estos precipitados y faltosos cuestionamientos los he formulado según lo que he leído del extracto mencionado. Puede ser que el señor Gonzales se haya referido a los asuntos sociales en otras declaraciones o en otros medios. Difícil de saberlo si mi base es únicamente la información de Perú 21. Por ello mencionaba aquello de lo inasible de la verdad. En caso de que el señor Gonzales Rocha sí haya declarado sobre el asunto humano del proyecto, entonces este artículo ha sido un completo desbarro.

Sin embargo, la minería es una actividad de gran importancia para el país y, por ello, los directores, dueños o gerentes de las minas deben considerar el factor social antes de mandarse con sus lucrativos pronósticos. Ya muchas vidas se han perdido debido a la ausencia de diálogo.

martes, 4 de septiembre de 2012

Los fines de semana son de Ella

Es mediodía. Sábado. Puede ser domingo. Ambos días son casi iguales. La mujer sale a trabajar. Morgana quedará al cuidado de su padre, el escritor mediocre. La mujer regresará a las diez de la noche si es sábado y a las siete si es domingo.

El escritor pasa el tiempo con su hija, le canta canciones cuya letra inventa mientras las entona, la pasea por el departamento hasta que siente que sus brazos se acalambran, la echa en la cama y le ofrece todo aquello que pueda entretenerla: el iPod, un frasco de desodorante, el envase vacío del quitaesmalte de uñas, algún juguete. Cada objeto es atenazado por los diminutos y finos dedos de su hija, quien los mira con avidez y curiosidad, se diría que los estudia con profusión, antes de metérselos en la boca y tratar de morderlos con los dientes que todavía no tiene. Al cabo de unos instantes, Morgana se desencanta de sus objetos. Se aburre. Se enfada. Tiene cinco meses y ya se enfada. Al escritor le enternece ver a su hija así. Además, se siente orgulloso de verla así: reclamando por diversión. Ojalá que le guste reclamar por lo que siente que es justo, que le sea natural el defender sus derechos, piensa el escritor. Que no sea un ser apocado como yo, ruega el escritor para su coleto.

Es casi la una de la tarde y ha salido el sol. El escritor, a través de la ventana del departamento, ve techos y fachadas iluminadas por ese sol inusitado. Considera darle un paseo a su hija. Recuerda las palabras determinantes de su esposa: “Si vas a sacar a la bebe, sácala bien abrigada: ponle su gorrito, alguna casaquita que la cubra toda y su pantalón jean. Ah, y no te olvides de ponerle sus zapatillas para abrigarle sus piececitos”. El escritor, que es muy tonto, pero si se trata de su hija puede retener algunas recomendaciones en su memoria, sigue las indicaciones a pie juntillas.

Antes de vestirla para el paseo, verifica que su hija no haya defecado. Morgana, replegada en la cama, ve cómo ese hombre pelucón y de bigote ridículo le levanta las dos piernotas y acerca su nariz a la zona en la cual se encontraría la descarga intestinal. El hombre no huele nada que justifique un cambio de pañal.

Morgana llora, pero se calma en los momentos en los cuales su tonto papá trata de ponerle la casaca y el jean. Lo hace con sumo cuidado y delicadeza. Teme fracturarle un hueso en el intento de guiar sus extremidades a través de las mangas de la casaca o las perneras del pantalón. Morgana observa, no sin esbozar cierta sonrisa sarcástica, cómo su papá se deshace en cuidados para vestirla apropiadamente.

Cuando está lista la bebe, la coloca en el coche. Morgana, como esperaba el escritor, se enfada, llora: no le gusta estar ahí. El escritor la calma con palabras suaves: “ya, amor, ya nos vamos, déjame abrir la puerta, espera un poquito, amorcito”. Cuando Morgana siente que las ruedas de su coche se mueven y ve cambiar el paisaje a su alrededor, se tranquiliza: le gustan los paseos.

Su esperpéntico padre está vestido con el consabido jean negro, polo negro y gorra negra. Todo de negro. Si la bebe tuviera uso de razón, se avergonzaría de salir con alguien así. El escritor coloca el celular dentro de un bolsillo del coche de su hija. Al celular están conectados los audífonos que compró por 30 soles en un hueco de la avenida Garcilaso de la Vega, ex Wilson.

Cuando está dando vueltas en la Plaza San Martín, comiendo un helado D’Onofrio, la gente lo mira: “será posible que eso sea el papá de tan linda criatura”. El escritor pasa con su hija cerca de un patrullero apostado en uno de los costados de la plaza. El escritor ve con el rabillo del ojo que el patrullero ha echado a andar muy lentamente: “quizá me está siguiendo porque cree que me he robado a una niña linda”.

Ahora la niña y su padre pasean por el Jirón de la Unión, que a esa hora está muy congestionado de gente. Algunas señoras o señoritas se detienen a contemplar el paso de Morgana quien, con los ojos muy abiertos y la frentecita despejada, observa el paisaje: gente caminando, sonriéndole, tiendas, globos multicolores, pollos a la brasa, discos piratas, ropa, personajes peludos que animan a la gente a comprar calzones o remedios.

Cada tanto, Morgana ve aparecer el horrendo rostro de su padre, quien verifica que esté lo más cómoda posible mientras disfruta de su paseo. Cuando Morgana está a punto de llegar a la Iglesia de La Merced, su padre se asoma a verla nuevamente. Está dormida. Sus ojitos inquisidores se han cerrado para tomar un merecido descanso. El escritor considera que ya es hora de acabar el paseo. Gira el coche ciento ochenta grados y deshace los pasos andados.

Han llegado al departamento y su hija todavía duerme. Con mucho cuidado la saca del coche y la tiende en su cuna. Se conmueve al ver a Morgana. Ciertamente, no merecía una hija tan sana y tan linda. Cierra la puerta de la habitación para evitar que algún ruido molesto le arruine el sueño a su bebé.

Sentado sobre el sillón verde, un libro que ha dejado de leer entre sus manos, recuerda que ha dejado a mucha gente plantada en ese fin de semana. La mirada clavada en algún punto de su biblioteca –la cual hierve de libros piratas-, piensa que esos paseos con su hija han valido la pena. Quiere ver esa carita sonriente de su hija durante los pocos años de vida que le quedan. Como diría Kafka: “El tiempo es breve, las fuerzas exiguas…”

lunes, 3 de septiembre de 2012

The Marriage of Heaven and Hell - William Blake

“The Marriage of Heaven and Hell”, opúsculo escrito por el poeta y pintor William Blake, es un manifiesto de libertad y una invitación a sus lectores a percibir el mundo más allá de sus cinco sentidos, ya que, según Blake, el cuerpo es solo una parte del alma que es discernida a través de aquellos sentidos, los cuales representan las principales entradas del alma.

“The Marriage of Heaven and Hell” puede considerarse como una guía para leer adecuadamente la Biblia. Es decir, para leerla desde un punto de vista totalmente desnudo de prejuicios y restricciones de la más alta y constrictora moralidad. Así lo afirma el poeta en la página 42 (Boston, John W. Luce and company, 1906): “This Angel, who is now become a Devil, is my particular friend; we often read the Bible together in its infernal or diabolical sense, which the world shall have if they behave well” (Ese Angel, que es ahora un Demonio, es mi amigo; siempre leemos la Biblia en su sentido infernal y diabólico, el cual el mundo tendrá si se comporta bien). Así es, Blake encuentra en la lectura “diabólica” de la Biblia el verdadero mensaje de aquellos escritos, el mensaje liberador del ser humano, pues es una lectura que parte de la Energía, del impulso natural. En la página 41, se lee: “I tell you, no virtue can exist without breaking these ten commandments. Jesus was all virtue, and acted from impulse, nor from rules” (Les digo, ninguna virtud puede existir sin romper aquellos diez mandamientos. Jesús fue todo virtud, y actuó por impulso, no por reglas). El libro mantiene esta línea liberadora a través de sus 47 páginas. Basta leer en la página 19: “Damn braces; bless relaxes”

Blake redefine el concepto de “Evil” o maligno. Es interesante el modo en cómo se presenta este concepto en las primeras páginas del libro, cautivantes desde el inicio hasta el fin: “Without contraries is no progression. Atraction and repulsion, reason and energy, love and hate, are necessary to human existence. For these contraries spring what religious called Good and Evil. Good is the passive that obeys reason; Evil is the active springing from Energy. Good is heaven. Evil is hell” (Sin opuestos no hay progresos. Atracción y repulsión, razón y energía, amor y odio, son necesarios para la existencia humana. De estos contrarios surgen lo que los religiosos llaman el Bien y el Mal. El Bien es pasivo y obedece a la razón; el Mal es lo activo que emerge de la Energía. El Bien es el cielo. El Mal es el infierno)

Pero ¿qué hace que el tal llamado Mal sea superior al Bien? Blake ha establecido que todo aquello que surja de la Energia es Mal. Continúa, entonces, en la página 8: “Energy is the only life, and is from the Body; and Reason is the bound or outward circumference of Energy” (La Energía es la única vida, y proviene del Cuerpo; y la Razón es la circunferencia limitante de la Energía) Luego, el poeta dice: “Energy is Eternal Delight” (La Energía es el Encanto Eterno). Ergo, a través del Mal se alcanza el disfrute total. Pero, debe entenderse este Mal como lo opuesto a aquello que los sacerdotes, curas y religiosos propugnan: el seguimiento dogmático y testarudo de ciertos mandamientos cuyo velado fin es constreñir las libertades de los seres humanos, creando odios entre ellos por la defensa cerril de sus creencias. Cada religioso creerá firmemente que sus apotegmas son los únicos y los correctos. En la página 20, el poeta narra cómo se originó el sacerdocio, es decir, las religiones. En la página 21, las religiones imperando y campeando por el mundo, y los sacerdotes entronizados como embajadores de “sus dioses”, el poeta reflexiona: “Thus men forgot that all deities reside in the human breast” (Así, los hombres olvidaron que todas las deidades residen en sus pechos).

La siguiente, fue una de las frases preferidas de Jim Morrison y de la que se valió para extraer el nombre que le colocaría a la banda que formaría con Ray Manzarek: “If the doors of perception were cleansed everything would appear to man as it is, infinite” (Si las puertas de la percepción estuvieran limpias, todo aparecería ante el hombre como realmente es, infinito) Otra invitación más para ver el mundo sin los espejuelos de las ataduras, prejuicios y cerrazones.

Los Proverbios del Infierno (página 13 a la 21) deben leerse y tatuarse en la memoria pues nos convertirán en hombres libres. Ciertamente, hay mucha más sustancia, inteligencia y bondad en esos proverbios que en toda la Biblia o que en cualquier libro de autoayuda. A saber, un ejemplo de bondad y humildad: “The most sublime act is to set another before you” (El acto más sublime es colocar a alguien antes que tú). Un frase para levantar los ánimos de aquellas personas que buscan consuelo y soporte en los libros de autoayuda: “No bird soars too high if he soars with his own wings” (Ningún ave vuela tan alto si lo hace con sus propias alas). La inteligencia para apreciar lo hermoso de la creación está demostrada en este proverbio: “The nakedness of woman is the work of God” (La desnudez de la mujer es la obra de Dios). En estos proverbios, además, se aconseja sobre nutrición: “All wholesome food is caught without a net or a trap” (Toda la comida saludable es aquella que se captura sin redes o trampas). Se diría una nutrición del tipo vegetariano.

Publicado en 1790, “The Marriage of Heaven and Hell” es un libro de libertad, un ataque certero a aquellos que oprimen por diversos motivos. Es un libro de libertad en todo aspecto, es decir, en cuanto figura un llamado de atención al opresor y en tanto es un llamado a la liberación y expansión de nuestros sentidos, los únicos medios que poseemos los seres humanos para adentrarnos en lo infinito y obtener el anhelado disfrute. Es interesante el cuestionamiento de la página 12 formulado por un Demonio (en este libro los Demonios son los heraldos de la libertad): “How do you know but every bird that cuts the airy way is an immense world of delight, closed by your senses five?” (¿Cómo no sabes que cada ave que revolotea en el aire es un inmenso mundo de encanto, encerrado por tus cinco sentidos?)

En algunos proverbios, la invitación a ir más allá de los límites impuestos por la razón es demasiado tentadora: “The road of excess leads to the palace of wisdom” (El camino de los excesos conduce al palacio de la sabiduría). Por un tiempo, traté yo de seguir ese camino de los excesos y la experimentación. Fracasé. Nunca llegué a fumar marihuana en la segura compañía de mi amigo Nasir, pues mi esposa me amenazó con extenderme soberana paliza si lo hacía. Ciertamente, me faltaron agallas para acometer tal empresa y ampliar mis horizontes de percepción. No soy un tipo muy dado a las aventuras y los riesgos, aunque trato conscientemente de convertirme en uno. Soy un hombre apocado y muy prudente. Este es mi error: ser prudente. La prudencia es un defecto del que trato de zafarme con mucho ahínco. Prueba de ese esfuerzo es la existencia de este blog. Ya lo dijo el poeta William Blake, considerado por muchos como un místico: “Prudence is a rich ugly old maid courted by Incapacity” (La Prudencia es una dama vieja, rica y fea que está acompañada por la Incapacidad).

lunes, 27 de agosto de 2012

Yo soy... Jim Morrison


Viernes 24 de agosto del 2012


8pm-9pm:

Luego de haberse bañado (cosa inusual), se pone el polo negro de Bukowski, el bóxer gris (¡demonios! Nunca encuentra el tiempo para coser el hueco que sus constantes pedos han horadado. Ya habrá tiempo), el pantalón negro recto Rip Curl ya muy envejecido, se espolvorea el talco Efficient entre los dedos de sus pies, se pone las medias blancas que, de a pocos, se están deshilachando, se calza sus zapatillas cremas (conveniente imitación de alguna marca conocida, que adquirió en “El Hueco” por un precio irrisorio) y se para frente al espejo del baño. Se encuentra conforme con lo que ve. Le gustaría ser guapo. Pero con lo que tiene se las arregla. Se calza sus lentes de carey de marco negro. Se echa encima el blazer negro del 2009. Por último, se encasqueta en la cabeza esa boina que tanto le ha gustado desde que se la compró. Así, visto al desgaire, parece un pintor en decadencia, un fumón de los bajos fondos, un habitué del jirón Quilca. Sale a caminar por el Centro de Lima. Luego irá al Etnias Bar, al concierto homenaje a The Doors.

9pm-9:30pm:

Camina, sin prisa, hacia la avenida Alfonso Ugarte. Quiere comprar un terno y un chaleco de uno de esos vendedores que tienden sus mercaderías en las calles. No encuentra al vendedor. Encuentra, más bien, al chico que vende discos de música a un sol. Hacía dos días le había comprado un disco de salsa juvenil que le recordaba sus días en el colegio secundario Baden Powell, sobre todo, sus días de silencioso enamorado de una tal Patricia.

9:30pm-10pm:

La plaza San Martín está llena de fanáticos de Dios, comunistas, laberintosos, homosexuales viejos y feos que llevan un pedazo de tela al cuello y merodean buscando alguien que se los levante. Hay unos tres jóvenes que sostienen la constitución del 93 y amenazan con quemarla. Quieren la del 79. Invitan a la gente a practicar el coito andino en el Averno mañana domingo. Ya van a ser las 10. Camina hacia el Etnias Bar.

10pm-12pm:

Saca un billete de 10 soles de su blazer. Una chica muy guapa está cobrando las entradas. A su lado hay un gorila que no dudará en usar la fuerza ante algún faltoso. Desciende por unas escaleras. Está la barra y un amplio espacio en donde hay sillas y mesas. Algunos sofás también. Enfrente está el escenario. Los músicos que tocarán a The Doors afinan sus instrumentos. Ha pedido una cerveza litro 100. Ha desembolsado 12 soles. Se ha sentado a una mesa vacía. Comienza a beber. Diez minutos después, el deejay coloca una seguidilla de canciones de The Doors con la intención de no aburrir a su público, con el propósito de entusiasmar a la gente que, de a pocos, va llenando el Etnias Bar. Aquel que está bebiendo la cerveza parece conocer todas las letras. Las canta con fuerza. Quiere que todo el mundo allí presente sepa que él es un verdadero fanático de The Doors y que, de pasada, sabe inglés. Que se jodan, piensa. Hoy es mi noche, hoy quiero disfrutar a lo grande. Y traga un vaso de cerveza de golpe. Poco a poco, Jim Morrison va tomando posesión de su cuerpo.

12am-2am:

La banda ha empezado a cantar las canciones de The Doors. Cuando tocan Five To One, solamente el tipo la canta, la grita, el resto corea algo ininteligible. Es que Five To One no es muy popular. Queda claro que ese tipo de negro, de boina y pelo largo es un verdadero fanático de The Doors. La gente se reúne frente al estrado. Bailan y cantan. El de negro canta más. Se le acercan muchas personas al tipo de negro. Quieren bailar con él. Quieren cantar con él. Una chica también se le acerca. Es guapa. Él hace lo que suele hacer con todas las chicas guapas, ignorarlas. Las ignora porque sabe que, tarde o temprano, ellas lo ignorarán a él. La chica se le pega más. A pesar de que hay suficiente espacio para moverse, la chica pega su culo a la pelvis de ese Jim Morrison andino. Jim la ignora.

De pronto, cuando se retuerce mientras canta Break On Through, siente una mano en su hombro izquierdo. Es la mujer. Es muy guapa. Es una de las chicas que jamás le haría caso. Le pregunta si él no es el tipo que escribe “tonterías” en un blog. Él asiente sorprendido. Me gusta lo que escribes, dice ella. Estás bien quemado del cerebro. Gracias, dice él. Hay unas tres chicas más algo alejadas de la mujer. Parecen sus amigas. Le hacen guiños a Jim. Éste no sabe qué decir. Break On Through sigue. De pronto, Jim quiere besar a la mujer, pero ella se le adelanta. Nunca antes había sonado tan bien esa canción. Y eso que no la estaba cantando Morrison, sino, más bien, el gordito blancón y barbón que tocaba la batería.

2am-3am:

La banda ha terminado de tocar. Jim y la mujer se estuvieron besando con todo. Fue un beso que implicó manos y sentidos. La banda no ha tocado el himno de The Doors: L.A. Woman. Jim corre hacia el deejay dejando a la mujer con ganas de más. El deejay acepta poner la canción, pero a cambio quiere que le llenen el vaso de cerveza. Jim se lo llena. Al instante, ya está sonando L.A. Woman. Jim corre al escenario. Se trepa en él y empieza a cantar. Su botella vacía es su micrófono. Piensa que la gente se va a enfurecer y lo van a botar. Sucede todo lo contrario, lo aclaman. Él se tira al suelo, actúa, es Jim Morrison redivivo. Dos chicas suben al escenario y tocan sus piernas. Están borrachas, sin duda. Yo quiero esto, dice Jim, quiero ser famoso y aclamado. Todos disfrutan de la canción doblada por el Jim de los Andes.

3am-3:30am:

Jim está cagado de la garganta. Las chicas se fueron en un auto con un tipo que parecía el papá de todas. Jim está solo. Da vueltas por la plaza San Martín. Parece poseído. Le gustó jugar a ser dios. Había bebido tres margaritos en toda la noche. Ahora Jim tenía que ir a su hogar, a ver su sweet family.

viernes, 24 de agosto de 2012

La chica que amé y que me odió

Solo se ama lo que no se posee totalmente.

Marcel Proust (1871-1922) Escritor francés


Nunca tuve enamoradas en el colegio. Sí las tuve, en cambio, fuera del colegio. Pero tengo la seguridad de que mi experiencia colegial hubiese sido mucho más rica y placentera si hubiera tenido algunas enamoradas (al menos, una).

Esta ausencia del amor juvenil en el colegio marcó mi vida definitivamente. Escribo esto sin saber muy bien en qué modo marcó mi vida. En todo caso, sí sé que debí haber tenido una chica dentro del recinto escolar.

El hecho tangible de que nunca haya formado un vínculo sentimental con alguna chica del colegio secundario en que estudié, no niega el hecho, más subjetivo, de que me haya enamorado platónicamente más de una vez.

A pesar de mi desgraciado rostro (si se dice agraciado rostro, ¿por qué no escribir desgraciado rostro?, ¿digo, no?), chicas que se fijaran en mí las hubo, existieron. Sin embargo, la timidez que me dominaba por aquellos días de colegio, impedía que actúe. Pero ¿cómo podría explicarse que esa timidez fuera vencida lejos de los límites del colegio, en donde, como mencioné, sí tuve enamoradas?

Entonces, no fue mi timidez la absoluta causante de mi carencia de compañía sentimental durante la secundaria. Fue, también, el absurdo afán de mantener incólume la reputación de alumno “chancón” y respetuosito que los profesores me habían conferido.

Mi tonto empeño en salvaguardar ese “título”, esa reputación, evitaba que actuara como realmente hubiera querido actuar. Uno de los aspectos que yo consideraba dañino para mi reputación de muchacho respetuoso y no escandaloso hubiese sido tener enamorada.

Los muchachos más pendejos -es decir, aquellos que sí sabían lo que era vivir libremente, sin ningún tipo de brida moral- tenían enamoradas por todo el colegio.

Cuando estuve en el segundo año de secundaria, hubo una chica que me gustó demasiado. Se llamaba Patricia Camiletti Rodriguez. Me gustaban sus caderas. No recuerdo si tenía las tetas grandes. En todo caso, me atraía sobremanera su mirada, su cara, su cuerpo, su forma de caminar.

Durante las clases solía mirarla con arrobamiento. Puedo asegurar que ella me devolvía coquetas miradas. Patricia Camiletti Rodríguez ocupó siempre el segundo lugar en aprovechamiento académico en el aula. Fuimos casi 30 personas durante la secundaria. En algunos contados bimestres, lograba arrebatarle de las manos ese segundo lugar. Pero lo usual era que yo ocupase el tercer puesto.

Para mí era lo máximo que ella me mirase con esa coquetería. Durante mis caminatas hacia la escuela, en los recreos, mientras hacía las tareas siempre elaboraba y protagonizaba planes para declararle mi amor a Patricia Camiletti Rodríguez. En mis sueños, el plan era llevado a cabo con éxito. Mi almohada representaba a Patricia en mis noches solitarias, en las cuales caía rendido de sueño luego de haber trajinado a mi almohada con mis babosos besos, mis labios tapizados con la pelusita blanca de la funda que la cubría.

Aún no sé por qué (Patricia, si por ventura lees estas líneas, cosa que dudo porque siempre fuiste lo suficientemente inteligente como para escoger sabiamente tus lecturas, respóndeme el por qué) en tercero de secundaria, Patricia dejó de hablarme y de mirarme. Si me miraba era para demostrarme que sus ojos guardaban un profundo odio hacia mí. ¿Por qué me odiaste repentinamente, Patricia? ¿Por qué me mirabas como se le mira a una cucaracha de desagüe, Patricia? ¿Qué hice o dije para que esa cómplice coquetería trocara en tácito y explícito desdén?

Su inexplicable desprecio hacia mí duraría toda la secundaria. No negaré que la he “googleado” y, gracias a esas pesquisas superficiales, he podido averiguar que vive en España. ¿Qué estará haciendo por allá? ¿Me guardará algún odio todavía? ¿Se acordará de mí?

Creo que si la vida me concediese la oportunidad de verla nuevamente, le contaría todo lo que ella provocó en mi adolescente alma, cómo me tuvo cautivado hasta el último año de la secundaria y, si todavía conserva esa belleza asesina, me permitiría besarla. Si estuviera comprometida o no, ese es un asunto adjetivo, menor.